La Revolución Francesa

REVOLUCIÓN FRANCESA

1. SITUACIÓN PRELIMINAR

alegoria de la revolución francesa

alegoria de la revolución francesa

Por la importancia de Francia con respecto a Europa y por las relaciones entre las clases sociales francesas, la Revolución Francesa es el acontecimiento más im­portante de ésta época. Como causas de ella podemos citar las siguientes: La corrup­ción de las costumbres y las ideas, el odio de los campesinos y de la burguesía hacia la nobleza, la actitud de la nobleza, que para aumentar sus ingresos retornó á los sistemas feudales de explotación del campesino.

2. CAUSAS PARTICULARES DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Luis XVI ocupó el trono de Francia a los 20 años, animado del mayor deseo de mejorar la situación económica de su reino, que se hallaba en bancarrota por diversas circunstancias, entre las cuales no puede descontarse la deuda contraída para intervenir en la Independencia de los Estados Unidos. Para remediar dicha situación no era posible’ recurrir a nuevos impuestos que el pueblo no podía pagar. Se propuso entonces hacer una mejor repartición de los tributos, según la riqueza de cada contribuyente, sin exenciones ni privilegios; pero los que vivían y despil­farraban a costa del Estado, entre quienes había muchos burgueses, se opusieron a ello y lograron que el Ministro de Finanzas fuera despedido.

Los ministros que sucedieron a Turgot, en especial Necker, aunque procura­ron al principio condescender, con este partido, y arbitrar otros medios para alegar recursos, acabaron todos por confesar la bancarrota y tuvieron que abandonar su puesto cuantas veces intentaron el remedio.

Otro factor importante fue el alza de precios, que venía incrementándose len­tamente desde 1730 y que en 1770 llegó a una forma desordenada, pues algunos productos triplicaron su precio y otros vieron caer su valor a causa de la superpro­ducción. Una serie de malas cosechas para los cereales y granos, obligaron a com­prarlos en el extranjero y su costo se duplicó inmediatamente. Se presentaron tam­bién grandes dificultades para el comercio y la industria. A partir de 1783, la com­petencia inglesa hizo retirar del mercado las telas francesas; hubo de cerrarse gran número de telares y numerosos obreros se vieron obligados al paro forzoso.

Los Estados Unidos, al independizarse, comenzaron a exportar hacia las An­tillas sus productos, lo que vino en detrimento de la industria francesa que antes surtía exclusivamente el mercado de esas islas.

Toma de la Bastilla

Toma de la Bastilla

Hacia 1787, la crisis llegó a su culmen, cuando las importaciones de Francia fueron muy superiores a las exportaciones. Al año siguiente, las cosechas desas­trosas dejaron a Francia con los graneros vacíos. Los campesinos, los obreros y los artesanos dispusieron exclusivamente de dinero para comprar alimentos; los jor­naleros agrícolas se trasladaron hacia las ciudades en busca de trabajo, o recorrie­ron los campos exigiendo socorros o aterrorizando a los propietarios de las tierras.

Todo lo enumerado contribuyó poderosamente como factor propicio a la Revolución.

3. LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

En mayo de 1789, fueron convocados los Estados Generales, compuestos por 279 nobles, 291 eclesiásticos y 578 miembros del Tercer Estado, plebeyos o bur­gueses. Esta reunión parecía un triunfo de la aristocracia y se pensó que mediante ella la Revolución podría conjurarse; sin embargo, la aristocracia, sin quererlo, la puso en marcha y ella fue su primera víctima.

La primera dificultad surgió acerca de la forma de las deliberaciones y vota­ciones, por exigir el Tercer Estado que la nobleza y el clero deliberaran y vo­taran juntos con él, contra lo que antes se había acostumbrado. El Estado llano, a propuesta de Sieyes se declaró en Asamblea Nacional, y habiéndose cerrado el salón de sesiones donde se reunían los diputados del Tercer Estado, se trasladaron a otro local, el Juego de la Pelota, donde juraron no separarse hasta haber dado a Francia una nueva constitución.

