Leyendas Argentinas-Inés Marqués

 

 

“LEYENDAS ARGENTINAS EN LA VOZ Y EN LA PLUMA DE INÉS MARQUÉS”

1957

 

                                 


Inés García de Marqués y las “Leyendas argentinas”:

     

Inés García de Marqués nació en un hogar de inmigrantes españoles, el 2l de enero de 1908, en la localidad chaqueña de Cancha Larga. En este medio, rodeado de tolderías tobas transcurrió su infancia, disfrutando de la naturaleza y la hermandad con los primitivos habitantes de lugar. 

      Realizó sus estudios primarios en Corrientes y en 1927 obtuvo el título de Maestra en la Escuela Normal de Resistencia, iniciándose inmediatamente  en la docencia rural.   Años después, ya  Profesora de Religión se desempeñó como auxiliar de los “Cursos de Cultura Católica”  auspiciados por el obispado de Resistencia (1848-1954) y  profesora de religión en la Escuela Normal Sarmiento de Resistencia, desde donde impulsó decididamente la creación del Seminario y Museo “Ichoalay” (1949), junto a sus alumnos de 4º año “B”, inspirando investigaciones de la realidad regional  que se constituyeron en aportes fundamentales para ampliar el concepto de patrimonio cultural vigente. 

      Participó activamente en instituciones religiosas y de bien público, como la Cruz Roja, Filial Chaco de la que fue su fundadora. Inspiró la creación del Coro Toba “Chelaalapi”y de la Escuela para niños tobas, en el barrio homónimo de Resistencia. 

      No sabemos cuándo Inés García de Marqués escribió estas leyendas. Sabemos que se había alejado de la Escuela y del Museo hacia 1955 y que,  en  1957 comenzaron a propalarse  audiciones radiales por LT5 Radio Chaco,  con el   título de  Leyendas argentinas en la voz y en la pluma de Inés Marqués, con  la frecuencia de dos espacios semanales.

      En el Museo Histórico Regional Ichoalay se conserva copia mimeografiada de las  dieciséis leyendas que conformaron el ciclo radial. Las mismas se refieren a los primitivos habitantes de nuestra región, especialmente los tobas, las  plantas típicas y animales de diverso hábitat, algunos fenómenos naturales y accidentes geográficos. Cada leyenda está firmada por la autora y sellada por la emisora. Solamente  en las dos últimas consignó las fechas en las que fueron emitidas y la firma comercial que las auspició.

       Sin duda alguna, Inés García de Marqués era una notable conocedora de la realidad chaqueña.  Su ilimitada curiosidad   la acercó a la existencia de los tobas y la vinculó hasta el final de sus días con  la   “causa de los hermanos aborigenes”.                                                                   

     


ÍNDICE TEMÁTICO

   

  1. Gualok (el algodón)
  2. La cañada del cacique llorón.    
  3. El chajá.
  4. Las tortugas y los gavilanes.
  5. El ceibo.
  6. El hornero.
  7. La paloma.
  8. La leyenda de la mujer.
  9. El sapo.
  10. El picaflor.
  11. El carpincho.
  12. El palo borracho.
  13. El timbó
  14. Los monitos y los vientos.
  15. La pasionaria.
  16. La azucena del bosque o flor de la amistad.

 


LEYENDAS ARGENTINAS EN LA VOZ Y EN LA PLUMA DE INÉS   MARQUÉS

 

    El Chaco es pródigo en leyendas. Algunas parecieron tener ciertos visos de historia… otras proclaman sólo la fértil fantasía de la imaginación…, todas encierran un sentido moral… alguna enseñanza que trascienda.

    Así como la metamorfosis,  son frecuentes para explicar  con fantasía aborigen  la existencia de ciertas plantas o de ciertos animales…  así también los fenómenos de la naturaleza  responden a veces a  severos castigos;  o a fecundos ejemplos de generosidad  aprobatoria de las acciones  nobles. Tales  el viento, la lluvia,  la tormenta, el rayo… cuya explicación siempre tiene pronta el hermano toba… el hermano toba que ama tanto la justicia…,  que es tantas veces incomprendido… y otras tantas olvidado.

     En nuestra Patria, – que por obra de la imaginación creadora hay tanta  y tanta leyenda original –  se registran,  en ese mundo de la fantasía, bellos exponentes de la vocación de libertad… esa vocación que llevó al sacrificio a mujeres y hombres… y que quedó perpetuada en leyendas que hablan de la sangre derramada por héroes anónimos de tribus legendarias.”

                                                                                                      Inés García de Marqués

 

 

1. GUALOK (El algodón)

 

    Esta leyenda está inspirada en el cambio de color de las flores del algodón. Cuando nacen son amarillas, después se tornan rosadas y por último adquieren un tinte  amoratado y algo parduscos.

    Los escarchados amaneceres tocaban a su fin.

    La llanura chaqueña, virgen de ciertas fecundidades, se sintió un día estremecer. Unas semillitas grises, traídas de Oriente habían buscado  abrigo en sus entrañas.

    Las primeras lluvias de la primavera le dieron blandura propicia… el sol puso tibieza en las cobijas de humus… y el milagro de la tierra pródiga se brindó una vez más a la contemplación de los hombres.

    La madre tierra había dado a luz unas plantitas nuevas.

    Eran tan tiernas… tan tiernas…, tan delicadas… tan sensibles… que se estremecían de emoción hasta por las ráfagas campesinas  que las besaban al pasar.

    Cerca del seto crecían otras hierbas vigorosas y fuertes, de hojas carnosas y tallos gorditos.

     Y… como en los cuentos y en las leyendas las plantas suelen hablar y los pájaros también… pues he aquí que las plantitas hablaban.

      Mientras que las primeras crecían con timidez  de doncellas castas…  las otras, gorditas  y coquetonas se bañaban  con las luces de la aurora  y hospedaban, en sus robustas siluetas  de hierbas golosas, a la luz del sol que les ponía color  dejándolas satisfechas… muy satisfechas.

      Un día observaron a sus hermanas  ( débiles y tan tiernas) y se burlaron de ellas ( sin siquiera bajar la voz). Tan felices se sentían que  hasta se creían con derecho  a los desenfados.

       Por fin bajó de su carruaje de reina, doña Primavera;  y casi increpó a las dulces plantas  por su demora en florecer… también a las golosas de la luz solar  se las podía reconvenir.

       ¿Para qué era reina doña Primavera?

       … Y se apuraron  las flores del borde del seto y echaron a lucir sus galas  tintes de rojo…, jugosas y atrevidas (¡ qué corolitas tan brillantes!)  ¿ Y esas debiluchas? …¿ Se habrán atrevido también  a decorar sus desgarbadas siluetas? ¡ Que extranjeras tontas! (Tontas pero envidiosas…)

       Sí señor: Envidiosas. ¿ Por qué sino su pálido color amarillo?

       Amarillas de envidia. Sí señor, de envidia.

       … Y las plantitas lo oyeron…

       Y las plantitas se contemplaron unas a otras y se encontraron pálidas  (allá en Oriente… eso no quedaba mal) ¡ Ah, si ellas pudieran lucir tan galanas como sus vecinas! …

        En eso… ( no podía faltar en la leyenda): una hechicera. “ Yo os puedo  quitar esa palidez y tornaros hermosas… con colores cálidos. Nadie se atreverá a ofenderos más… eso sí: tenéis que prometer en cambio darme vuestros hijos.

       (“ … darme… vuestros… hijos…”)

        Y… claro… ¡ eran tan inexpertas… sufrían tanto las pobres  plantitas que…dijeron que si …

       Y al punto tornáronse  rosaditas, preciosas, atrayentes en sus tonos cálidos.

       De pronto… ¡ Dios mío que efímera es a veces la ilusión… que, efímero el triunfo de las bellezas externas…!

       ¿ Ellas prometieron entregar  sus hijos a cambio tan sólo de simples colores? …

        Pero ya era tarde… allá a  lo lejos se perdía la hechicera diciendo sentenciosa ¡ Volveré en febrero a llevarlos a todos ¡

          Ya no estaban pálidas las florecillas… un rubor de vergüenza cambió el tinte de sus pétalos; y … cuando ya amoratadas por el sufrimiento  … y angustiadas por la suerte de sus frutos … se sentían desfallecer: un hada madrina.  El hada de los cuentos infantiles.

