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Antonio Machado – Poemas

SelecciPoemas de:

Antonio Machado

Cantares…

Todo pasa y todo queda,

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,

caminos sobre el mar.

Nunca perseguí la gloria,

ni dejar en la memoria

de los hombres mi canción;

yo amo los mundos sutiles,

ingrávidos y gentiles,

como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse

de sol y grana, volar

bajo el cielo azul, temblar

súbitamente y quebrarse…

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace camino

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino

sino estelas en la mar…

Hace algún tiempo en ese lugar

donde hoy los bosques se visten de espinos

se oyó la voz de un poeta gritar

“Caminante no hay camino,

se hace camino al andar…”

Golpe a golpe, verso a verso…

Murió el poeta lejos del hogar.

Le cubre el polvo de un país vecino.

Al alejarse le vieron llorar.

“Caminante no hay camino,

se hace camino al andar…”

Golpe a golpe, verso a verso…

Cuando el jilguero no puede cantar.

Cuando el poeta es un peregrino,

cuando de nada nos sirve rezar.

“Caminante no hay camino,

se hace camino al andar…”

Golpe a golpe, verso a verso.

Yo voy soñando caminos

Yo voy soñando caminos

de la tarde. ¡Las colinas

doradas, los verdes pinos,

las polvorientas encinas!…

¿Adónde el camino irá?

Yo voy cantando, viajero

a lo largo del sendero…

-La tarde cayendo está-.

“En el corazón tenía

la espina de una pasión;

logré arrancármela un día;

ya no siento el corazón.”

Y todo el campo un momento

se queda, mudo y sombrío,

meditando. Suena el viento

en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;

y el camino que serpea

y débilmente blanquea,

se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir;

“Aguda espina dorada,

quién te pudiera sentir

en el corazón clavada.”

La saeta

Dijo una voz popular:

Quién me presta una escalera

para subir al madero

para quitarle los clavos

a Jesús el Nazareno?

Oh, la saeta, el cantar

al Cristo de los gitanos

siempre con sangre en las manos

siempre por desenclavar.

Cantar del pueblo andaluz

que todas las primaveras

anda pidiendo escaleras

para subir a la cruz.

Cantar de la tierra mía

que echa flores

al Jesús de la agonía

y es la fe de mis mayores

!Oh, no eres tú mi cantar

no puedo cantar, ni quiero

a este Jesús del madero

sino al que anduvo en la mar!.

He Andado Muchos Caminos

He andado muchos caminos,

he abierto muchas veredas,

he navegado en cien mares

y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto

caravanas de tristeza,

soberbios y melancólicos

borrachos de sombra negra,

y pedantotes al paño

que miran, callan y piensan

que saben, porque no beben

el vino de las tabernas.

Mala gente que camina

y va apestando la tierra…

Y en todas partes he visto

gentes que danzan o juegan

cuando pueden, y laboran

sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,

preguntan adonde llegan.

Cuando caminan, cabalgan

a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa

ni aun en los días de fiesta.

Donde hay vino, beben vino;

donde no hay vino, agua fresca

Son buenas gentes que viven,

laboran, pasan y sueñan,

y en un día como tantos

descansan bajo la tierra.

El viajero

Está en la sala familiar, sombría,

y entre nosotros, el querido hermano

que en el sueño infantil de un claro día

vimos partir hacia un país lejano.

Hoy tiene ya las sienes plateadas,

un gris mechón sobre la angosta frente;

y la fría inquietud de sus miradas

revela un alma casi toda ausente.

Deshójanse las copas otoñales

del parque mustio y viejo.

La tarde, tras los húmedos cristales,

se pinta, y en el fondo del espejo.

El rostro del hermano se ilumina

suavemente. ¿Floridos desengaños

dorados por la tarde que declina?

¿Ansias de vida nueva en nuevos años?

¿Lamentará la juventud perdida?

Lejos quedó —la pobre loba— muerta.

¿La blanca juventud nunca vivida

teme, que ha de cantar ante su puerta?

¿Sonríe al sol de oro

de la tierra de un sueño no encontrada;

y ve su nave hender el mar sonoro,

de viento y luz la blanca vela hinchada?

Él ha visto las hojas otoñales,

amarillas, rodar, las olorosas

ramas del eucalipto, los rosales

que enseñan otra vez sus blancas rosas…

Y este dolor que añora o desconfía

el temblor de una lágrima reprime,

y un resto de viril hipocresía

en el semblante pálido se imprime.

Serio retrato en la pared clarea

todavía. Nosotros divagamos.

En la tristeza del hogar golpea

el tic-tac del reloj. Todos callamos.

Inventario galante

Tus ojos me recuerdan

las noches de verano,

negras noches sin luna,

orilla al mar salado,

y el chispear de estrellas

del cielo negro y bajo.

Tus ojos me recuerdan

las noches de verano.

Y tu morena carne,

los trigos requemados,

y el suspirar de fuego

de los maduros campos.

Tu hermana es clara y débil

como los juncos lánguidos,

como los sauces tristes,

como los linos glaucos.

Tu hermana es un lucero

en el azul lejano…

Y es alba y aura fría

sobre los pobres álamos

que en las orillas tiemblan

del río humilde y manso.

Tu hermana es un lucero

en el azul lejano.

De tu morena gracia

de tu soñar gitano,

de tu mirar de sombra

quiero llenar mi vaso.

Me embriagaré una noche

de cielo negro y bajo,

para cantar contigo,

orilla al mar salado,

una canción que deje

cenizas en los labios…

De tu mirar de sombra

quiero llenar mi vaso.

Para tu linda hermana

arrancaré los ramos

de florecillas nuevas

a los almendros blancos

en un tranquilo y triste

alborear de marzo.

Los regaré con agua

de los arroyos claros,

los ataré con verdes

junquillos del remanso…

Para tu linda hermana

yo haré un ramito blanco.

Anoche cuando dormía

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que una fontana fluía

dentro de mi corazón.

Di, ¿por qué acequia escondida,

agua, vienes hasta mí,

manantial de nueva vida

de donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que una colmena tenía

dentro de mi corazón;

y las doradas abejas

iban fabricando en él,

con las amarguras viejas

blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que un ardiente sol lucía

dentro de mi corazón.

Era ardiente porque daba

calores de rojo hogar,

y era sol porque alumbraba

y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que era Dios lo que tenía

dentro de mi corazón.

El crimen fue en Granada

I

EL CRIMEN

Se le vio, caminando entre fusiles,

por una calle larga,

salir al campo frío,

aún con estrellas, de la madrugada.

Mataron a Federico

cuando la luz asomaba.

El pelotón de verdugos

no osó mirarle la cara.

Todos cerraron los ojos;

rezaron: ¡ni Dios te salva!

Muerto cayó Federico.

-sangre en la frente y plomo en las entrañas-.

…Que fue en Granada el crimen

sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada…

II

EL POETA Y LA MUERTE

Se le vio caminar solo con Ella,

sin miedo a su guadaña.

Ya el sol en torre y torre; los martillos

en yunque – yunque y yunque de las fraguas.

Hablaba Federico,

requebrando a la muerte. Ella escuchaba.

“Porque ayer en mi verso, compañera,

sonaba el golpe de tus secas palmas,

y diste el hielo a mi cantar, y el filo

a mi tragedia de tu hoz de plata,

te cantaré la carne que no tienes,

los ojos que te faltan,

tus cabellos que el viento sacudía,

los rojos labios donde te besaban…

Hoy como ayer, gitana, muerte mía,

qué bien contigo a solas,

por estos aires de Granada, ¡mi Granada!”

III

Se le vio caminar..

Labrad, amigos,

de piedra y sueño, en el Alhambra,

un túmulo al poeta,

sobre una fuente donde llore el agua,

y eternamente diga:

el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

Glosa

Nuestras vidas son los ríos

que van a dar a la mar,

que es el morir. ¡Gran cantar!

Entre los poetas míos

tiene Manrique un altar.

Dulce goce de vivir:

mala ciencia del pasar,

ciego huir a la mar.

Tras el pavor de morir

está el placer de llegar.

¡Gran placer!