No desistieron de su actitud a, pesar de las reconvenciones y promesas reales, el 23 de junio el rey declaró que ninguna decisión de la asamblea tendría fuerza de ley sin su aprobación. Los diputados del Tercer Estado se declararon inviolables y contestaron que la nación en Asamblea no podía recibir órdenes. Luis XVI apa­rentó acceder e invitó a la nobleza y al clero a reunirse en el Tercer Estado. El 9 de julio los Estados Federales se proclamaron en Asamblea Nacional Constitu­yente y así terminó la revolución jurídica y empezó la revolución violenta el 14 de julio. Ante esta situación, el Rey llamó a los Regimientos mercenarios, formados con tropas extranjeras, lo que hizo creer a los burgueses que los privilegiados seproponían anular las reivindicaciones populares y disolver los Estados Generales. La idea dominante era la de un complot de la aristocracia contra la voluntad del pueblo.

Los habitantes de París organizaron su defensa; oradores como Camilo Des-moulins, incitaban a las gentes a tomar las armas; en las calles se levantaron ba­rricadas y se saquearon las armerías. El 14 de julio se asaltó el edificio de la Bas­tilla, antigua cárcel de París, cuya toma se consideró como un símbolo.

El Rey y la corte no supieron cómo reaccionar ante este hecho; algunos nobles huyeron hacia el extranjero y empezó así la era de la emigración.

Estos aconteoimientos produjeron dos cambios: el primero fue la creación en París de un Comité Municipal permanente que creó una milicia burguesa llamada Guardia Nacional, bajo el mando de Lafayette, la cual adoptó la escarapela tricolor compuesta del blanco de los Borbones y del azul y rojo de la ciudad de París; el segundo cambio consistió en el anuncio del Rey sobre retiro de las tropas y el llama­miento a Necker como ministro, lo que indicaba una rectificación, pues fue él quien presentó el proyecto de reformas contra las que se habían levantado los pri­vilegiados. El entusiasmo revolucionario se extendió a las ciudades en donde fueron asaltados muchos castillos de la aristocracia y profanadas muchas iglesias; se orga­nizaron comunas defendidas por las milicias; los intendentes reales fueron desti­tuidos y el resultado fue la pérdida de toda autoridad por parte de la monarquía y el control de la situación por parte del pueblo.

En el campo, los habitantes se armaron ante la noticia de que numerosos gru­pos de truhanes y bandoleros, al servicio de los .aristócratas, estaban saqueando las campiñas. Esto provocó un estado de ánimo que se conoció con el nombre de “el gran pánico”.

Entre tanto los representantes del Tercer Estado en la Asamblea Nacional, se proponían redactar una nueva constitución para proclamar la libertad individual, la igualdad ante la ley y el respeto a la propiedad privada. Como los burgueses eran también propietarios, se consideró que la medida más importante era acabar con la insurrección campesina, y para ello se decretó la abolición de ciertos privilegios, la igualdad ante los impuestos y la supresión de los diezmos.

4. LA DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE

Apaciguada la revolución rural, los Constituyentes procedieron a elaborar una Declaración de Derechos, que seguían la pauta de los proclamados en Estados Uni­dos. Esta declaración fue ambiciosa y se planteó en un sentido universal, de modo que pudiera ser aplicada a cualquier país, en cualquier época y para cualquier régimen de gobierno.

declaración de los derechos del hombre

declaración de los derechos del hombre

En esta declaración se hace énfasis sobre la libertad y se consagra la libertad de opinión y de prensa. La igualdad se establece ante la justicia, el derecho al trabajo y el respeto al fisco. La soberanía reside en la Nación y el Rey es únicamente mandatario de la misma. La ley es la expresión de la voluntad general; deben re­primirse los atentados contra el orden público, pero se proclama el derecho de re­sistencia a la opresión.