          Una brisa suavecita…  suavecita… de dulces consolaciones… y una voz de perdón para las que estaban arrepentidas: morid tranquilas  pues a vuestros hijos los protegerá  un hada.

           Y así… suspirando, cayeron al suelo.

          El fruto se hinchaba más y más. Era un vientre grávido… y,  los hijos, grisecitos e inquietos se movían como en un colchoncito blando… muy blando… como si estuvieran envueltos en velloncitos de ovejas…

         Y, como todo llega, llegó el estío. Ya estaba cerquita febrero y la perilla de algodón abrió sus cinco ventanitas… y por ellas… como majada de corderitos, al conjuro de un hada, echaron a correr los hijos de las dulces peregrinas del oriente que un día se detuvieron en las chacras chaqueñas.

        Cuando la hechicera vino a cobrarse…  no encontró a ninguno de los pequeñuelos que quería llevar. Estos, escondidos en ropajes blancos, iban por la llanura corriendo y triscando como corderitos.

        Y… como esos ropajes fueron fruto de un hada… obra de la caridad… pues -¡  natural!  Todos los años realízase el milagro de nuevas vestiduras… y siempre hay un poquito de algodón para curar una herida… para preparar una venda… para coser un pañal…

        ¿ Quién dijo que ya no andan las hadas  o los ángeles buenos por las chacras chaqueñas? …

        Las que tuvimos la suerte de nacer en esas chacras… y ver crecer los algodonales… regados por sudores santos… removidos con amor por manos trémulas… sabemos que las hadas  viven todavía en las chacras chaqueñas…  Y aunque otros lo discuten con argumentos de ciencia tipo siglo 20… ¿Qué nos importa…! Soñaremos con las hadas de nuestros algodonales chaqueños… porque, el ser chaqueños  nos da derechos para sentir… y para soñar.

 

2. LA CAÑADA DEL CACIQUE LLORÓN

 

    Se narra como leyenda – aunque se asegura que tiene algo de historia-  el origen del nombre de una cañada que conocí hace veintiocho años cuando, llevada por mi vocación, fui, peregrina del silabario y soldado de la docencia primaria, a un pueblo chaqueño en formación.

    Un paisano me la contó mientras atravesábamos en tardo y perezoso cachapé la extensa “Cañada del cacique llorón”.

….Según la leyenda, en la época de los fortines y en cierta región del Chaco,  había un regimiento comandado por arrogante y altivo oficial, cuya simpatía era algo así como  un pasaporte en las tolderías del más altivo y joven de los caciques, con el que cultivó estrecha amistad sin ningún esfuerzo.

    ¡ Que bien parecían entenderse el joven cacique de las tribus  tobas… y el arrogante  y altivo capitán de las fuerzas de la Nación!

     Ambos tenían en común,  no sólo su juventud y su prestancia varonil… sino la herencia de un mismo sol de libertad  que los acariciaba ardiente… el amor a la tierra … y un  natural sentido del honor.

      Ya lo dije otra vez: en la leyenda, como en todos los hechos reales, las tierras argentinas pregonan su vocación de libertad, y… el mismo anhelo de libertad, identificaba tanto, que un cielo azul y blanco al cobijarlos, parecía enviarles la seguridad de su testimonio en una garantía de sus derechos comunes.

       ¿ Ham iacaiá?  preguntaba el capitán.

        Iacaiá noón  -respondía el cacique

       ¿ Somos hermanos?

        Hermanos buenos.

       Toda picada exigía esfuerzo… mucho esfuerzo y esa picada que estaban abriendo en selva virgen, exigía sudores y sacrificios. Allí estaba, regándola generoso,  el sudor del soldado y del aborigen.

      ¿ ham iacaiá ?

       Iacaiá noón.

       La noche era serena… la luna brillaba en lo alto… el capitán pensaba…,  y allá  hacia la costa correntina iban sus pensamientos como suspiros de amor.

      El cacique estaba en silencio. De pronto,  la confidencia puso acento de cálida intimidad… y – al día siguiente-  el cacique presentó al amigo la prometida de su corazón.

      Nunca hasta entonces la prometida de un cacique había osado levantar los ojos para mirar  a hombre alguno…

      El joven cacique había quebrantado una ley tribal  y el resultado iba a ser tremendo.

      Qué difícil le fue al capitán conciliar el sueño en las noches de luna llena.

     ¿ Qué tenían aquellos   ojos azorados de la muchacha toba, cuyo brillo lo perseguía ? Ya no se atrevía a preguntar más.

     ¿Ham iacaiá ? … porque temía la respuesta “Iacaiá noón”.

      Y la soledad y la maquinación se aniñaron contra él. Una vez el cacique tuvo que llevar un “chasqui´” del amigo a otro fortín lejano.

     Después… se escondió el sol para no ser testigo  de una traición…,  y la luna se puso flaca hasta el regreso del cacique.

     La ausencia del capitán y un toldo vacío  hablaron con elocuencia… y una furia salvaje  lo puso tras la huella de los  fugitivos.

   La huella se perdió en una cañada. El cacique no podía más… y ese hombre que jamás había llorado (porque los caciques no lloran) agachó la cerviz… y…  diz que se puso a llorar…

     ¡ Tantos habían temido su bravura!

     Al verlo así vencido… no faltó un soldado que lo escarneciera exclamando: ¿ Un cacique llorón!

      Si… lloraba el cacique… y el cielo se asomó a su dolor y refrescó sus sienes con frescor de lluvia.

    Desde entonces esa cañada no se secó  más, porque las lágrimas del enamorado conmueven todavía al cielo que año tras año llora de vergüenza y de dolor.

     Y agrega también la leyenda, que para curar el mal del cacique, los hechiceros de la tribu tuvieron que hacer muchos exorcismos… y las muchachas solas, las  lamaggaik ayudaron entonando su canción de soledad en un reclamo amoroso:  Iooo  sañoa… sañoa… sañoa

 

3.  EL  CHAJÁ

   

    El chajá es un ave muy discutida.

    Hay quienes la atan acerbamente, señalando la inutilidad  de su carne fofa con sabor  a jabón. Agregan además la molestia que ocasiona su grito estridente con el que  pareciera desafiar a quien se acerque.

    Otros en cambio, más dados a buscar condiciones buenas que a criticar  y escudriñar defectos, aseguran que el chajá es un precioso ejemplo de fidelidad; y es además, un ave muy útil al hombre, porque siempre anuncia con su grito, la llegada de los forasteros. Así, gracias al chajá, es muy difícil que las visitas inesperadas  y los indeseables asaltantes  tomen por sorpresa a los moradores  del rancho campesino.

    Siempre abrá tiempo de preparar unos mates sabrosos si la visita es grata…  o preparar la defensa si ella entraña peligro.

   Sea como fuere, la leyenda no es generosa con el chajá  y atribuye su oriegen a un castigo del Ñande Yara dirigida a dos lavanderas charlatanas, pendencieras y de mezquinos sentimientos.

      Era costumbre en la campaña  y sigue siéndolo aún, ir a lavar a las orillas del río o de los esteros. Las mujeres iban llegando con sus atados de ropa y ocupaban su sitio habitual,  pues… la costumbre da derechos… y algunas habían adquirido  ciertos derechos de sitio en las riberas del Paraná.

       Una mañana llegaron más temprano dos amigas  acompañadas de sus correspondientes maridos  y ocuparon un sitio que no les pertenecía. Era cómodo,  estaba a la sombra de un timbó… allí cerquita había una parte cubierta de gramilla en la que se podía asolear la ropa.

      Empezaron su tarea…  cuando de pronto llegaron  “las dueñas del lugar”.

      La discusión fue violenta y las intrusas ganaron por la fuerza.  Ellas tenían el apoyo decidido y enérgico  de sus maridos…  mientras que las otras estaban solas.