Mas ¿y el horror de volver?

¡Gran pesar!

Anoche cuando dormía

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que una fontana fluía

dentro de mi corazón.

Di: ¿por qué acequia escondida,

agua, vienes hasta mí,

manantial de nueva vida

en donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que una colmena tenía

dentro de mi corazón;

y las doradas abejas

iban fabricando en él,

con las amarguras viejas,

blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que un sol ardiente lucía

dentro de mi corazón.

Era ardiente porque daba

calores de rojo hogar,

y era sol porque alumbraba

y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que era Dios lo que tenía

dentro de mi corazón.

¿Mí corazón se ha dormido?

¿Mí corazón se ha dormido?

Colmenares de mis sueños,

¿ya no labráis? ¿Está seca

la noria del pensamiento,

los cangilones vacíos,

girando, de sombra llenos?

No; mi corazón no duerme.

Está despierto, despierto.

Ni duerme ni sueña; mira,

los claros ojos abiertos,

señas lejanas y escucha

a orillas del gran silencio.

Introduction

Leyendo un claro día

mis bien amados versos,

he visto en el profundo

espejo de mis sueños

que una verdad divina

temblando está de miedo,

y es una flor que quiere

echar su aroma al viento.

El alma del poeta

se orienta hacia el misterio.

Solo el poeta puede

mirar lo que está lejos

dentro del alma, en turbio

y mago son envuelto.

En esas galerías,

sin fondo, del recuerdo,

donde las pobres gentes

colgaron cual trofeo

el traje de una fiesta

apolillado y viejo,

allí el poeta sabe

el laborar eterno

mirar de las doradas

abejas de los sueños.

Poetas, con el alma

atenta al hondo cielo,

en la cruel batalla

o en el tranquilo huerto,

la nueva miel labramos

con los dolores viejos,

la veste blanca y pura

pacientemente hacemos,

y bajo el sol bruñimos

el fuerte arnés de hierro.

El alma que no sueña,

el enemigo espejo,

proyecta nuestra imagen

con el perfil grotesco.

Sentimos una ola

de sangre en nuestro pecho,

que pasa…, y sonreímos,

y a laborar volvemos.

Acaso…

Como atento no más a mi quimera

no reparaba en torno mío, un día

me sorprendió la fértil primavera

que en todo el ancho campo sonreía.

Brotaban verdes hojas

de las hinchadas yemas del ramaje,

y flores amarillas, blancas, rojas,

alegraban la mancha del paisaje.

Y era una lluvia de saetas de oro

el sol sobre las frondas juveniles;

del amplio río en el caudal sonoro

se miraban los álamos gentiles.

—Tras de tanto camino es la primera

vez que miro brotar la primavera—,

dije, y después, declamatoriamente:

—¡Cuán tarde ya para la dicha mía!—

Y luego, al caminar, como quien siente

alas de otra ilusión: —Y todavía

¡yo alcanzaré mi juventud un día!

Jardín

Lejos de tu jardín quema la tarde

inciensos de oro en purpurinas llamas,

tras el bosque de cobre y de ceniza.

En tu jardín hay dalias.

¡Mal haya tu jardín! … Hoy me parece

la obra de un peluquero,

con esa pobre palmerilla enana,

y ese cuadro de mirtos recortados…,

y el naranjito en su tonel… El agua

de la fuente de piedra

no cesa de reír sobre la concha blanca.

Verdes jardinillos

¡Verdes jardinillos,

claras plazoletas,

donde el agua sueña,

donde el agua muda

resbala en la piedra! …

Las hojas de un verde

mustio, casi negras,

de la acacia, el viento

de septiembre besa,

y se lleva algunas

amarillas, secas,

jugando, entre el polvo

blanco de la tierra.

Linda doncellita

que el cántaro llenas

de agua transparente,

tú, al verme, no llevas

a los negros bucles

de tu cabellera,

distraídamente,

la mano morena,

ni, luego, en el limpio

cristal te contemplas…

Tú miras al aire

de la tarde bella,

mientras de agua clara

el cántaro llenas.

Preludio

Mientras la sombra pasa de un santo amor, hoy quiero

poner un dulce salmo sobre mi viejo atril.

Acordaré las notas del órgano severo

al suspirar fragante del pífano de abril.

Madurarán su aroma las pomas otoñales;

la mirra y el incienso salmodiarán su olor;

exhalarán su fresco perfume los rosales,

bajo la paz en sombra del tibio huerto en flor.

Al grave acorde lento de música y aroma,

la sola y vieja y noble razón de mi rezar

levantará su vuelo suave de paloma,

y la palabra blanca se elevará al altar.

Daba el reloj las doce… y eran doce

Daba el reloj las doce… y eran doce

golpes de azada en tierra…

— ¡Mi hora! …—grité. El silencio

me respondió: —No temas;

tú no verás caer la última gota

que en la clepsidra tiembla.

Dormirás muchas horas todavía

sobre la orilla vieja,

y encontrarás una mañana pura

amarrada tu barca a otra ribera.

Sobre la tierra amarga

Sobre la tierra amarga,

caminos tiene el sueño

laberínticos, sendas tortuosas,

parques en flor y en sombra y en silencio;

criptas hondas, escalas sobre estrellas;

retablos de esperanzas y recuerdos.

Figurillas que pasan y sonríen

—juguetes melancólicos de viejo—;

imágenes amigas,

a la vuelta florida del sendero,

y quimeras rosadas

que hacen camino… lejos…

En la desnuda tierra del camino

En la desnuda tierra del camino

la hora florida brota,

espino solitario,

del valle humilde en la revuelta umbrosa.

El salmo verdadero

de tenue voz hoy torna al corazón, y al labio,

la palabra quebrada y temblorosa.

Mis viejos mares duermen; se apagaron sus

espumas sonoras

sobre la playa estéril. La tormenta

camina lejos en la nube torva.

Vuelve la paz al cielo;

la brisa tutelar esparce aromas

otra vez sobre el campo, y aparece,

en la bendita soledad, tu sombra.

El sol es un globo de fuego

El sol es un globo de fuego,

la luna es un disco morado.

Una blanca paloma se posa

en el alto ciprés centenario.

Los cuadros de mirtos parecen

de marchito velludo empolvado.

¡El jardín y la tarde tranquila!…

Suena el agua en la fuente de mármol.

Tenue rumor de túnicas que pasan

¡Tenue rumor de túnicas que pasan

sobre la infértil tierra! …

¡Y lágrimas sonoras

de las campanas viejas!

Las ascuas mortecinas

del horizonte humean…

Blancos fantasmas lares

van encendiendo estrellas.

—Abre el balcón. La hora

de una ilusión se acerca…

La tarde se ha dormido

y las campanas sueñan.

Oh figuras del atrio, más humildes

¡Oh figuras del atrio, más humildes

cada día y lejanas:

mendigos harapientos

sobre marmóreas gradas;

miserables ungidos

de eternidades santas,

manos que surgen de los mantos viejos

y de las rotas capas!

¿Pasó por vuestro lado

una ilusión velada,

de la mañana luminosa y fría

en las horas más plácidas?…

Sobre la negra túnica, su mano

era una rosa blanca…

La tarde todavía

La tarde todavía

dará incienso de oro a tu plegaria,

y quizás el cenit de un nuevo día

amenguará tu sombra solitaria.

Mas no es tu fiesta el Ultramar lejano,

sino la ermita junto al manso río;

no tu sandalia el soñoliento llano

pisará, en la arena del hastío.

Muy cerca está, romero,

la tierra verde y santa y florecida

de tus sueños; muy cerca, peregrino

que desdeñas la sombra del sendero

y el agua del mesón en tu camino.

Crear fiestas de amores

Crear fiestas de amores

en nuestro amor pensamos,

quemar nuevos aromas

en montes no pisados,

y guardar el secreto

de nuestros rostros pálidos,

porque en las bacanales de la vida

vacías nuestras copas conservamos,

mientras con eco de cristal y espuma

ríen los zumos de la vid dorados.