El pueblo de París vivía en continuo motín vigilando para que la Revolución no fracasara. La crisis económica se acentuó y al negarse el Rey a sancionar los de­cretos de la Asamblea Constituyente, el pueblo asaltó el Palacio de Versalles, ase­sinó a los soldados que lo custodiaban, intentó matar a la reina María Antonieta y obligó a la familia real a regresar a París e instalarse en el Palacio de las Tullerías.

5. LAS NUEVAS INSTITUCIONES

La Asamblea Constituyente instauró un nuevo régimen: la Monarquía Consti­tucional. Para su funcionamiento debían servir las nuevas instituciones en lo social, en lo económico, en lo administrativo y en lo religioso.

En lo social, la asamblea constituyente reconoció la igualdad civil de todos los franceses; abolió la división de los tres estamentos sociales, así como la servidumbre; se acordaron también derechos civiles para los extranjeros. El gran cambio social estuvo en que, al reconocerse que todos los franceses podían, ejercer cualquier em­pleo, la nobleza perdió el monopolio de los cargos y los beneficiados fueron los burgueses. Para los campesinos, la revolución social significó la supresión de los diezmos, pero sólo después del derrocamiento de la monarquía pudieron disfrutar del verdadero derecho de propiedad de sus tierras.

En lo económico, para hallar la solución a la crisis financiera se propuso la venta de los derechos del clero y de los bienes nacionales. La reforma agraria se aprobó sin dificultades, pero la industrial originó grandes discusiones, pues los pri­vilegios exclusivos de ellas atentaban contra las libertades proclamadas. En cuanto al comercio interior, se aceptó el principio de “dejar hacer, dejar pasar”; se esta­bleció la unificación del sistema de pesas y medidas y se reglamentó estrictamente el comercio exterior.

En lo administrativo, el cambio fue total y efectivo: desaparecieron los privi­legios provinciales y comunales, el país se dividió en 83 departamentos y éstos en 8 distritos, a fin de que cualquier ciudadano pudiera en el “mismo día” ir a la ca­pital de Distrito y regresar de ella. Finalmente se descentralizó la justicia.

A los hechos políticos, sociales y económicos que dividieron a los franceses, se sumó la cuestión religiosa como el conflicto más agudo. La Constitución de 1791 era francamente adversa a la Iglesia Católica, pues implicaba la nacionalización de todos sus bienes, la disolución de todas las órdenes religiosas, excepto las dedi­cadas a la caridad, la instrucción y la investigación científica.

Pio IV (1499-1565), papa (1559-1565) que presidió la conclusión del Concilio de Trento. Giovanni Angelo de Medici nació en Milán y estudió leyes.

Pío IV (1499-1565), papa (1559-1565) que presidió la conclusión del Concilio de Trento. Giovanni Angelo de Medici nació en Milán y estudió leyes.

En julio de 1790, apareció la Constitución Civil del clero, por la cual se redu­jeron las diócesis y la elección de los obispos quedó en poder de las asambleas elec­torales y la de los párrocos, de los distritos. Se exigió a todos los obispos y sacerdo­tes el juramento de la nueva

Constitución.

La nación se encargó de proveer a su sustento. El Papa Pío VI prohibió tal juramento y la mayoría de

los sacerdotes lo rehusaron, por lo cual fueron perse­guidos y despojados. El Rey en un principio se negó a firmar esta disposición; pero al fin hubo de hacerlo presionado por las circunstancias.

6. CAÍDA DE LA MONARQUÍA

Las reformas de la Asamblea Constituyente y Legislativa no produjeron el bienestar esperado. Los precios siguieron subiendo; la falta de trabajo se acentuó; los sentimientos religiosos colocaron de frente al Rey y a los revolucionarios; los monarcas europeos comenzaron a mostrar hacia Francia una actitud hostil.