       Se reanudó la tarea… y el chasquido que producían las manos  enjabonadas al refregar la ropa, parecía una canción del trabajo, pero… no había paz.

       El sol ya calentaba fuerte y las mujeres seguían jabonando… jabonando.

       En eso pasó por allí una señora con un niño.

       Era una desconocida.  Tal vez se había perdido… y pidió a las dos lavanderas que charlaban sin cesar, un poco de agua limpia de su cántaro. Era para el niño.

       Estas se miraron… y se entendieron muy bien (porque siempre se entienden algunas personas) y aparentando una solicitud  rara en ellas,  ofrecieron a la desconocida un cantarillo rebosante de agua…

       El agua… pura espuma de jabón.

       La dulce señora…  ( que no faltó quien diga que fue Yasi, la luna) se alejó dolorida… es que su niño tenía sed… mucha sed.

      Un temor misterioso sobresaltó a las otras lavanderas. El  Ñandé Yara  podía enojarse con todas… y – para asegurar su inocencia-  empezaron ellas a castigar a quienes mostraron un corazón tan duro.

      Las dos egoístas huyeron juntas a reunirse con sus esposos…  diciendo agitadas  ¡ yajá, yajá ¡ (vamos, vamos ¡)

      Y era cierto Ñandé Yara  se enojó y… poco a poco ellas y ellos se fueron transformando a medida que gritaban y agitaban los brazos…  hasta verse convertidos en cuatro aves que recorrían el estero sin cesar..

      Aquellas parejas se fueron  multiplicando… pero el castigo del Ñandé  no les permitió recuperar sus antiguas formas.

      Sus descendientes siguen en pareja recorriendo esteros; cuando ven acercarse a alguien, gritan en recíproca invitación  a la fuga  yajá… yajá… grito que poco a poco se transformó en chajá.

     El temor que inspira en ellos la llegada de un forastero es atavismo; y… ese atavismo que los impulsa a gritar… hace que resulten cerca de los ranchos,  muy buenos centinelas.

 

4.  LAS CARUMBÉCUERA Y LOS  TAGUATOCUERA (Las tortugas y los gavilanes)

 

         Carumbé era una mujer  holgazana, perezosa y egoísta.

         Tan haragana era que nunca cosía las mantas.

          Tan perezosa… que, antes  de levantarse – cuando ya el sol estaba alto- sacaba un poco la cabeza, de entre sus cobijas deshilachadas, y la volvía a esconder…la escondía esperando dormir un poquito más . ¡ Que trabajasen los otros!

          Tan egoísta era como desconfiada. Cuando le pedían algo prestado,  por no hacer un favor, envolvía sus mezquinas pertenencias en su manta descosida y se iba a bañar con su carga a la espalda, asegurando que no tenía con qué vivir.

          Pero… si bien Carumbé era poco activa, en cambio era astuta… muy astuta.

          Un día mostró a un joven de la tribu una manta prolijamente trabajada con cueros de ratón  bien cosiditos uno al lado del otro. Estaban cosidos por una vecina, porque, claro, nunca falta alguna tonta comedida  a quien explotar… ni siquiera en las leyendas.

          Carumbé aseguró al joven que ese primor era – naturalmente- fruto de su laboriosidad.

          ¡ Y eso que la criticaban tanto!

          Como él era poco observador; y además inexperto y muy crédulo se casó  con, Carumbé  y en vez de corregirla  se hizo tan holgazán como su compañera.

          Y… como por desgracia las malas personas suelen juntarse… allí, cerquita nomás, había un matrimonio que tenía la mala costumbre de entrar en los ranchos en ausencia de sus dueños. Entraban con cualquier pretexto  y… siempre encontraban algo que llevarse.

          El se llamaba Taguató, y ella la  mujer de Taguató.

          El Ñandé Yara  ya estaba perdiendo la paciencia de verlos tan poco respetuosos de las cosas ajenas,… hasta que lo advirtió Añá  se puso muy contento… contentísimo.

          Se relamía mirándolos en sus fechorías y se dijo: “he aquí la pareja que me conviene”. Estos dos serán mis colaboradores y amigos… y… así nomás fue.(Ñandé Yara lo dejó hacer)

          Mientras estaban un día robando unos pedacitos de carne colgada en un rancho vecino, se notaron extraños… las uñas se les alargaban…  los pies se les ponían flacos…, se les estiraba la boca y se les aganchaba la nariz…

          Se miraron uno a otro asustados y,  al levantar los brazos movidos por el espanto, se dieron cuenta que echaban a volar. ( Los esposos taguatocuera [2] formaron la primera pareja de gavilanes).

         Volaron hasta la orilla de una laguna y se posaron en un árbol. Todavía seguían asustados, cuando vieron acercarse a Carumbé  y a su marido.

         Los  muy holgazanes habían cortado la manta en dos mitades ( una para cada uno ) por no hacer otra , y sólo les cubría la espalda. ¡ Qué indecencia!

          Iban a bañarse a bañarse como siempre. ¿ Para qué trabajar? Además podía llegarles visita y… ¿ A qué sacrificarse por los otros?

          Esta vez Ñandé Yara  se enojó mucho… muchísimo;  y para escarmiento de las mujeres holgazanas y de los hombres tontos  que las prefieren, allí nomás, en presencia de unos jóvenes que pasaban, trasformó a la pareja haciendo de ella el primer matrimonio de tortugas.

      Afirma la leyenda que, ni las Carumbecuera[3] perdieron su pereza ni los Taguatocuera  sus mañas.

 

5. EL CEIBO (Flor  Nacional)

 

         Ya florecen los ceibos… y, en las costas del Paraná, parecen borbotones  pregonando el sacrificio de una india que – lo dice la leyenda-  se ofreció en aras de la libertad.

        Bello holocausto de princesa india. Era hija de un cacique. Tenía la bravura heredada de su estirpe… y los guerreros la llamaban cariñosamente “Anahí”: Malita..

        Si, era brava Anahí…

        Un día se enfrentaron el acero español y la flecha guaraní. El león de Castilla y el yaguareté de las costas del Paraná estaban frente a frente. Todo parecía impregnado de una inquietud expectante…

        Hasta los pájaros desde sus nidos contemplaban la escena; el sol ponía color y brillo en los aceros…  y el agua rumorosa entonaba, con la fuerza de la corriente, una marcha guerrera  con acentos de profecía…

       De pronto, el cacique dobló la testa poblada de sudor… y  una mancha roja… bien roja, parecía fatídica llamarada en el pecho del guerrero guaraní.

       El poniente se teñía a la distancia con tintes de agonía; y… mientras los hombres  de la tribu huían  en dolorosa derrota  por la muerte de su jefe… el español  tornaba al barco… pero esta vez la victoria  dejaba en él  un sabor amargo… muy amargo:  en la costa había caído un valiente.

       Anahí no huyó… ; Anahí palpó la herida  fresca del indómito padre. Y… una fuerza  loca… fuerza selvática de virginal fiereza en que florecía  su raza, la obligó a  erguirse.

       Los vientos llevaron su grito de guerra… y las huestes convocadas acudieron al combate.

      El testimonio de la luna que se asomaba curiosa reemplazó al ardiente testigo que se ocultó de prisa.

      Anahí cayó prisionera… y  la oscura bodega del barco fue su calabozo.

      Ella… Ella…, en el oscuro calabozo sin ver el sol…, sin contemplar la luna …, sin mirar la tierra… sin gritar sus derechos !

      Uno tras otro los lebreles y carceleros fueron cayendo. Anahí parecía una débil mujer… Pero era una cachorra de tigre americano… heredera de una estirpe que no quería entregarse.

      Ya había caído el tercer centinela  en vergonzoso y oscuro combate  allá en la bodega  del barco español… y,  la ira del capitán no tuvo límites. Esa rebelde merecía la hoguera.

       La leña colocada al pie de un árbol ribereño… y  sobre los leños: Anahí, fuertemente atada al tronco..

       Ya subían las lenguas de fuego envolviéndola toda… y el tronco amigo pareció suspirar hondo… muy hondo. El  corazón del árbol hospedó a la bella muchacha a quien los españoles vieron desaparecer.