Un pájaro escondido entre las ramas

del parque solitario

silba burlón…

Nosotros exprimimos

la penumbra de un sueño en nuestro vaso…

Y algo, que es tierra en nuestra carne,

siente la humedad del jardín como un halago.

Arde en tus ojos un misterio, virgen

Arde en tus ojos un misterio, virgen

esquiva y compañera.

No sé si es odio o es amor la lumbre

inagotable de tu aliaba negra.

Conmigo irás mientras proyecte sombra

mi cuerpo y quede a mi sandalia arena.

—¿Eres la sed o el agua en mi camino?

Dime, virgen esquiva y compañera.

Algunos lienzos del recuerdo tienen

Algunos lienzos del recuerdo tienen

luz de jardín y soledad de campo;

la placidez del sueño

en el paisaje familiar soñado.

Otros guardan las fiestas

de días aun lejanos;

figuritas sutiles

que pone un titerero en su retablo…

Ante el balcón florido

está la cita de un amor amargo.

Brilla la tarde en el resol bermejo…

La hiedra efunde de los muros blancos…

A la revuelta de una calle en sombra,

un fantasma irrisorio besa un nardo.

Crece en la plaza en sombra

Crece en la plaza en sombra

el musgo, y en la piedra vieja y santa

de la iglesia. En el atrio hay un mendigo…

Más vieja que la iglesia tiene el alma.

Sube muy lento, en las mañanas frías,

por la marmórea grada,

hasta un rincón de piedra… Allí aparece

su mano seca entre la rota capa.

Con las órbitas huecas de sus ojos

ha visto cómo pasan

las blancas sombras en los claros días,

las blancas sombras de las horas santas.

Las ascuas de un crepúsculo morado

Las ascuas de un crepúsculo morado

detrás del negro cipresal humean…

En la glorieta en sombra está la fuente…

con su alado y desnudo Amor de piedra,

que sueña mudo. En la marmórea taza

reposa el agua muerta.

¿Mi amor?… ¿Recuerdas, dime,

aquellos juncos tiernos,

lánguidos y amarillos

que hay en el cauce seco?…

¿Recuerdas la amapola

que calcinó el verano,

la amapola marchita,

negro crespón del campo? …

¿Te acuerdas del sol yerto

y humilde, en la mañana,

que brilla y tiembla roto

sobre una fuerte helada? …

Me dijo un alba de la primavera

Me dijo un alba de la primavera:

—Yo florecí en tu corazón sombrío

ha muchos años, caminante viejo

que no cortas las flores del camino.

Tu corazón de sombra, ¿acaso guarda

el viejo aroma de mis viejos lirios?

¿Perfuman aun mis rosas la alba frente

del hada de tu sueño adamantino?

Respondí a la mañana:

—Solo tienen cristal los sueños míos.

Yo no conozco el hada de mis sueños,

ni sé si está mi corazón florido.

Pero si aguardas la mañana pura

que ha de romper el vaso cristalino,

quizás el hada te dará tus rosas;

mí corazón, tus lirios.

Al borde del sendero un día nos sentamos

Al borde del sendero un día nos sentamos.

Ya nuestra vida es tiempo, y nuestro sola cuita

son las desesperantes posturas que tomamos

para aguardar… Mas ella no faltará a la cita.

Es una forma juvenil que un día

Es una forma juvenil que un día

a nuestra casa llega.

Nosotros le decimos: —¿Por qué tornas

a la morada vieja?

Ella abre la ventana, y todo el campo

en luz y aroma entra.

En el blanco sendero,

los troncos de los árboles negrean;

las hojas de sus copas

son humo verde que a lo lejos sueña.

Parece una laguna

el ancho río entre la blanca niebla

de la mañana. Por los montes cárdenos,

camina otra quimera.

Oh, dime, noche amiga, amada vieja

¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja,

que me traes el retablo de mis sueños

siempre desierto y desolado, y solo

con mi fantasma dentro,

mi pobre sombra triste

sobre la estepa y bajo el sol de fuego,

o soñando amarguras

en las voces de todos los misterios,

dime, si sabes, vieja amada, dime

si son mías las lágrimas que vierto.

Me respondió la noche:

—Jamás me revelaste tu secreto.

Yo nunca supe, amado,

sí eras tú ese fantasma de tu sueño,

ni averigüé si era su voz la tuya

o era la voz de un histrión grotesco.

Dije a la noche: —Amada mentirosa,

tú sabes mi secreto;

tú has visto la honda gruta

donde fabrica su cristal mi sueño,

y sabes que mis lágrimas son. mías,

y sabes mi dolor, mi dolor viejo.

—¡Oh! Yo no sé—dijo la noche—, amado,

yo no sé tu secreto,

aunque he visto vagar ese que dices

desolado fantasma por tu sueño.

Yo me asomo a las almas cuando lloran

y escucho su hondo rezo,

humilde y solitario,

ese que llamas el salmo verdadero;

pero en las hondas bóvedas del alma

no sé si el llanto es una voz o un eco.

Para escuchar tu queja de tus labios

yo te busqué en tu sueño,

y allí te vi vagando en un borroso

laberinto de espejos.

Yo voy soñando caminos

Yo voy soñando caminos

de la tarde. ¡Las colinas

doradas, los verdes pinos,

las polvorientas encinas! …

¿Adónde el camino irá?

Yo voy cantando, viajero

a lo largo del sendero…

—La tarde cayendo está—.

«En el corazón tenía

la espina de una pasión;

logré arrancármela un día,

ya no siento el corazón.»

Y todo el campo un momento

se queda, mudo y sombrío,

meditando. Suena el viento

en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;

y el camino que serpea

y débilmente blanquea

se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:

«Aguda espina dorada,

quién te pudiera sentir

en el corazón clavada.»

Amada, el aura dice

Amada, el aura dice

tu pura veste blanca…

No te verán mis ojos;

¡mi corazón te aguarda!

El aura me ha traído

tu nombre en la mañana;

el eco de tus pasos

repite la montaña…

No te verán mis ojos;

¡mi corazón te aguarda!

En las sombrías torres

repican las campanas…

No te verán mis ojos;

¡mi corazón te aguarda!

Los golpes del martillo

dicen la negra caja;

y el sitio de la fosa,

los golpes de la azada…

No te verán mis ojos;

¡mi corazón te aguarda!

Abril florecía

Abril florecía

frente a mi ventana.

Entre los jazmines

y las rosas blancas

de un balcón florido

vi las dos hermanas.

La menor cosía;

la mayor hilaba…

Entre los jazmines

y las rosas blancas,

la más pequeñita,

risueña y rosada

—su aguja en el aire—,

miró a mi ventana.

La mayor seguía,

silenciosa y pálida,

el huso en su rueca

que el lino enroscaba.

Abril florecía

frente a mi ventana.

Una clara tarde

la mayor lloraba

entre los jazmines

y las rosas blancas,

y ante el blanco lino

que en su rueca hilaba.

—¿Qué tienes—le dije—,

silenciosa pálida?

Señaló el vestido

que empezó la hermana.

En la negra túnica

la aguja brillaba;

sobre el blanco velo,

el dedal de plata.

Señalo la tarde

de abril que soñaba,

mientras que se oía

tañer de campanas.

Y en la clara tarde

me enseñó sus lágrimas…

Abril florecía

Frente a mi ventana.

Fue otro abril alegre

y otra tarde plácida.

El balcón florido

solitario estaba…

Ni la pequeñita

risueña y rosada,

ni la hermana triste,

silenciosa y pálida,

ni la negra túnica,

ni la toca blanca…

Tan sólo en el huso

el lino giraba

por mano invisible,

y en la oscura sala

la luna del limpio

espejo brillaba…

Entre los jazmines

y las rosas blancas

del balcón florido

me miré en la clara

luna del espejo

que lejos soñaba…

Abril florecía

frente a mí ventana.

De La Vida

¡Ay del que llega sediento

a ver el agua correr

y dice: La sed que siento

no me la calma el beber!

¡Ay de quien bebe, y, saciada

la sed, desprecia la vida:

moneda al tahúr prestada,

que sea al azar rendida!

Del iluso que suspira

bajo el orden soberano,

y del que sueña la lira

pitagórica en su mano.