Ejecución de Luis XVI

Ejecución de Luis XVI

Luis XVI comunicaba secretamente a la Corte de España que se veía obligado a actuar en contra de su voluntad; sin fuerzas ni energía para imponerse a la si­tuación, proyectó huir; pero fue reconocido por un postillón, y detenido en Va-rennes, llevado a las Tullerías en medio de los mayores insultos del pueblo.

. La mayoría de la Asamblea temía el derrocamiento de la Monarquía y la pro­clamación de la República, porque esto suponía el comienzo de una nueva guerra. En los campos se esperaba una invasión extranjera. La situación de Francia resul­taba subversiva para Europa y los patriotas recelaban de una guerra que podía arruinar la Revolución y llevar a una dictadura militar.

En efecto, el Emperador Francisco II fue el primero en enviar un ultimátum a Francia. Luis XVI propuso a la Asamblea Legislativa la declaración de guerra, con la esperanza de que la victoria de los extranjeros destruiría la revolución y permitiría restaurar el antiguo régimen. El ejército francés estaba desorganizado y falto de mando, pues una gran mayoría de oficiales de origen noble habían emi­grado; por ello el resultado fue una serie de derrotas en su ofensiva contra los Países Bajos. En Francia se temía el complot de los aristócratas y se veía una coali­ción contrarrevolucionaria. Para defenderse, los revolucionarios tomaron medidas destinadas a aterrorizar al enemigo. Con ello empezó la época sanguinaria de la revolución, en que el terror fue el sistema de gobierno.


Maria Antonieta

Maria Antonieta

La Asamblea legislativa sospechaba que la familia real suministraba informes al enemigo; para evitar un golpe de Estado, por parte de Luis XVI, reunió en París a 20.000 federados, o voluntarios de la Guardia Nacional, a la vez que disolvió la Guardia Real. Ante la negativa de Luis XVI para firmar los decretos sobre la su­presión de la Guardia Real y sobre la deportación de los sacerdotes refractarios, el pueblo parisiense se sublevó y entró violentamente en el Palacio de las Tullerías para doblegar al rey.

Para aterrorizar a los revolucionarios, el general del ejército prusiano amenazó con la destrucción total de París y la ejecuoión militar del pueblo; esto hizo estallar la sublevación del 1° de agosto, que suspendió la autoridad real y encarceló al Rey y a su familia en la Torre del Temple. La noticia de que los prusianos y austríacos se habían apoderado de Verdún, acabó de poner la capital en poder de los dema­gogos, asaltaron las prisiones, y durante cuatro días se dedicaron a dar muerte a los detenidos. La batalla de Valmy significó para los franceses la victoria y la desa­parición de un peligro exterior.

El 21 de septiembre de 1792 se reunió la Convención Nacional, en la que, predominando el parecer de los más radicales, se declaró suprimida la Monarquía y se proclamó la República; los jacobinos acusaron a Luis XVI de traición y lo condenaron a muerte por mayoría de votos. Fue ejecutado el 21 de enero de 1793.

7 EL REINO DEL TERROR

El 6 de abril, la Convención creó el Comité de Salvación Pública, que habría de ser el órgano ejecutivo de la República, y reestructuró el Comité de Seguridad General y el Tribunal Revolucionario. Se enviaron representantes a los departamentos para supervisar el cumplimiento de las leyes, el reclutamiento y la requisa de municiones. La rivalidad existente entre los girondinos y los montagnards se había agudizado durante este periodo. La rebelión parisina, organizada por el periodista radical Jacques René Hébert, obligó a la Convención a ordenar el 2 de junio la detención de veintinueve delegados girondinos y de los ministros de este grupo, Pierre Henri Hélène Marie Lebrun-Tondu y Étienne Clavière. A partir de ese momento, la facción jacobina radical que asumió el control del gobierno desempeñó un papel decisivo en el posterior desarrollo de la Revolución. La Convención promulgó una nueva Constitución el 24 de junio en la que se ampliaba el carácter democrático de la República. Sin embargo, este estatuto nunca llegó a entrar en vigor. El 10 de julio, la presidencia del Comité de Salvación Pública fue transferida a los jacobinos, que reorganizaron completamente las funciones de este nuevo organismo. Tres días después, el político radical Jean-Paul Marat, destacado líder de los jacobinos, fue asesinado por