       Poco después, en las ramas del árbol generoso, brotaron flores rojas… bien rojas que agitadas por el viento parecían desgranarse en arengas.

      Es Anahí que, año tras año, sigue gritando a todas  las generaciones, que nunca es más bello el precio de la sangre que cuando se vierte en defensa de la libertad.

…… Un gorro frigio nos habla con elocuente simbolismo desde el corazón de nuestro Escudo Nacional… y mientras recordamos con los maestros  argentinos que “ Dios hizo a los hombres y soberanos a los pueblos”,  en las costas del Paraná los ceibos empiezan a florecer.

 

6. LEYENDA DEL HORNERO O ALONSITO

 

      ¿ Quién no conoce al hornero o pájaro gaucho, que con su traje democrático, sobrio de trabajador trae suerte al hogar de los campesinos?

        Porque, la superstición popular lo afirma: “ En casa con nido de hornero no caen rayos”… y, como las supersticiones suelen ser a veces  más respetadas que las leyes, el pájaro albañil tiene el privilegio de hacer su nido donde quiere: en los horcones del rancho, en el crucero del pozo, en los postes de los corrales o, ¿por qué no? en las cornisas de las casas de construcción más sólidas.

       Nadie se atreve a robar los huevos del hornero; y menos aun, a destruir su nido de barro, que vieron construir en todos los campos argentinos.

       Los tobas de las costas del Bermejo y también los guaraníes de Corrientes, cuyo antagonismo tiene serios precedentes en la historia de las tribus del Chaco y de nuestra provincia vecina,  están sin embargo muy de acuerdo  con respecto al origen de este simpático pájaro que llaman  cariñosamente “Alonsito”.

      Muchas veces me pregunté: porqué en ésta y sólo en esta región de la Patria se lo llama así; y  esta imaginación mía me trajo como sugerencia, a modo de explicación, el recuerdo de un hombre cuya figura registra la historia: el fundador de la primera ciudad chaqueña, que hiciera construir las viviendas con barro. Don Alonso de Vera y Aragón, a quien allá por mil quinientos ochenta y cinco, los habitantes de Concepción de la Buena Esperanza, del Bermejo y tribus vecinas, conocieron en su arrogancia… si bien algunos lo apodaron con el feo nombre de “cara de perro”, otros en cambio lo habrían llamado “don Alonsito”.

      Y suena tan lindo ese nombre “Alonsito”, justamente porque en el Noreste argentino, corresponde a un pájaro que es ejemplo de afecto y fidelidad.

      Quienes hemos pasado la infancia en el campo y tuvimos ocasión de observar  ese gran escenario que nos brinda la Naturaleza con sus artistas,  siempre en condiciones de ofrecer  gloriosos idilios como el hornero… o terribles dramas como el Caburé, conocemos la solicitud  con que construye su hogar de barro, con “sala y alcoba” siempre atento a la seguridad de la familia.

       No quiere el alonsito que su amada y sus hijos estén expuestos  al peligro de algún diente o de alguna garra o de alguna mirada intrusa.  Por eso construye el nido, que es “creación de amor” con precauciones extremas y seguridades a toda prueba.

      Tiene dos habitaciones: un vestíbulo con puerta hacia el Norte y a continuación la alcoba nupcial bien resguardada. La pareja de horneros es muy reservada y  considera sagrado el recinto de sus intimidades  y secretos.

       En torno a tan singular pajarito la tradición oral,  con ligeras variantes nos ofrece esta leyenda.  En cierta tribu había un joven guerrero muy apuesto y una jovencita esbelta…, más esbelta que los juncos de los esteros y cañadas.

        El guerrero y la joven estaban enamorados; pero el cacique elegía entre los mejores para esposo de su hija y… el joven era uno de los mejores.

        Entonces, dispuso que todos los guerreros apuestos  participaran de unas pruebas de competición para ganar a la hija del cacique.

        El joven guerrero tuvo que alistarse  obligatoriamente y triunfaría  en todas las pruebas. Su honor, su linaje, su arrogancia, su temple de luchador, le acordaban el premio: sería suya la hija del cacique.

        Avanzó el tribunal…  con la solemnidad de los rituales primitivos; pero… a medida que se acercaba el Jefe de la tribu, el joven iba achicándose, achicándose presa de un extraño temblor. Por último dio un salto, y convertido en pájaro voló hasta la copa de un árbol.

       Poco después, otra avecilla igual  se le reunió y entonando una canción de amor,  fueron a preparar su nido de barro.

       La joven esbelta como los juncos y  el bravo guerrero de la tribu, formaron la primera pareja de horneros por obra del amor, y… frente a la obra del amor, todos se rinden en respetuoso homenaje.

       Lo respetan los campesinos,  lo saludan los vientos… lo acarician y refrescan sin dañarlo las lluvias amigas,  y le cantan los poetas.

 

 

7. LEYENDA DE LA PALOMA

 

Después de crear la Naturaleza, el GRAN GENIO, y antes de crear la primera pareja humana, quiso  crear  un  ser  manso… humilde.. y  preferentemente   blanco… destinado  a demostrar algún día  a los hombres cómo es el corazón  de las criaturas humildes… y, por humildes y mansas , más gratas a la contemplación de su creador.

       Recorrió muchos lugares… hasta que, a orillas de una laguna,  encontró tierra blanquecina y con su barro, pudo hacer después de  muchos ensayos, la primera paloma que lo dejó satisfecho…  muy satisfecho.

       La paloma era linda…, muy linda;  … mansa…  muy mansa, humilde y pacífica; pero… no parecía feliz.

       Es que se había mirado en las aguas  y se había visto distinta de todas las otras aves; era más blanca que todos los otros seres de su alrededor.

       La paloma no conocía el valor de la blancura, porque – ¡ qué casualidad! todavía no había hecho el Gran Genio , flores de ese color.

       Por eso… tuvo vergüenza de ser blanca. ¡ Pobre paloma!

       Con la congoja de los humildes gimió  en continuo sollozo: u  u  u  u

       El Gran Genio  miró hacia abajo. Estaba recreándose en la contemplación de su obra…. cuando, de pronto, advirtió los gemidos; y al escuchar ese lamento triste, se acercó a la desconsolada avecilla.

      La vio sufrir y,… – a pesar de considerarla la más bella de sus criaturas- ¡ cosa rara!, la dejó con su dolor. Parecía demasiado satisfecho de su obra.

      Ella no comprendió entonces… no podía comprender…

      Se escondió en la espesura de la selva y tradujo su angustia dándose picotazos en el pecho.

      Quería destrozarse el corazón…, ese corazón que parecía ahogarla.

      El dolor le quitó el sentido y el rocío de la mañana se lo devolvió al día siguiente.

       Amaneció afiebrada;  necesitaba beber agua fresca,  y… al acercarse a  la laguna más próxima, vio reflejada una mancha roja que tenía su blancura, producida por la herida.

      ¡ Pobre paloma herida…  pobre palomita blanca embellecida  por las señales del dolor!

       Se encontró extraña… Arrepentida y temerosa se presente ante el Gran Genio  y él la encontró más hermosa aún. La mancha era ocasionada por una herida del corazón  y eso no lo había previsto para acrecentar la belleza de sus obras.

       En vez de amonestarla, alentó a la cándida avecilla, y admirando su valor  quiso perpetuar la manchita para recordar algún día a los hombres, que quien ha conocido el dolor… florece en tonalidades de belleza incomparable.

      Y,  no faltó después  algún misionero, que, al recoger el acervo espiritual aborigen en materia de folclore, completase la leyenda firmando que ese corazón humilde, manso y sangrante, perpetuaría en las selvas de América, el recuerdo de otro corazón sangrante  cuyo simbolismo desentrañarían los tiempos.

       Y los tiempos… qué bien desentrañaron el simbolismo de un corazón sangrante… y de la fuerza redentora del dolor.

….. Esas palomitas que en algunas regiones han ido cambiando algo su tinte blanco…, no cambiaron  la candidez de sus sentimientos, ni la humildad y pureza de su estirpe mansa… y; si siguen escondiéndose en los bosques argentinos, en los que todavía se escucha su gemido: uu… uu… uu… uu… que adquiere ante los oídos de algunos hombres, ecos de fervorosa oración.