¡Ay del noble peregrino

que se para a meditar,

después de largo camino,

en el horror de llegar!

¡Ay de la melancolía

que llorando se consuela,

y de la melomanía

de un corazón de zarzuela!

¡Ay de nuestro ruiseñor,

si en una noche serena

se cura del mal de amor

que llora y canta su pena!

¡De los jardines secretos,

de los prensiles soñados

y de los sueños poblados

de propósitos discretos!

¡Ay del galán sin fortuna

que ronda a la luna bella,

de cuantos caen de la luna,

de cuantos se marchan a ella!

¡De quien el fruto prendido

en la rama no alcanzó,

de quien el fruto ha mordido

y el gusto amargo probó!

¡Y de nuestro amor primero

y de su fe mal pagada,

y, también, del verdadero

amante de nuestra amada!

Inventario Galante

Tus ojos me recuerdan

las noches de verano,

negras noches sin luna,

orilla al mar salado,

y el chispear de estrellas

del cielo negro y bajo.

Tus ojos me recuerdan

las noches de verano.

Y tu morena carne,

los trigos requemados

y el suspirar de fuego

de los maduros campos.

Tu hermana es clara y débil

como los juncos lánguidos,

como los sauces tristes,

como los linos glaucos.

Tu hermana es un lucero

en el azul lejano…

Y es alba y aura fría

sobre los pobres álamos

que en las orillas tiemblan

del río humilde y manso.

Tu hermana es un lucero

en el azul lejano.

De tu morena gracia,

de tu soñar gitano,

de tu mirar de sombra

quiero llenar mi vaso.

Me embriagaré una noche

de cielo negro y bajo,

para cantar contigo,

orilla al mar salado,

una canción que deje

cenizas en los labios…

De tu mirar de sombra

quiero llenar mi vaso.

Para tu linda hermana

arrancaré los ramos

de florecillas nuevas

a los almendros blancos,

en un tranquilo y triste

alborear de marzo.

Los regaré con agua

de los arroyos claros,

los ataré con verdes

junquillos del remanso…

Para tu linda hermana

yo haré un ramito blanco.

Me dijo una tarde

Me dijo una tarde

de la primavera:

Si buscas caminos

en flor en la tierra,

mata tus palabras

y oye tu alma vieja.

Que el mismo albo lino

que te vista sea

tu traje de duelo,

tu traje de fiesta.

Ama tu alegría

y ama tu tristeza,

si buscas caminos

en flor en la tierra.

Respondí a la tarde

de la primavera:

—Tú has dicho el secreto

que en mi alma reza:

yo odio la alegría

por odio a la pena.

Mas antes que pise

tu florida senda,

quisiera traerte

muerta mi alma vieja.

La vida hoy tiene ritmo

La vida hoy tiene ritmo

de ondas que pasan,

de olitas temblorosas

que fluyen y se alcanzan.

La vida hoy tiene el ritmo de los ríos,

la risa de las aguas

que entre los verdes junquerales corren,

y entre las verdes cañas.

Sueño florido lleva el manso viento;

bulle la savia joven en las nuevas ramas;

tiemblan alas y frondas,

y la mirada sagital del águila

no encuentra presa…, trema el campo en sueños,

vibra el sol como un arpa.

¡Fugitiva ilusión de ojos guerreros

que por las selvas pasas

a la hora del cenit: tiemble en mi pecho

el oro de tu aljaba!

En tus labios florece la alegría

de los campos en flor; tu veste alada

aroman las primeras velloritas,

las violetas perfuman tus sandalias.

Yo he seguido tus pasos en el viejo bosque,

arrebatados tras la corza rápida,

y los ágiles músculos rosados

de tus piernas silvestres entre verdes ramas.

¡Pasajera ilusión de ojos guerreros

que por las selvas pasas,

cuando la tierra reverdece y ríen

los ríos en las cañas!

¡Tiemble en mi pecho el oro

que llevas en tu aljaba!

Era una mañana y abril sonreía

Era una mañana y abril sonreía.

Frente al horizonte dorado moría

la luna, muy blanca y opaca; tras ella,

cual tenue ligera quimera, corría

la nube que apenas enturbia una estrella.

Como sonreía la rosa mañana,

al sol del oriente abrí mi ventana;

y en mi triste alcoba penetró el oriente

en canto de alondras, en risa de fuente

y en suave perfume de flora temprana.

Fue una clara tarde de melancolía.

Abril sonreía. Yo abrí las ventanas

de mi casa al viento… El viento traía

perfumes de rosas, doblar de campanas…

Doblar de campanas lejanas, llorosas,

suave de rosas aromado aliento…

…¿Dónde están los huertos floridos de rosas?

¿Qué dicen las dulces campanas al viento?

Pregunté a la tarde de abril que moría:

—¿Al fin la alegría se acerca a mi casa?

La tarde de abril sonrió: —La alegría

pasó por tu puerta-y luego, sombría—:

Pasó por tu puerta. Dos veces no pasa.

El casco roído y verdoso

El casco roído y verdoso

del viejo falucho

reposa en la arena…

La vela tronchada parece

que aun sueña en el sol y en el mar.

El mar hierve y canta…

El mar es un sueño sonoro

bajo el sol de abril.

El mar hierve y ríe

con olas azules y espumas de leche y de plata,

el mar hierve y ríe

bajo el cielo azul.

El mar lactescente,

el mar rutilante,

que ríe en sus liras de plata sus risas azules…

¡Hierve y ríe el mar!…

El aire parece que duerme encantado

en la fúlgida niebla de sol blanquecino.

La gaviota palpita en el aire dormido, y al lento

volar soñoliento, se aleja y se pierde en la bruma del sol.

El sueño bajo el sol que aturde y ciega

El sueño bajo el sol que aturde y ciega,

tórrido sueño en la hora de arrebol;

el río luminoso el aire surca;

esplende la montaña;

la tarde es polvo y sol.

El terrible caracol del viento

ronco dormita en el remoto alcor;

emerge el sueño in grave en la palmera,

luego se enciende en el naranjo en flor.

La estúpida cigüeña

su garabato escribe en el sopor

del molino parado; el toro abate

sobre la hierba la testuz feroz.

La verde, quieta espuma del ramaje

efunde sobre el blanco paredón,

lejano, inerte, del jardín sombrío,

dormido bajo el cielo fanfarrón.

Lejos, enfrente de la tarde roja,

refulge el ventanal del torreón.

Retrato

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla

y un huerto claro donde madura el limonero;

mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;

mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido

—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—;

mas recibí la flecha que me asignó Cupido

y amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,

pero mi verso brota de manantial sereno;

y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,

soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética

corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;

mas no amo los afeites de la actual cosmética

ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos

y el coro de los grillos que cantan a la luna.

A distinguir me paro las voces de los ecos,

y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera

mi verso como deja el capitán su espada:

famosa por la mano viril que la blandiera,

no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo

—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;

mi soliloquio es plática con este buen amigo

que me enseño el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéis me cuanto he escrito.

A mi trabajo acudo, con mi dinero pago

el traje que me cubre y la mansión que habito,

el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje

y esté a partir la nave que nunca ha de tornar,

me encontraréis a bordo ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar.

Leyendas Argentinas-Inés Marqués

 

 

“LEYENDAS ARGENTINAS EN LA VOZ Y EN LA PLUMA DE INÉS MARQUÉS”

1957

 

                                 


Inés García de Marqués y las “Leyendas argentinas”:

     

Inés García de Marqués nació en un hogar de inmigrantes españoles, el 2l de enero de 1908, en la localidad chaqueña de Cancha Larga. En este medio, rodeado de tolderías tobas transcurrió su infancia, disfrutando de la naturaleza y la hermandad con los primitivos habitantes de lugar. 

      Realizó sus estudios primarios en Corrientes y en 1927 obtuvo el título de Maestra en la Escuela Normal de Resistencia, iniciándose inmediatamente  en la docencia rural.   Años después, ya  Profesora de Religión se desempeñó como auxiliar de los “Cursos de Cultura Católica”  auspiciados por el obispado de Resistencia (1848-1954) y  profesora de religión en la Escuela Normal Sarmiento de Resistencia, desde donde impulsó decididamente la creación del Seminario y Museo “Ichoalay” (1949), junto a sus alumnos de 4º año “B”, inspirando investigaciones de la realidad regional  que se constituyeron en aportes fundamentales para ampliar el concepto de patrimonio cultural vigente. 