Charlotte Corday

Charlotte de Corday

Charlotte de Corday, simpatizante de los girondinos. La indignación pública ante este crimen hizo aumentar considerablemente la influencia de los jacobinos en todo el país. El dirigente jacobino Maximilien de Robespierre pasó a ser miembro del Comité de Salvación Pública el 27 de julio y se convirtió en su figura más destacada en poco tiempo. Robespierre, apoyado por Louis Saint-Just, Lazare Carnot, Georges Couthon y otros significados jacobinos, implantó medidas policiales extremas para impedir cualquier acción contrarrevolucionaria. Los poderes del Comité fueron renovados mensualmente por la Convención Nacional desde abril de 1793 hasta julio de 1794, un periodo que pasó a denominarse Reinado del Terror.

Desde el punto de vista militar, la situación era extremadamente peligrosa para la República. Las potencias enemigas habían reanudado la ofensiva en todos los frentes. Los prusianos habían recuperado Maguncia, Condé-Sur-L’Escaut y Valenciennes, y los británicos mantenían sitiado Tolón. Los insurgentes monárquicos y católicos controlaban gran parte de La Vendée y Bretaña. Caen, Lyon, Marsella, Burdeos y otras importantes localidades se hallaban bajo el poder de los girondinos. El 23 de agosto se emitió un nuevo decreto de reclutamiento para toda la población masculina de Francia en buen estado de salud. Se formaron en poco tiempo catorce nuevos ejércitos —alrededor de 750.000 hombres—, que fueron equipados y enviados al frente rápidamente. Además de estas medidas, el Comité reprimió violentamente la oposición interna.

Maximmilien de Robespierre

Maximmilien de Robespierre

María Antonieta fue ejecutada el 16 de octubre, y 21 destacados girondinos murieron guillotinados el 31 del mismo mes. Tras estas represalias iniciales, miles de monárquicos, sacerdotes, girondinos y otros sectores acusados de realizar actividades contrarrevolucionarias o de simpatizar con esta causa fueron juzgados por los tribunales revolucionarios, declarados culpables y condenados a morir en la guillotina. El número de personas condenadas a muerte en París ascendió a 2.639, más de la mitad de las cuales (1.515) perecieron durante los meses de junio y julio de 1794. Las penas infligidas a los traidores o presuntos insurgentes fueron más severas en muchos departamentos periféricos, especialmente en los principales centros de la insurrección monárquica.

Jean-Baptiste Carrier

Jean-Baptiste Carrier

El tribunal de Nantes, presidido por Jean-Baptiste Carrier, el más severo con los cómplices de los rebeldes de La Vendée, ordenó la ejecución de más de 8.000 personas en un periodo de tres meses. Los tribunales y los comités revolucionarios fueron responsables de la ejecución de casi 17 mil ciudadanos en toda Francia. El número total de víctimas durante el Reinado del Terror llegó a 40.000. Entre los condenados por los tribunales revolucionarios, aproximadamente el 8% eran nobles, el 6% eran miembros del clero, el 14% pertenecía a la clase media y el 70% eran trabajadores o campesinos acusados de eludir el reclutamiento, de deserción, acaparamiento, rebelión u otros delitos. Fue el clero católico el que sufrió proporcionalmente las mayores pérdidas entre todos estos grupos sociales. El odio anticlerical se puso de manifiesto también en la abolición del calendario juliano en octubre de 1793, que fue reemplazado por el calendario republicano. El Comité de Salvación Pública, presidido por Robespierre, intentó reformar Francia basándose de forma fanática en sus propios conceptos de humanitarismo, idealismo social y patriotismo. El Comité, movido por el deseo de establecer una República de la Virtud, alentó la devoción por la república y la victoria y adoptó medidas contra la corrupción y el acaparamiento. Asimismo, el 23 de noviembre de 1793, la Comuna de París ordenó cerrar todas las iglesias de la ciudad —esta decisión fue seguida posteriormente por las autoridades locales de toda Francia— y comenzó a promover la religión revolucionaria, conocida como el Culto a la Razón. Esta actitud, auspiciada por el jacobino Pierre Gaspard Chaumette y sus seguidores extremistas (entre ellos Hébert), acentuó las diferencias entre los jacobinos centristas, liderados por Robespierre, y los fanáticos seguidores de Hébert, una fuerza poderosa en la Convención y en la Comuna de París.