 

8. LEYENDA DE LA MUJER

 

    El Noreste Argentino ha sido escenario de muchas creaciones del  Gran Genio. Así lo afirman todas las tribus que habitaron esta región, fecunda en leyendas y en personajes mitológicos.

    Hay un punto en que las tribus están de acuerdo con respecto a la mujer: ella es inferior al hombre; debe subordinársele en todo. Bueno, en todo lo que no sea el trabajo. En eso… ella debe ser la primera.

     Los guaraníes lo explican de una manera muy sencilla: el Ñandé Yaya  o Gran Genio, jefe de los Iyaras hizo dos hombres; los hizo directamente él y después mando a uno de los Iyaras , o servidores suyos,  que hicieran dos mujeres, uno para cada uno y se las entregara.

….. Ellas, por consiguiente, no tienen la misma prosapia que el varón.

      Los tobas y los mocovíes, con algunas diferencias, atribuyen a la mujer un origen misterioso.

      Según ellos, hace muchos años la vida era muy linda y fácil. Los hombres eran pocos; vivían tranquilos, iban a l monte a buscar frutas y raíces o a cazar… pescaban en el río  y… todo lo repartían como hermanos. Se acostaban cuando veían acostarse el sol  y se levantaban cuando el sol empezaba a asomarse al nacer el nuevo día.

      Cierta vez… la cacería fue extraordinaria; los hombres volvían cansados… y con muchas presas para repartir. El sol ya se ponía dormilón cuando llegaron al paradero. Tan fatigados estaban, que dejaron las presas amontonadas y se echaron a dormir.

     A la mañana siguiente amanecieron hambrientos. Fueron a realizar el reparto, pero.. ¡Oh! Sorpresa.  No había nada; sólo encontraron rastros de unas pisadas que parecían de hombre. Era increíble: no había en los alrededores más hombres que ellos… y  estaban todos. El misterio los conmovió profundamente y resolvieron investigar acerca de la existencia de esos seres con pies de hombre, invisibles durante el día.

     Se internaron en el bosque; extrajeron miel, frutas, raíces en abundancia… y dejaron todo junto en un lugar estratégico: Mientras los demás se fueron a dormir,  quedaron algunos de centinela y,… ya bien entrada la noche,  vieron una cosa extraña, muy extraña. Del cielo comenzaron a descender unas sogas y… en la punta de cada una, venía un animalito muy parecido al hombre; pero que  no era hombre: ¡ Era muy lindo!

     Despertados oportunamente todos los demás, se ocultaron tras de los árboles, entre los matorrales y las enredaderas, y se pusieron a observar. Aquellos seres que parecían tan lindos, querían llevarse todo. Salieron ellos de su escondrijo… cortaron las sogas y tomaron prisioneros a los personajes que resultaron ser las mujeres  a quienes llamaron lamaggaik y allí vino lo grave. Primero eran de todos.  Les enseñaron a extraer raíces, a recoger frutas, a preparar la algarroba, a buscar el corazón de las palmeras… y también a limpiar y aderezar el pescado. Y… como resultaron útiles,  y todo lo hacían bien y… como además eran lindas, cada uno quiso tener una mujer para el solo. Y… en el reparto- como no alcanzaban – riñeron por primera vez y así se originó la primera guerra.

    El número de hombres descendió considerablemente a tal punto que alcanzaron una para cada uno. Después el Coptanoón  debe haberlas perdonado pues tras de muchas lunas, en cada toldo se oyeron vagidos de niños  y las notas del llanto infantil tenían acentos de esperanza..

    La mujer cobró jerarquía… pues si por ella habían muerto muchos varones en lucha fraterna… por ella se multiplicaron los hombres, como los cachorros de la selva y como los pichones de los nidos.

     Desde entonces la mujer… cuyo origen sigue siendo un misterio para los tobas, empieza a valer, como persona, con el comienzo de su maternidad  que es para ella algo así como una redención y… por eso tal vez, la mayor pobreza que se puede ostentar ante la mirada de una toba es no tener marido.

     La gratitud de la india para con quien la saca del oprobio es la esterilidad permitiéndole ser  alguien, no tiene límites.

     Es la servidora agradecida, atenta y leal de su lalamaggat al que se dedica por entero, cambiando así su nombre de lalamaggaik por el de lamogguá , que quiere decir : mujer con dueño.

     Cuando por alguna causa es abandonada, cosa que rara vez ocurre en las tolderías, la pobre india llora su desventura y, en una tentativa última,  canta  en las noches de luna llena; canta su congoja y su esperanza. Canta tratando de hacer de los vientos sus aliados, para que los ecos de su canción le digan al ausente cómo es su dolor, pero cuál es también  la alegría que espera entregarle si retorna al hogar.


Iooo sañoa  sañoa  sañoa

Iooo sañoa  sañoa  sañoa

Iooo  sañoa  sañoa  sañoa

Iooo  sañoa  sañoa  sañoa

Iooo  sañoa  sañoa  sañoa

Esañoa  esañoa  esañoa

Esañoa  esañoa   sañé

Iooo  sañoa

Eioooo  soooo

Iooo  sañoa

Eiooo  sañoa

Iooosooo  o  iooosañoa.


      

Al escuchar el canto no tardarán en asociarse a su intención  las mujeres vecinas, hasta que  – para ayudarla  y reforzar la súplica – intervienen también algunos hombres y… hasta los animalitos de los esteros  y de la selva; resultando así un concierto de inspiración primitiva con caracteres de ritual selvático.

       Si el ingrato no volviera  durante esa luna, es porque no ayudaron bastante a la hermana dolorida… o porque el ausente está poseído  de los malos espíritus  y  hay que recurrir a los hechiceros.

      Después de los exorcismos y el vigoroso jele jele  coreado por todos  con fieras contorsiones  en torno al toldo abandonado…, aseguran que siempre vuelve.

 

9.LEYENDA DEL SAPO

 

     Hasta ahora referí leyendas aborígenes vinculadas con el Gran Genio, autor de todo lo bueno, al decir de los tobas.

      Hoy me referiré a  Cagüen , el genio maligno autor de todas las desgracias.

      Su solo nombre repugna al espíritu toba, que es inocente… y noble… candoroso, como el de los niños.

      Así como el Coptanoón hizo del sol su habitat, pues sólo estaría a gusto viviendo en la luz… el Cagüen con su séquito de servidores maléficos,  habita en la sombra, en los lugares húmedos y oscuros… en la espesura del bosque, en la que no se filtran los rayos del sol… y muy especialmente en el nublado, al que Noón  logra vencer siempre barriéndolo con el viento o con la lluvia.

     Así como el Gran Genio tiene a su hijo dilecto el “Chimiggaichik”  o el picaflor, el Cagüen también tiene el suyo, tan oscuro y feo como él, es el Cologalogó al que nosotros llamamos sapo.

    Dicen nuestros hermanos, los tobas, que el sapo es producto de la envidia. Por eso es tan feo.

    Ocurrió así: Cuando el Cagüen  vio al Chimiggaichik, en quien pareciera gloriarse la luz del sol…, pensó hacer con él  otra criatura, a quien admirasen los vientos,… las plantas… y temieras todos los seres de la tierra.  Sería su hijo dilecto… su hijo de confianza… algo así como su secretario privado… y  tendría un nombre destinado a impresionar a los tobas, con su sonoridad. Lo llamaría “Cologalogó”.

    Dicen que puso Cagüen todo su arte, todo su espíritu,  todos sus afanes en esta obra trascendente.

    Amasó barro de una poza inmunda…,  tomó de su habitat, la sombra,  el color que le imprimiría el tono externo de su parentesco…, después quiso infundirle su espíritu para que en todo se pareciera a él; y al soplar con las fuerzas todas de su sentimiento de envidia, le estiró la boca alargándola hacia los costados …,  y al agrandarse la boca empujada hacia atrás. Le saltaron los ojos.