      Participó activamente en instituciones religiosas y de bien público, como la Cruz Roja, Filial Chaco de la que fue su fundadora. Inspiró la creación del Coro Toba “Chelaalapi”y de la Escuela para niños tobas, en el barrio homónimo de Resistencia. 

      No sabemos cuándo Inés García de Marqués escribió estas leyendas. Sabemos que se había alejado de la Escuela y del Museo hacia 1955 y que,  en  1957 comenzaron a propalarse  audiciones radiales por LT5 Radio Chaco,  con el   título de  Leyendas argentinas en la voz y en la pluma de Inés Marqués, con  la frecuencia de dos espacios semanales.

      En el Museo Histórico Regional Ichoalay se conserva copia mimeografiada de las  dieciséis leyendas que conformaron el ciclo radial. Las mismas se refieren a los primitivos habitantes de nuestra región, especialmente los tobas, las  plantas típicas y animales de diverso hábitat, algunos fenómenos naturales y accidentes geográficos. Cada leyenda está firmada por la autora y sellada por la emisora. Solamente  en las dos últimas consignó las fechas en las que fueron emitidas y la firma comercial que las auspició.

       Sin duda alguna, Inés García de Marqués era una notable conocedora de la realidad chaqueña.  Su ilimitada curiosidad   la acercó a la existencia de los tobas y la vinculó hasta el final de sus días con  la   “causa de los hermanos aborigenes”.                                                                   

     


ÍNDICE TEMÁTICO

   

  1. Gualok (el algodón)
  2. La cañada del cacique llorón.    
  3. El chajá.
  4. Las tortugas y los gavilanes.
  5. El ceibo.
  6. El hornero.
  7. La paloma.
  8. La leyenda de la mujer.
  9. El sapo.
  10. El picaflor.
  11. El carpincho.
  12. El palo borracho.
  13. El timbó
  14. Los monitos y los vientos.
  15. La pasionaria.
  16. La azucena del bosque o flor de la amistad.

 


LEYENDAS ARGENTINAS EN LA VOZ Y EN LA PLUMA DE INÉS   MARQUÉS

 

    El Chaco es pródigo en leyendas. Algunas parecieron tener ciertos visos de historia… otras proclaman sólo la fértil fantasía de la imaginación…, todas encierran un sentido moral… alguna enseñanza que trascienda.

    Así como la metamorfosis,  son frecuentes para explicar  con fantasía aborigen  la existencia de ciertas plantas o de ciertos animales…  así también los fenómenos de la naturaleza  responden a veces a  severos castigos;  o a fecundos ejemplos de generosidad  aprobatoria de las acciones  nobles. Tales  el viento, la lluvia,  la tormenta, el rayo… cuya explicación siempre tiene pronta el hermano toba… el hermano toba que ama tanto la justicia…,  que es tantas veces incomprendido… y otras tantas olvidado.

     En nuestra Patria, – que por obra de la imaginación creadora hay tanta  y tanta leyenda original –  se registran,  en ese mundo de la fantasía, bellos exponentes de la vocación de libertad… esa vocación que llevó al sacrificio a mujeres y hombres… y que quedó perpetuada en leyendas que hablan de la sangre derramada por héroes anónimos de tribus legendarias.”

                                                                                                      Inés García de Marqués

 

 

1. GUALOK (El algodón)

 

    Esta leyenda está inspirada en el cambio de color de las flores del algodón. Cuando nacen son amarillas, después se tornan rosadas y por último adquieren un tinte  amoratado y algo parduscos.

    Los escarchados amaneceres tocaban a su fin.

    La llanura chaqueña, virgen de ciertas fecundidades, se sintió un día estremecer. Unas semillitas grises, traídas de Oriente habían buscado  abrigo en sus entrañas.

    Las primeras lluvias de la primavera le dieron blandura propicia… el sol puso tibieza en las cobijas de humus… y el milagro de la tierra pródiga se brindó una vez más a la contemplación de los hombres.

    La madre tierra había dado a luz unas plantitas nuevas.

    Eran tan tiernas… tan tiernas…, tan delicadas… tan sensibles… que se estremecían de emoción hasta por las ráfagas campesinas  que las besaban al pasar.

    Cerca del seto crecían otras hierbas vigorosas y fuertes, de hojas carnosas y tallos gorditos.

     Y… como en los cuentos y en las leyendas las plantas suelen hablar y los pájaros también… pues he aquí que las plantitas hablaban.

      Mientras que las primeras crecían con timidez  de doncellas castas…  las otras, gorditas  y coquetonas se bañaban  con las luces de la aurora  y hospedaban, en sus robustas siluetas  de hierbas golosas, a la luz del sol que les ponía color  dejándolas satisfechas… muy satisfechas.

      Un día observaron a sus hermanas  ( débiles y tan tiernas) y se burlaron de ellas ( sin siquiera bajar la voz). Tan felices se sentían que  hasta se creían con derecho  a los desenfados.

       Por fin bajó de su carruaje de reina, doña Primavera;  y casi increpó a las dulces plantas  por su demora en florecer… también a las golosas de la luz solar  se las podía reconvenir.

       ¿Para qué era reina doña Primavera?

       … Y se apuraron  las flores del borde del seto y echaron a lucir sus galas  tintes de rojo…, jugosas y atrevidas (¡ qué corolitas tan brillantes!)  ¿ Y esas debiluchas? …¿ Se habrán atrevido también  a decorar sus desgarbadas siluetas? ¡ Que extranjeras tontas! (Tontas pero envidiosas…)

       Sí señor: Envidiosas. ¿ Por qué sino su pálido color amarillo?

       Amarillas de envidia. Sí señor, de envidia.

       … Y las plantitas lo oyeron…

       Y las plantitas se contemplaron unas a otras y se encontraron pálidas  (allá en Oriente… eso no quedaba mal) ¡ Ah, si ellas pudieran lucir tan galanas como sus vecinas! …

        En eso… ( no podía faltar en la leyenda): una hechicera. “ Yo os puedo  quitar esa palidez y tornaros hermosas… con colores cálidos. Nadie se atreverá a ofenderos más… eso sí: tenéis que prometer en cambio darme vuestros hijos.

       (“ … darme… vuestros… hijos…”)

        Y… claro… ¡ eran tan inexpertas… sufrían tanto las pobres  plantitas que…dijeron que si …

       Y al punto tornáronse  rosaditas, preciosas, atrayentes en sus tonos cálidos.

       De pronto… ¡ Dios mío que efímera es a veces la ilusión… que, efímero el triunfo de las bellezas externas…!

       ¿ Ellas prometieron entregar  sus hijos a cambio tan sólo de simples colores? …

        Pero ya era tarde… allá a  lo lejos se perdía la hechicera diciendo sentenciosa ¡ Volveré en febrero a llevarlos a todos ¡

          Ya no estaban pálidas las florecillas… un rubor de vergüenza cambió el tinte de sus pétalos; y … cuando ya amoratadas por el sufrimiento  … y angustiadas por la suerte de sus frutos … se sentían desfallecer: un hada madrina.  El hada de los cuentos infantiles.

          Una brisa suavecita…  suavecita… de dulces consolaciones… y una voz de perdón para las que estaban arrepentidas: morid tranquilas  pues a vuestros hijos los protegerá  un hada.

           Y así… suspirando, cayeron al suelo.

          El fruto se hinchaba más y más. Era un vientre grávido… y,  los hijos, grisecitos e inquietos se movían como en un colchoncito blando… muy blando… como si estuvieran envueltos en velloncitos de ovejas…

         Y, como todo llega, llegó el estío. Ya estaba cerquita febrero y la perilla de algodón abrió sus cinco ventanitas… y por ellas… como majada de corderitos, al conjuro de un hada, echaron a correr los hijos de las dulces peregrinas del oriente que un día se detuvieron en las chacras chaqueñas.