Jean Baptiste Jourdan

Jean Baptiste Jourdan

Durante este tiempo, el signo de la guerra se había vuelto favorable para Francia. El general Jean Baptiste Jourdan derrotó a los austriacos el 16 de octubre de 1793, iniciándose así una serie de importantes victorias francesas. A finales de ese año, se había iniciado la ofensiva contra las fuerzas de invasión del Este en el Rin, y Tolón había sido liberado. También era de gran relevancia el hecho de que el Comité de Salvación Pública hubiera aplastado la mayor parte de las insurrecciones de los monárquicos y girondinos.


8 La Lucha por el Poder

La disputa entre el Comité de Salvación Pública y el grupo extremista liderado por Hébert, concluyó con la ejecución de éste y sus principales acólitos el 24 de marzo de 1794. Dos semanas después, Robespierre emprendió acciones contra los seguidores de Danton, que habían comenzado a solicitar la paz y el fin del reinado del Terror. Georges-Jacques Danton y sus principales correligionarios fueron decapitados el 6 de abril. Robespierre perdió el apoyo de muchos miembros importantes del grupo de los jacobinos —especialmente de aquéllos que temían por sus propias vidas— a causa de estas represalias masivas contra los partidarios de ambas facciones. Las victorias de los ejércitos franceses, entre las que cabe destacar la batalla de Fleurus (Bélgica) del 26 de junio, que facilitó la reconquista de los Países Bajos austriacos, incrementó la confianza del pueblo en el triunfo final. Por este motivo, comenzó a extenderse el rechazo a las medidas de seguridad impuestas por Robespierre. El descontento general con el líder del Comité de Salvación Pública no tardó en transformarse en una auténtica conspiración. Robespierre, Saint-Just, Couthon y 98 de sus seguidores fueron apresados el 27 de julio de 1794 (el 9 de termidor del año III según el calendario republicano) y decapitados al día siguiente. Se considera que el 9 de termidor fue el día en el que se puso fin a la República de la Virtud.

Alegoria del Tratado de Basilea-firmado el 22 de junio de 1795.

Alegoria del Tratado de Basilea- firmado el 22 de junio de 1795.

La Convención Nacional estuvo controlada hasta finales de 1794 por el ‘grupo termidoriano’ que derrocó a Robespierre y puso fin al Reinado del Terror. Se clausuraron los clubes jacobinos de toda Francia, fueron abolidos los tribunales revolucionarios y revocados varios decretos de carácter extremista, incluido aquél por el cual el Estado fijaba los salarios y precios de los productos. Después de que la Convención volviera a estar dominada por los girondinos, el conservadurismo termidoriano se transformó en un fuerte movimiento reaccionario. Durante la primavera de 1795, se produjeron en París varios tumultos, en los que el pueblo reclamaba alimentos, y manifestaciones de protesta que se extendieron a otros lugares de Francia. Estas rebeliones fueron sofocadas y se adoptaron severas represalias contra los jacobinos y sans-culottes que los protagonizaron.