…. Después… el Cagüen  le dio un beso paterno que dejó manchas en el cuero rugoso… y, para terminar, lo consagró caballero de la fidelidad y custodia del honor de su estirpe… y levantándolo bien alto lo echó a volar.  La criatura cayó pesadamente al suelo y empezó a saltar rumbo a la sombra. El Cagüen  había creado el  sapo..

     Y… si la figura del cologalogó es opuesta en toda su torpeza a la grácil figura del chimiggaichik su misión no es menos opuesta.

     Mientras el chimiggaichik ama la luz y se lanza a los aires en cumplimiento de su nobilísima misión, el colagologó odia todo resplandor. Lo odia tanto, que durante el día se esconde bajo las tablas… tras los muros…, y busca preferentemente los sitios húmedos y putrefactos en los que toma íntimo contacto con su progenitor.

    Cuando en los días que preceden a las tormentas, el nublado se hace denso… tan  denso que oscurece el sol… ríe el  colagologó  complaciéndose en el triunfo de su padre…, ríe estirando la bocaza fea… y levanta su voz sonora como pregón de tinieblas… para anunciar el triunfo de Cagüen.

    Es entonces  cuando, ciertas personas que sólo conocen  las consecuencias por la observación de los hechos, dicen con indiferencia: “ lloverá  porque canta el sapo”, Los tobas frente al peligro de la oscuridad que amenaza en pleno día, inician sus imploraciones y terminan con insultos al estúpido secretario, que sólo sabe esconder su figura pesadamente ridícula y… desde su escondrijo levanta su ridícula voz.

    Carcajadas triunfales, destinadas a demostrar al genio que no se le tiene miedo… y escupidas de asco son la culminación  de los exorcismos que hechiceros y amigos realizan para conjurar la astucia de Cagüen  y la estúpida alegría de colagologó.

    Por eso… cuando  empieza a llover… y se apaga la voz del sapo… los exorcismos tobas parecieran quedar prendidos en el bosque como un desafío     Hera,  Hera… 

 

10. LEYENDA DEL PICAFLOR

 

    El picaflor, a quien los indios llaman  “schimigaichik”, es un pajarito sagrado que jamás se atreverían a herir.

    Esta graciosa avecilla, oriunda de América, es nada menos, que   la expresión de la libertad…, y nada menos que la libertad de los espíritus.

    Es el hijo dilecto del  Coptanoón, que tiene aquí abajo muchos servidores, pero cada uno con un destino diferente.

    Y el destino del picaflor no puede ser más bello: liberar a las almas de un castigo que las tiene errantes y alejadas de su morada final.

    El genio máximo, sostienen los tobas, no hizo las almas para la tierra, sino para la luz y para las alturas.

    Castigadas por una falta de misericordia, sus almas están condenadas a no subir hasta el Genio, por si mismas.

    Desde que ocurrió esa desgracia tremenda, hace mucho tiempo, cuando un toba se muere, sus hermanos lo entierran en un lugar florido del bosque, casi siempre en la orilla.

    Le dejan la cabeza afuera  durante varios días y,  para evitar que los hambrientos caranchos lo hagan presa de su apetito y voracidad…, lo cubren con ramas de espinillos.

    El alma del difunto se escapa por la nariz… o por los ojos…, o por la boca y busca refugio en alguna flor próxima; pero… como la vida de las flores es tan breve, tiene que buscar frecuente refugio,  y así anda errante recordando sus pasadas culpas…, de flor en flor.

    Después… los tobas cubren piadosamente la cabeza yerta; y así el cementerio aborigen parece un conjunto de hormigueros o tacurúes.

    El  Noón  contempló un día esos sitios  de aquí abajo… y vio también a las almas errantes buscando refugio entre lianas y yuqueríes.

   Conmovido, tomó haces de luz de su luminosa habitación y formó una nueva criatura, a la que infundió su espíritu con chispas aladas de amor a la libertad…, con un corazón dispuesto al sacrificio por la liberación de los espíritus esclavizados…,  y con un pico largo… largo… capaz de extraer de las entrañas  de las flores silvestres, las almas refugiadas en ellas.

 …Esa criatura es el schimigaichik  o picaflor, que en los días de sol cuando así lo dispone el Gran Genio, anda volando por los bosques y chacras,  inquieto y tembloroso por la emoción de su destino, se detiene de flor en flor. Busca almas para llevarlas al  Genio.

    Por eso los tobas aman y respetan al schimigaichik.

….Por eso no hieren a los picaflores…, y por eso,  cuando los días nublados se suceden insistentemente… y los schimigaichik  no se acercan a las costas floridas de los bosques de mi provincia, imploran los tobas:      iooo  sañoa   sañoa  sañoa  iooo  sañoa    sañoa   sañoa  iooo…   sañoa …      iooo  sañoa   sañoa    iooo  sañoa …sañoa…sañoa ………

 

11. LEYENDA DEL CARPINCHO

 

       Nuestros hermanos, los tobas, son generosos y solidarios.

       Entre las virtudes que cultivan las tribus, para asegurarse los beneficios de la luz y la protección del Noón , se cuenta en primer término la generosidad.

       Tal vez la tradicional hospitalidad gaucha de la que tanto hacemos gala los argentinos de ley… tiene su inspiración en las tolderías.

       Allí todo se comparte, todo, hasta los castigos. Los tobas tienen un sentido social invulnerable a toda costumbre extraña; de manera tal, que el egoísmo no puede sentar sus reales en la tribu.

       El sentido moral de los valores colectivos  no les permite expresarse en singular; en último caso el “yo” equivale al “nosotros”; no hay “mío” , sino “nuestro”.

       La hospitalidad es un deber. Hecho ley en la carne y en la mente de cada uno, y consideran que faltar a ella trae males tremendos

…….Todavía tienen presente un castigo aleccionador que recibieron por culpa de una hermana de sentimientos mezquinos.

        Cuenta la leyenda que, hace mucho tiempo, cuando todo era paz y alegría; caía la tarde las mujeres preparaban el magno alimento con raíces y pescados… los hombres en rueda fraterna, compartían sus pitadas mientras conversaban sobre los accidentes de la pesca.   De pronto… a la vuelta de un bosquecillo de espinillos, apareció una vieja. Venía cansada… se había perdido…, ya no podía volver a su toldería sin que la sorprendiese la noche… y pedía asilo a los hermanos.

       Un toba la escuchaba en silencio,… y… cosa rara; no quiso ayudarla. Saliéndose de la ley tribal, con gesto terminante de negación absoluta le contestó: caicá  ( no hay)…

    .. No había hospitalidad para la fatigada y triste peregrina… y la vieja al perderse tras el montecito de espinillos gimió dolorida y acongojada.

        El cielo empezó a cubrirse de nubes. Los truenos rompían el aire, amenazadores…, y  hasta el rayo apareció como dando latigazos, aquí y allá.

        Una lluvia persistente y furiosa cayó durante días y noches, castigando a los tobas, ya hambrientos.

        Al fin, pareció aplacarse la ira del Noón, el sol de un día nuevo brilló cual promesa de perdones dorados, con sonrisas de esperanzas jugueteando  sobre los pastos verdes y tiernos…

        Los hombres y las mujeres fueron juntos al bosque… y, oh!  dolorosa sorpresa: el castigo era más grande que los truenos  … mayor que los relámpagos; más terrible que el nublado mismo…  Allí, tumbado en el suelo estaba un árbol sagrado, el más alto del bosque,  cuyas ramas antes se confundían con las nubes.

      Por ese árbol las almas de los muertos, trepándose de rama en rama, subían a reunirse con el genio.

      Azorados observaron el tronco cortado por dientes menudos… y… allí, a poca distancia, vieron alejarse una figura extraña. Era la vieja que, transformada en carpincho había derribado el vínculo que los unía al Noón.

       Desde entonces, las almas de los tobas no tienen por donde subir  a la región luminosa donde habita el genio..

       No volvieron a crecer árboles de esa especie; porque los  carpinchos, multiplicados, siguen destruyéndolos en cumplimiento de la antigua maldición.