        Cuando la hechicera vino a cobrarse…  no encontró a ninguno de los pequeñuelos que quería llevar. Estos, escondidos en ropajes blancos, iban por la llanura corriendo y triscando como corderitos.

        Y… como esos ropajes fueron fruto de un hada… obra de la caridad… pues -¡  natural!  Todos los años realízase el milagro de nuevas vestiduras… y siempre hay un poquito de algodón para curar una herida… para preparar una venda… para coser un pañal…

        ¿ Quién dijo que ya no andan las hadas  o los ángeles buenos por las chacras chaqueñas? …

        Las que tuvimos la suerte de nacer en esas chacras… y ver crecer los algodonales… regados por sudores santos… removidos con amor por manos trémulas… sabemos que las hadas  viven todavía en las chacras chaqueñas…  Y aunque otros lo discuten con argumentos de ciencia tipo siglo 20… ¿Qué nos importa…! Soñaremos con las hadas de nuestros algodonales chaqueños… porque, el ser chaqueños  nos da derechos para sentir… y para soñar.

 

2. LA CAÑADA DEL CACIQUE LLORÓN

 

    Se narra como leyenda – aunque se asegura que tiene algo de historia-  el origen del nombre de una cañada que conocí hace veintiocho años cuando, llevada por mi vocación, fui, peregrina del silabario y soldado de la docencia primaria, a un pueblo chaqueño en formación.

    Un paisano me la contó mientras atravesábamos en tardo y perezoso cachapé la extensa “Cañada del cacique llorón”.

….Según la leyenda, en la época de los fortines y en cierta región del Chaco,  había un regimiento comandado por arrogante y altivo oficial, cuya simpatía era algo así como  un pasaporte en las tolderías del más altivo y joven de los caciques, con el que cultivó estrecha amistad sin ningún esfuerzo.

    ¡ Que bien parecían entenderse el joven cacique de las tribus  tobas… y el arrogante  y altivo capitán de las fuerzas de la Nación!

     Ambos tenían en común,  no sólo su juventud y su prestancia varonil… sino la herencia de un mismo sol de libertad  que los acariciaba ardiente… el amor a la tierra … y un  natural sentido del honor.

      Ya lo dije otra vez: en la leyenda, como en todos los hechos reales, las tierras argentinas pregonan su vocación de libertad, y… el mismo anhelo de libertad, identificaba tanto, que un cielo azul y blanco al cobijarlos, parecía enviarles la seguridad de su testimonio en una garantía de sus derechos comunes.

       ¿ Ham iacaiá?  preguntaba el capitán.

        Iacaiá noón  -respondía el cacique

       ¿ Somos hermanos?

        Hermanos buenos.

       Toda picada exigía esfuerzo… mucho esfuerzo y esa picada que estaban abriendo en selva virgen, exigía sudores y sacrificios. Allí estaba, regándola generoso,  el sudor del soldado y del aborigen.

      ¿ ham iacaiá ?

       Iacaiá noón.

       La noche era serena… la luna brillaba en lo alto… el capitán pensaba…,  y allá  hacia la costa correntina iban sus pensamientos como suspiros de amor.

      El cacique estaba en silencio. De pronto,  la confidencia puso acento de cálida intimidad… y – al día siguiente-  el cacique presentó al amigo la prometida de su corazón.

      Nunca hasta entonces la prometida de un cacique había osado levantar los ojos para mirar  a hombre alguno…

      El joven cacique había quebrantado una ley tribal  y el resultado iba a ser tremendo.

      Qué difícil le fue al capitán conciliar el sueño en las noches de luna llena.

     ¿ Qué tenían aquellos   ojos azorados de la muchacha toba, cuyo brillo lo perseguía ? Ya no se atrevía a preguntar más.

     ¿Ham iacaiá ? … porque temía la respuesta “Iacaiá noón”.

      Y la soledad y la maquinación se aniñaron contra él. Una vez el cacique tuvo que llevar un “chasqui´” del amigo a otro fortín lejano.

     Después… se escondió el sol para no ser testigo  de una traición…,  y la luna se puso flaca hasta el regreso del cacique.

     La ausencia del capitán y un toldo vacío  hablaron con elocuencia… y una furia salvaje  lo puso tras la huella de los  fugitivos.

   La huella se perdió en una cañada. El cacique no podía más… y ese hombre que jamás había llorado (porque los caciques no lloran) agachó la cerviz… y…  diz que se puso a llorar…

     ¡ Tantos habían temido su bravura!

     Al verlo así vencido… no faltó un soldado que lo escarneciera exclamando: ¿ Un cacique llorón!

      Si… lloraba el cacique… y el cielo se asomó a su dolor y refrescó sus sienes con frescor de lluvia.

    Desde entonces esa cañada no se secó  más, porque las lágrimas del enamorado conmueven todavía al cielo que año tras año llora de vergüenza y de dolor.

     Y agrega también la leyenda, que para curar el mal del cacique, los hechiceros de la tribu tuvieron que hacer muchos exorcismos… y las muchachas solas, las  lamaggaik ayudaron entonando su canción de soledad en un reclamo amoroso:  Iooo  sañoa… sañoa… sañoa

 

3.  EL  CHAJÁ

   

    El chajá es un ave muy discutida.

    Hay quienes la atan acerbamente, señalando la inutilidad  de su carne fofa con sabor  a jabón. Agregan además la molestia que ocasiona su grito estridente con el que  pareciera desafiar a quien se acerque.

    Otros en cambio, más dados a buscar condiciones buenas que a criticar  y escudriñar defectos, aseguran que el chajá es un precioso ejemplo de fidelidad; y es además, un ave muy útil al hombre, porque siempre anuncia con su grito, la llegada de los forasteros. Así, gracias al chajá, es muy difícil que las visitas inesperadas  y los indeseables asaltantes  tomen por sorpresa a los moradores  del rancho campesino.

    Siempre abrá tiempo de preparar unos mates sabrosos si la visita es grata…  o preparar la defensa si ella entraña peligro.

   Sea como fuere, la leyenda no es generosa con el chajá  y atribuye su oriegen a un castigo del Ñande Yara dirigida a dos lavanderas charlatanas, pendencieras y de mezquinos sentimientos.

      Era costumbre en la campaña  y sigue siéndolo aún, ir a lavar a las orillas del río o de los esteros. Las mujeres iban llegando con sus atados de ropa y ocupaban su sitio habitual,  pues… la costumbre da derechos… y algunas habían adquirido  ciertos derechos de sitio en las riberas del Paraná.

       Una mañana llegaron más temprano dos amigas  acompañadas de sus correspondientes maridos  y ocuparon un sitio que no les pertenecía. Era cómodo,  estaba a la sombra de un timbó… allí cerquita había una parte cubierta de gramilla en la que se podía asolear la ropa.

      Empezaron su tarea…  cuando de pronto llegaron  “las dueñas del lugar”.

      La discusión fue violenta y las intrusas ganaron por la fuerza.  Ellas tenían el apoyo decidido y enérgico  de sus maridos…  mientras que las otras estaban solas.

       Se reanudó la tarea… y el chasquido que producían las manos  enjabonadas al refregar la ropa, parecía una canción del trabajo, pero… no había paz.

       El sol ya calentaba fuerte y las mujeres seguían jabonando… jabonando.

       En eso pasó por allí una señora con un niño.

       Era una desconocida.  Tal vez se había perdido… y pidió a las dos lavanderas que charlaban sin cesar, un poco de agua limpia de su cántaro. Era para el niño.

       Estas se miraron… y se entendieron muy bien (porque siempre se entienden algunas personas) y aparentando una solicitud  rara en ellas,  ofrecieron a la desconocida un cantarillo rebosante de agua…

       El agua… pura espuma de jabón.

       La dulce señora…  ( que no faltó quien diga que fue Yasi, la luna) se alejó dolorida… es que su niño tenía sed… mucha sed.

      Un temor misterioso sobresaltó a las otras lavanderas. El  Ñandé Yara  podía enojarse con todas… y – para asegurar su inocencia-  empezaron ellas a castigar a quienes mostraron un corazón tan duro.