La moral de los ejércitos franceses permaneció inalterable ante los acontecimientos ocurridos en el interior. Durante el invierno de 1794-1795, las fuerzas francesas dirigidas por el general Charles Pichegru invadieron los Países Bajos austriacos, ocuparon las Provincias Unidas instituyendo la República Bátava y vencieron a las tropas aliadas del Rin. Esta sucesión de derrotas provocó la desintegración de la coalición antifrancesa. Prusia y varios estados alemanes firmaron la paz con el gobierno francés en el Tratado de Basilea el 5 de abril de 1795; España también se retiró de la guerra el 22 de julio, con lo que las únicas naciones que seguían en lucha con Francia eran Gran Bretaña, Cerdeña y Austria. Sin embargo, no se produjo ningún cambio en los frentes bélicos durante casi un año. La siguiente fase de este conflicto se inició con las Guerras Napoleónicas.

Se restableció la paz en las fronteras, y un ejército invasor formado por émigrés fue derrotado en Bretaña en el mes de julio. La Convención Nacional finalizó la redacción de una nueva Constitución, que se aprobó oficialmente el 22 de agosto de 1795. La nueva legislación confería el poder ejecutivo a un Directorio, formado por cinco miembros llamados directores. El poder legislativo sería ejercido por una asamblea bicameral, compuesta por el Consejo de Ancianos (250 miembros) y el Consejo de los Quinientos. El mandato de un director y de un tercio de la asamblea se renovaría anualmente a partir de mayo de 1797, y el derecho al sufragio quedaba limitado a los contribuyentes que pudieran acreditar un año de residencia en su distrito electoral. La nueva Constitución incluía otras disposiciones que demostraban el distanciamiento de la democracia defendida por los jacobinos. Este régimen no consiguió establecer un medio para impedir que el órgano ejecutivo entorpeciera el gobierno del ejecutivo y viceversa, lo que provocó constantes luchas por el poder entre los miembros del gobierno, sucesivos golpes de Estado y fue la causa de la ineficacia en la dirección de

El 9 de noviembre de 1799, Napoleón es nombrado jefe del ejército de Paris. Con un enorme protagonismo gracias a sus campañas en Italia y Egipto, respaldado por la burguesia moderada del Directorio, participa en el golpe de estado que tiene lugar el 18 de brumario, poniendo fin al régimen del Directorio.

El 9 de noviembre de 1799, Napoleón es nombrado jefe del ejército de París. Con un enorme protagonismo gracias a sus campañas en Italia y Egipto, respaldado por la burguesía moderada del Directorio, participa en el golpe de estado que tiene lugar el 18 de brumario, poniendo fin al régimen del Directorio.

los asuntos del país. Sin embargo, la Convención Nacional, que seguía siendo anticlerical y antimonárquica a pesar de su oposición a los jacobinos, tomó precauciones para evitar la restauración de la monarquía. Promulgó un decreto especial que establecía que los primeros directores y dos tercios del cuerpo legislativo habían de ser elegidos entre los miembros de la Convención. Los monárquicos parisinos reaccionaron violentamente contra este decreto y organizaron una insurrección el 5 de octubre de 1795. Este levantamiento fue reprimido con rapidez por las tropas mandadas por el general Napoleón Bonaparte, jefe militar de los ejércitos revolucionarios de escaso renombre, que más tarde sería emperador de Francia con el nombre de Napoleón I Bonaparte. El régimen de la Convención concluyó el 26 de octubre y el nuevo gobierno formado de acuerdo con la Constitución entró en funciones el 2 de noviembre.

El 9 de noviembre de 1799, Napoleón es nombrado jefe del ejército de París. Con un enorme protagonismo gracias a sus campañas en Italia y Egipto, respaldado por la burguesía moderada del Directorio, participa en el golpe de estado que tiene lugar el 18 de brumario, poniendo fin al régimen del Directorio.

Pero eso ya es otra historia………..

SALTAR A…. NAPOLEÓN BONAPARTE

Una respuesta

  1. existio la familia jeryaes

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