 

12. LEYENDA DEL PALO BORRACHO

 

      El Coptanoón, que había creado aquí abajo todo cuanto la Naturaleza ofrece se detuvo a contemplar a sus hijos – cuyos cuerpos habían animado con chispas de luz – y antes de retirarse a su luminoso habitat dejó servidores que los auxiliaran.

      Entre los seres que tenía a su servicio el Genio, poderoso y justiciero, había animales y plantas…, y entre éstas, un árbol cuyo oficio era procurar maternalmente que no faltase alimento a los tobas de las costas del Ipití ( río Bermejo).

      Este árbol tenía el tronco abultado, como si fuera un vientre grávido; y de sus entrañas, dicen que salía el germen de muchas vidas acuáticas, cuyo alimento cotidiano hacía  fácil la existencia de los hombres.

      Cuando disminuía la pesca y ellos encontraban amenazadas de esterilidad las aguas del Ipití, realizaban en torno al árbol ventrudo, a quien comenzaron a llamar “ la madre”, ceremonias y rituales destinados a peticionar abundancia de peces.

      Y, “ la madre” parecía escucharlos: su vientre se iba hinchando más y más, para luego agitar allá adentro sus entrañas,… y tras el misterio del abultamiento, la generosa respuesta se traducía en alimento abundante. Si los ruegos habían sido atendidos; las aguas – hasta entonces quietas – empezaban a moverse y a llenarse de peces que la madre gestara pródigamente en su  seno.

      Este acontecimiento era celebrado durante semanas enteras,  con danzas y canciones que ponían acentos de inspiración agradecida en amas márgenes del Ipití.

       Un día… ya había pasado el invierno,  las tribus habían reñido… las aguas estaban quietas… y los peces se movían en la costa. Ya iban quedando pocos.

        Los tobas se acercaron a “la madre” y entonaron sus peticiones.

         Durante muchas noches, apenas salía el lucero,  las notas angustiosas de un himno  suplicaban:  Era, era, era, gait…

         Pero el árbol parecía indiferente  ¿ es que estaba enojado?

         Y allá se perdían los ecos, tras el último ramaje: era, era, era, gait…

         La angustia iba en aumento… el hambre ya se sentía… ¿ Es que “la madre” estaba enojada?

         Y no faltó el ingrato que,  preparó su arco… eligió una flecha fibrosa… flecha de guerra, con el huesito en la punta para que lastime y penetre hondo… y apuntó al vientre de “la madre”  que ya empezaba a abultarse lentamente.

        Al traspasarlo, arrancó con el grito temeroso de la tribu, el trueno en que rugía la ira del Noón.

        Se enlutó el cielo,  y… a lo lejos, un ruido extraño se sintió venir como amenaza justiciera…

         Los tobas tuvieron miedo… vieron agitarse las aguas  que parecían teñirse en sangre… y,  el río empezó a crecer, a crecer,  de un modo alarmante,  como si persiguiera con su furia a los ingratos.

         Estos, ocultándose tras los bosques vecinos, se alejaban huyendo del castigo.

         Cuando el río pareció aplacarse y las aguas volvieron al cauce  fueron en busca del árbol herido para pedirle  que los perdonase. Lo encontraron si con el vientre cubierto de gruesas espinas  con las que parecía rechazarlos.

         Las suplicase repitieron una  y otra vez…   Iooo  sañoa   sañoa   sañoa  iooo   sañoa   sañoa   sañé  e  sañoa    e    sañoa    sañé

         “ La madre” debe haberlos perdonado, porque dicen que en el Bermejo siempre hay pesca. Pero… eso si, el ruido de la creciente que baja enfurecida todos los años, les recuerda ese episodio, mientras las aguas teñidas de rojo de ese río al que ahora llaman Inaté, les está mostrando el horrible castigo que trae  el revelarse contra “la madre”.

         ¿ Que ella los perdonó? ¡ No cabe duda! La prueba está en que las flores del palo borracho, como algunos dieron en llamarlo después, son cada vez más hermosas.

         ¿ Por qué entonces la coraza de espinas? Dirán algunos que “la madre” lo perdona todo; pero el justiciero no perdona  que se ultraje a una criatura tan digna de respeto y veneración.

         Un hombre arrojó la flecha… y el Genio  supo dónde poner las espinas.

         Todavía ahora, en las noches de luna llena, cuando la crecida arremete en salirse de madre… los tobas cantan  en la lejanía de los bosques:   eiooo  sañoa, eiooo  sañoa,  e   sañoa   e   sañoa   sañé

 

13. LEYENDA DEL TIMBÓ

 

En la vasta llanura chaqueña la vida era fatigosa y dura durante los meses de verano.

            Atravesando grandes distancias, a pie o a caballo,  se encontraban algunos modestos caseríos  visitados de vez en cuando por algún ciego y su lazarillo.

            La llegada del ciego con estampas y baratijas y algunos libros de viajes  o vida de santos, era  siempre un acontecimiento; y… al modo de los juglares, el viajero encontraba hospitalidad y afecto en los abnegados pobladores del Chaco legendario.

Un día Timbó, anciano ciego, atravesaba el campo chaqueño con la ayuda de su lazarillo..

             La saca enorme contenía los alimentos para el viaje y los libritos para la venta. La mano apoyada sobre el hombro de su lazarillo se hacía cada vez más pesada;  y los ojos sin luz sentían, a pesar de las sombras eternas  las fuerzas de las brillazones que castigaba la mirada dulce del lazarillo, a quien Timbó amaba como a un hijo.

            Iban atravesando una cañada. Era a la siesta.

            El niño miró hacia el cielo y vio a los pajaritos volar libremente;  miró hacia el bosque… y la agreste selva parecía entonar allá lejos, con la música del ramaje verde, himnos de libertad para invitarlo a disfrutar de un derecho común.

           Él, siempre había  tenido que vivir sujeto a Timbó, el amigo que lo trataba bien, pero cuya mano temblorosa  siempre sostenía sobre el hombro como un peso que lo esclavizaba.

           No había tenido amigos de su edad.

           Estas reflexiones hechas a campo traviesa, dieron al lazarillo una fuerza extraña…, tan extraña, que sin saber cómo, separó bruscamente la mano de Timbó y echó a correr en aras de la libertad.

          El ciego no pudo comprender lo que pasaba. Llamó al niño una y otra vez. Lo esperó confiado porque lo amaba y creía en su lealtad. Sus ojos en eterna noche  no pudieron contar las noches y los días; pero él esperaba… esperaba… echando el oído en tierra  con la esperanza de escuchar sus pasos.

         El viento de la cañada se mostró implacable;  la lluvia le caló los huesos, y un frío de muerte recorrió el cuerpo del anciano. De pronto creyó escuchar unos pasos; una tibieza amorosa recorrió su cuerpo, y derramando cálidas lagrimitas, se sintió transportado a una región muy hermosa.

        El corazón no le latía más.

        Llegó la primavera. En aquel mismo lugar creció una plantita, primero tímida y temblorosa como la mano de un anciano que se tiende pidiendo caridad…  después fuerte y vigorosa, como un corazón noble que confía y espera.

       Pronto fue esa planta más alta que la selva vecina. Tenía prisa por crecer y ya en lo alto se cubrió de flores, pequeñas como lágrimas, para mirar a la distancia. Quería ver… después multiplicó sus orejas y agachando las ramas hacia la tierra  pareciera que todavía confiara escuchar los pasos del ausente.    

     Esta es la leyenda del timbó, un árbol de la región, cuyo fruto, llamado vulgarmente “oreja de negro” cae al suelo siempre del mismo lado como una oreja en actitud de escuchar.

      Y dicen las gentes del campo, que los que viven en ranchos a la sombra de algún timbó jamás se traicionan porque el timbó es símbolo de lealtad.

 

14. LEYENDA DE LOS MONITOS Y DE LOS VIENTOS

 

       Hay en los bosques chaqueños  unos monitos muy graciosos a quienes la mayoría de las personas llaman “titis” y que nuestros hermanos, los tobas denominan “miriquinás”.