      Las dos egoístas huyeron juntas a reunirse con sus esposos…  diciendo agitadas  ¡ yajá, yajá ¡ (vamos, vamos ¡)

      Y era cierto Ñandé Yara  se enojó y… poco a poco ellas y ellos se fueron transformando a medida que gritaban y agitaban los brazos…  hasta verse convertidos en cuatro aves que recorrían el estero sin cesar..

      Aquellas parejas se fueron  multiplicando… pero el castigo del Ñandé  no les permitió recuperar sus antiguas formas.

      Sus descendientes siguen en pareja recorriendo esteros; cuando ven acercarse a alguien, gritan en recíproca invitación  a la fuga  yajá… yajá… grito que poco a poco se transformó en chajá.

     El temor que inspira en ellos la llegada de un forastero es atavismo; y… ese atavismo que los impulsa a gritar… hace que resulten cerca de los ranchos,  muy buenos centinelas.

 

4.  LAS CARUMBÉCUERA Y LOS  TAGUATOCUERA (Las tortugas y los gavilanes)

 

         Carumbé era una mujer  holgazana, perezosa y egoísta.

         Tan haragana era que nunca cosía las mantas.

          Tan perezosa… que, antes  de levantarse – cuando ya el sol estaba alto- sacaba un poco la cabeza, de entre sus cobijas deshilachadas, y la volvía a esconder…la escondía esperando dormir un poquito más . ¡ Que trabajasen los otros!

          Tan egoísta era como desconfiada. Cuando le pedían algo prestado,  por no hacer un favor, envolvía sus mezquinas pertenencias en su manta descosida y se iba a bañar con su carga a la espalda, asegurando que no tenía con qué vivir.

          Pero… si bien Carumbé era poco activa, en cambio era astuta… muy astuta.

          Un día mostró a un joven de la tribu una manta prolijamente trabajada con cueros de ratón  bien cosiditos uno al lado del otro. Estaban cosidos por una vecina, porque, claro, nunca falta alguna tonta comedida  a quien explotar… ni siquiera en las leyendas.

          Carumbé aseguró al joven que ese primor era – naturalmente- fruto de su laboriosidad.

          ¡ Y eso que la criticaban tanto!

          Como él era poco observador; y además inexperto y muy crédulo se casó  con, Carumbé  y en vez de corregirla  se hizo tan holgazán como su compañera.

          Y… como por desgracia las malas personas suelen juntarse… allí, cerquita nomás, había un matrimonio que tenía la mala costumbre de entrar en los ranchos en ausencia de sus dueños. Entraban con cualquier pretexto  y… siempre encontraban algo que llevarse.

          El se llamaba Taguató, y ella la  mujer de Taguató.

          El Ñandé Yara  ya estaba perdiendo la paciencia de verlos tan poco respetuosos de las cosas ajenas,… hasta que lo advirtió Añá  se puso muy contento… contentísimo.

          Se relamía mirándolos en sus fechorías y se dijo: “he aquí la pareja que me conviene”. Estos dos serán mis colaboradores y amigos… y… así nomás fue.(Ñandé Yara lo dejó hacer)

          Mientras estaban un día robando unos pedacitos de carne colgada en un rancho vecino, se notaron extraños… las uñas se les alargaban…  los pies se les ponían flacos…, se les estiraba la boca y se les aganchaba la nariz…

          Se miraron uno a otro asustados y,  al levantar los brazos movidos por el espanto, se dieron cuenta que echaban a volar. ( Los esposos taguatocuera [2] formaron la primera pareja de gavilanes).

         Volaron hasta la orilla de una laguna y se posaron en un árbol. Todavía seguían asustados, cuando vieron acercarse a Carumbé  y a su marido.

         Los  muy holgazanes habían cortado la manta en dos mitades ( una para cada uno ) por no hacer otra , y sólo les cubría la espalda. ¡ Qué indecencia!

          Iban a bañarse a bañarse como siempre. ¿ Para qué trabajar? Además podía llegarles visita y… ¿ A qué sacrificarse por los otros?

          Esta vez Ñandé Yara  se enojó mucho… muchísimo;  y para escarmiento de las mujeres holgazanas y de los hombres tontos  que las prefieren, allí nomás, en presencia de unos jóvenes que pasaban, trasformó a la pareja haciendo de ella el primer matrimonio de tortugas.

      Afirma la leyenda que, ni las Carumbecuera[3] perdieron su pereza ni los Taguatocuera  sus mañas.

 

5. EL CEIBO (Flor  Nacional)

 

         Ya florecen los ceibos… y, en las costas del Paraná, parecen borbotones  pregonando el sacrificio de una india que – lo dice la leyenda-  se ofreció en aras de la libertad.

        Bello holocausto de princesa india. Era hija de un cacique. Tenía la bravura heredada de su estirpe… y los guerreros la llamaban cariñosamente “Anahí”: Malita..

        Si, era brava Anahí…

        Un día se enfrentaron el acero español y la flecha guaraní. El león de Castilla y el yaguareté de las costas del Paraná estaban frente a frente. Todo parecía impregnado de una inquietud expectante…

        Hasta los pájaros desde sus nidos contemplaban la escena; el sol ponía color y brillo en los aceros…  y el agua rumorosa entonaba, con la fuerza de la corriente, una marcha guerrera  con acentos de profecía…

       De pronto, el cacique dobló la testa poblada de sudor… y  una mancha roja… bien roja, parecía fatídica llamarada en el pecho del guerrero guaraní.

       El poniente se teñía a la distancia con tintes de agonía; y… mientras los hombres  de la tribu huían  en dolorosa derrota  por la muerte de su jefe… el español  tornaba al barco… pero esta vez la victoria  dejaba en él  un sabor amargo… muy amargo:  en la costa había caído un valiente.

       Anahí no huyó… ; Anahí palpó la herida  fresca del indómito padre. Y… una fuerza  loca… fuerza selvática de virginal fiereza en que florecía  su raza, la obligó a  erguirse.

       Los vientos llevaron su grito de guerra… y las huestes convocadas acudieron al combate.

      El testimonio de la luna que se asomaba curiosa reemplazó al ardiente testigo que se ocultó de prisa.

      Anahí cayó prisionera… y  la oscura bodega del barco fue su calabozo.

      Ella… Ella…, en el oscuro calabozo sin ver el sol…, sin contemplar la luna …, sin mirar la tierra… sin gritar sus derechos !

      Uno tras otro los lebreles y carceleros fueron cayendo. Anahí parecía una débil mujer… Pero era una cachorra de tigre americano… heredera de una estirpe que no quería entregarse.

      Ya había caído el tercer centinela  en vergonzoso y oscuro combate  allá en la bodega  del barco español… y,  la ira del capitán no tuvo límites. Esa rebelde merecía la hoguera.

       La leña colocada al pie de un árbol ribereño… y  sobre los leños: Anahí, fuertemente atada al tronco..

       Ya subían las lenguas de fuego envolviéndola toda… y el tronco amigo pareció suspirar hondo… muy hondo. El  corazón del árbol hospedó a la bella muchacha a quien los españoles vieron desaparecer.

       Poco después, en las ramas del árbol generoso, brotaron flores rojas… bien rojas que agitadas por el viento parecían desgranarse en arengas.

      Es Anahí que, año tras año, sigue gritando a todas  las generaciones, que nunca es más bello el precio de la sangre que cuando se vierte en defensa de la libertad.

…… Un gorro frigio nos habla con elocuente simbolismo desde el corazón de nuestro Escudo Nacional… y mientras recordamos con los maestros  argentinos que “ Dios hizo a los hombres y soberanos a los pueblos”,  en las costas del Paraná los ceibos empiezan a florecer.

 

6. LEYENDA DEL HORNERO O ALONSITO

 

      ¿ Quién no conoce al hornero o pájaro gaucho, que con su traje democrático, sobrio de trabajador trae suerte al hogar de los campesinos?