        Tienen la cara redonda, distinta de los otros simios,  los ojos también redondos que,  hasta cuando parecen  reír  encierran  tristeza… mucha tristeza.  De niña… recuerdo haber sufrido oyéndolos llorar al caer la tarde.

         Para la fantasía del indio todo en el bosque, y fuera de él tiene su historia. Los monitos también tienen su historia  y… los vientos la suya; ambos tienen un vínculo en común: la madre

         La leyenda… o historia dice  que había unos chicos traviesos que durante la siesta,, en alarde de desobediencia, se escaparon de la choza y se subieron a un pindó1  a comer coquitos.

       Pocos minutos después pasó por allí un niño huérfano; tenía hambre… y viéndolos comer, les pidió una frutita.

       Los muy pícaros comenzaron a burlarse; comían la pulpa de los cocos y le tiraban el carocito pelado

       El pequeño sufría mucho. Cuando siguió su camino, tenía los ojos húmedos; pero Coptanoón, que no deja de contemplar las acciones de aquí abajo, castigó a los egoístas  condenándolos a no ver más a sus madres.

       Fue así como, satisfecho su apetito… redondas las barriguitas de golosos desordenados, intentaron bajarse y no pudieron.

       Llamaron a la madre…, pero ya era tarde. Coptanoón  la había llevado lejos… muy lejos. Ellos no la vieron más.

       Por eso su mirada es siempre triste…, sus ojos parecieran querer escrutar las grandes distancias.

       Un día los traviesos, convertidos en monitos, sintieron tras angustioso remordimiento, algo así como un consuelo, traducido en caricias. Un aliento maternal  los besaba envolviéndolos en dulce manto de frescura y cariño.

       Era el viento. La madre no había podido olvidarlos.

        Allá lejos… muy lejos, había generado con suspiros nuevos hijos, son los vientos , con los que trasmite hasta ahora, sus caricias a los huérfanos que ya no la pueden ver.

       Por eso, cuando el calor se hace intenso, en los días de verano y “ no se mueve ni una hoja”, lloran los monitos en la selva. Lloran por la eterna ausencia de la mamá.

       Por eso también, cuando la primera brisa fresca conmueve el bosque, y se acerca a los “miriquinás”, éstos redoblan sus lloros, en un temblor esperanzado…, como el de los niños, que desde la cunita  sienten aproximarse los pasos de su madre.

       Después…, el beso del viento…, un poco más fuerte cada vez, y luego: lágrimas, muchas lágrimas. Lágrimas que todo lo fecundizan: la lluvia.

       Y… la selva toda; y el campo vecino, reciben los beneficios de la lluvia.

       ¡ Benditas lágrimas que mueven el mundo  y que sólo a los corazones impermeables dejan indiferentes!

       Nuestros hermanos, los tobas, que crearon esta leyenda, aman a los vientos; los aman y los consideran de buen augurio, aunque  a veces arrastren consigo sus chozas . con los vientos no se enojan nunca, porque sería rechazar a la madre que los besa, en suave caricia cuando la brisa es leve…, en desbordante amor  cuando el aire se mueve con fuerza…, en reprensión enérgica, cuando el remolino sacude la toldería  y arroja lejos los míseros enseres…

      Es la madre, piensan los tobas… y ante la madre, nadie se revela.

      ¡ Cuántas lecciones del corazón podrían aprenderse en las tolderías.!

 

 15. LEYENDA DE LA PASIONARIA

 

      Esta es una  leyenda de amor, que encierra una historia triste… muy triste. El sacrificio de las criaturas nobles, víctimas de los prejuicios, cuyo compromiso sellaron en el más profundo secreto y no quebrantaron jamás.

      Había llegado un día un capitán español… y con él, una hija cándida… delicado exponente de la belleza hispana.

      Y… como ocurre siempre, la doncella se enamoró; pero se enamoró de un amor imposible, de un cacique del lugar.

      Ambos jóvenes mantenían en secreto su cariño,  hasta que un día… el capitán buscó esposo para su hija; y lo buscó, naturalmente, entre los suyos.

      ¡ Cómo comprendió la niña blanca… cómo supo el varón de la tribu lo que son las heridas del corazón!

       Ella se tornaba triste… languidecía. –Él, rugía en angustia y desesperación.

       Cierta vez, cuando la tarde agonizaba y el sol pintaba en sangre el bosque vecino, ella acudió temblorosa a la cita…;  pero él, el arrojado, el valiente,  no pudo llegar. Había sido muerto por la navaja de un español.

       Cuando una india le relató el suceso, ¡ pobre española enamorada! … transida de dolor, corrió hacia el cuerpo del amado. Ella misma cavó la fosa, honda… bien honda, para que cupieran los dos.

       Después, mientras se atravesaba el corazón, se iba apretando más contra la fosa  y su muerto.

       Un manto de tierra cubrió los cuerpos de aquellos infortunados… y… un día, en aquel mismo lugar, donde la tribu y el español habían aprendido a pasar en silencio, con la cabeza baja; comenzó a crecer una planta desconocida, que se trepaba por los viejos troncos vecinos, como para brindar a sus rugosos y envejecidos cuerpos, la frescura de unos amores jóvenes y puros. Aquella planta misteriosa abrió por fin sus flores; y en ellas descubrió el misionero- que acompañó con la cruz la espada del hidalgo –  los signos de la Pasión.

       Por eso llamó a la planta Pasionaria[4] y entra esas comadres que andan siempre a la vera de los fogones criollos, no faltó una que dijera que, los atributos de la Pasión ostentados por la flor, son una señal de que Dios perdonó a la joven enamorada.

 

16. LEYENDA DE LA AZUCENA DEL BOSQUE O FLOR  DE LA AMISTAD

     

     ¡ Qué lindo es penetrar en el bosque chaqueño y aspirar hondo…  muy hondo, la suave fragancia de la “flor de la amistad”  o “azucena del bosque”!

Es una flor que nace azul, como la ilusión; para tornarse  blanca como pétalos de azucena, después de vivir un día entre sus hermanas…

       Cuando la fantasía del poeta visitó las entrañas de la selva  esta primavera, el bosque acogedor  habló desde el misterio de su fronda, para revelarle sus más caros secretos.

       Los largos yuqueríes[5]  vibraron como bordonas para cantar con acentos argentinos el simbolismo de la “azucena del bosque” o “flor de la amistad”.

      Hace mucho tiempo  el Coptanoón, genio máximo que sintetiza  belleza, poder y bondad, estaba en su hábitat, el sol, contemplando la acciones de los hombres.

      Acá abajo, dos caciques reñían… en la costa de los ríos torcidos que recorren el Gualamba.

      Eran dos tribus que se habían vuelto enemigas.

      El Coptanoón  envió a sus mensajeros y las tribus fueron convocadas.

      Las tribus reunidas escucharon la voz imperativa del genio… Pero  los caciques enemistados avanzaron hasta ponerse cara con cara, corazón con corazón.

      La arenga entonces fue: primero un reto,… después una exhortación… por último una orden: debían vivir siempre en paz unidos como hermanos.

      Un abrazo sellaría para siempre este compromiso ante la ley del Noón.

      Y los caciques obedientes  se abrazaron, tan estrechamente, que no pudieron separarse más. De los dos cuerpos resultó un solo tronco, que la savia unida alimentó en verde de esperanza, mientras florecían las almas en celeste de ilusión con blanca  fragancia de auténtica y perenne amistad.

 

 



[1] María. Silvia Leoni de Rosciani, Como se escribió la historia de la ciudad. (En: Nordeste, 2ª época, Nº 9, 1998. pp.157-158)

[2] Los que eran taguató porque se  habían convertido en otros seres, los gavilanes.

[3] Los que eran Carumé y después se convirtieron en tortugas

1  Palmera

[4] Flores solitarias, axilares con las lacinias del cáliz verdes por fuera, azuladas por dentro, y figura de hierro de lanza; corola de filamentos purpurinos y blancos, formando círculo como una corona de espinas También es conocida con el nombre autóctono de MBURUCUYA.

[5] Yuqueríes: planta mimosácea, especie de zarza con fruto semejante a la zarzamora.



 [T1] agregar

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