        Porque, la superstición popular lo afirma: “ En casa con nido de hornero no caen rayos”… y, como las supersticiones suelen ser a veces  más respetadas que las leyes, el pájaro albañil tiene el privilegio de hacer su nido donde quiere: en los horcones del rancho, en el crucero del pozo, en los postes de los corrales o, ¿por qué no? en las cornisas de las casas de construcción más sólidas.

       Nadie se atreve a robar los huevos del hornero; y menos aun, a destruir su nido de barro, que vieron construir en todos los campos argentinos.

       Los tobas de las costas del Bermejo y también los guaraníes de Corrientes, cuyo antagonismo tiene serios precedentes en la historia de las tribus del Chaco y de nuestra provincia vecina,  están sin embargo muy de acuerdo  con respecto al origen de este simpático pájaro que llaman  cariñosamente “Alonsito”.

      Muchas veces me pregunté: porqué en ésta y sólo en esta región de la Patria se lo llama así; y  esta imaginación mía me trajo como sugerencia, a modo de explicación, el recuerdo de un hombre cuya figura registra la historia: el fundador de la primera ciudad chaqueña, que hiciera construir las viviendas con barro. Don Alonso de Vera y Aragón, a quien allá por mil quinientos ochenta y cinco, los habitantes de Concepción de la Buena Esperanza, del Bermejo y tribus vecinas, conocieron en su arrogancia… si bien algunos lo apodaron con el feo nombre de “cara de perro”, otros en cambio lo habrían llamado “don Alonsito”.

      Y suena tan lindo ese nombre “Alonsito”, justamente porque en el Noreste argentino, corresponde a un pájaro que es ejemplo de afecto y fidelidad.

      Quienes hemos pasado la infancia en el campo y tuvimos ocasión de observar  ese gran escenario que nos brinda la Naturaleza con sus artistas,  siempre en condiciones de ofrecer  gloriosos idilios como el hornero… o terribles dramas como el Caburé, conocemos la solicitud  con que construye su hogar de barro, con “sala y alcoba” siempre atento a la seguridad de la familia.

       No quiere el alonsito que su amada y sus hijos estén expuestos  al peligro de algún diente o de alguna garra o de alguna mirada intrusa.  Por eso construye el nido, que es “creación de amor” con precauciones extremas y seguridades a toda prueba.

      Tiene dos habitaciones: un vestíbulo con puerta hacia el Norte y a continuación la alcoba nupcial bien resguardada. La pareja de horneros es muy reservada y  considera sagrado el recinto de sus intimidades  y secretos.

       En torno a tan singular pajarito la tradición oral,  con ligeras variantes nos ofrece esta leyenda.  En cierta tribu había un joven guerrero muy apuesto y una jovencita esbelta…, más esbelta que los juncos de los esteros y cañadas.

        El guerrero y la joven estaban enamorados; pero el cacique elegía entre los mejores para esposo de su hija y… el joven era uno de los mejores.

        Entonces, dispuso que todos los guerreros apuestos  participaran de unas pruebas de competición para ganar a la hija del cacique.

        El joven guerrero tuvo que alistarse  obligatoriamente y triunfaría  en todas las pruebas. Su honor, su linaje, su arrogancia, su temple de luchador, le acordaban el premio: sería suya la hija del cacique.

        Avanzó el tribunal…  con la solemnidad de los rituales primitivos; pero… a medida que se acercaba el Jefe de la tribu, el joven iba achicándose, achicándose presa de un extraño temblor. Por último dio un salto, y convertido en pájaro voló hasta la copa de un árbol.

       Poco después, otra avecilla igual  se le reunió y entonando una canción de amor,  fueron a preparar su nido de barro.

       La joven esbelta como los juncos y  el bravo guerrero de la tribu, formaron la primera pareja de horneros por obra del amor, y… frente a la obra del amor, todos se rinden en respetuoso homenaje.

       Lo respetan los campesinos,  lo saludan los vientos… lo acarician y refrescan sin dañarlo las lluvias amigas,  y le cantan los poetas.

 

 

7. LEYENDA DE LA PALOMA

 

Después de crear la Naturaleza, el GRAN GENIO, y antes de crear la primera pareja humana, quiso  crear  un  ser  manso… humilde.. y  preferentemente   blanco… destinado  a demostrar algún día  a los hombres cómo es el corazón  de las criaturas humildes… y, por humildes y mansas , más gratas a la contemplación de su creador.

       Recorrió muchos lugares… hasta que, a orillas de una laguna,  encontró tierra blanquecina y con su barro, pudo hacer después de  muchos ensayos, la primera paloma que lo dejó satisfecho…  muy satisfecho.

       La paloma era linda…, muy linda;  … mansa…  muy mansa, humilde y pacífica; pero… no parecía feliz.

       Es que se había mirado en las aguas  y se había visto distinta de todas las otras aves; era más blanca que todos los otros seres de su alrededor.

       La paloma no conocía el valor de la blancura, porque – ¡ qué casualidad! todavía no había hecho el Gran Genio , flores de ese color.

       Por eso… tuvo vergüenza de ser blanca. ¡ Pobre paloma!

       Con la congoja de los humildes gimió  en continuo sollozo: u  u  u  u

       El Gran Genio  miró hacia abajo. Estaba recreándose en la contemplación de su obra…. cuando, de pronto, advirtió los gemidos; y al escuchar ese lamento triste, se acercó a la desconsolada avecilla.

      La vio sufrir y,… – a pesar de considerarla la más bella de sus criaturas- ¡ cosa rara!, la dejó con su dolor. Parecía demasiado satisfecho de su obra.

      Ella no comprendió entonces… no podía comprender…

      Se escondió en la espesura de la selva y tradujo su angustia dándose picotazos en el pecho.

      Quería destrozarse el corazón…, ese corazón que parecía ahogarla.

      El dolor le quitó el sentido y el rocío de la mañana se lo devolvió al día siguiente.

       Amaneció afiebrada;  necesitaba beber agua fresca,  y… al acercarse a  la laguna más próxima, vio reflejada una mancha roja que tenía su blancura, producida por la herida.

      ¡ Pobre paloma herida…  pobre palomita blanca embellecida  por las señales del dolor!

       Se encontró extraña… Arrepentida y temerosa se presente ante el Gran Genio  y él la encontró más hermosa aún. La mancha era ocasionada por una herida del corazón  y eso no lo había previsto para acrecentar la belleza de sus obras.

       En vez de amonestarla, alentó a la cándida avecilla, y admirando su valor  quiso perpetuar la manchita para recordar algún día a los hombres, que quien ha conocido el dolor… florece en tonalidades de belleza incomparable.

      Y,  no faltó después  algún misionero, que, al recoger el acervo espiritual aborigen en materia de folclore, completase la leyenda firmando que ese corazón humilde, manso y sangrante, perpetuaría en las selvas de América, el recuerdo de otro corazón sangrante  cuyo simbolismo desentrañarían los tiempos.

       Y los tiempos… qué bien desentrañaron el simbolismo de un corazón sangrante… y de la fuerza redentora del dolor.

….. Esas palomitas que en algunas regiones han ido cambiando algo su tinte blanco…, no cambiaron  la candidez de sus sentimientos, ni la humildad y pureza de su estirpe mansa… y; si siguen escondiéndose en los bosques argentinos, en los que todavía se escucha su gemido: uu… uu… uu… uu… que adquiere ante los oídos de algunos hombres, ecos de fervorosa oración.

 

8. LEYENDA DE LA MUJER

 

    El Noreste Argentino ha sido escenario de muchas creaciones del  Gran Genio. Así lo afirman todas las tribus que habitaron esta región, fecunda en leyendas y en personajes mitológicos.

    Hay un punto en que las tribus están de acuerdo con respecto a la mujer: ella es inferior al hombre; debe subordinársele en todo. Bueno, en todo lo que no sea el trabajo. En eso… ella debe ser la primera.

     Los guaraníes lo explican de una manera muy sencilla: el Ñandé Yaya  o Gran Genio, jefe de los Iyaras hizo dos hombres; los hizo directamente él y después mando a uno de los Iyaras , o servidores suyos,  que hicieran dos mujeres, uno para cada uno y se las entregara.

….. Ellas, por consiguiente, no tienen la misma prosapia que el varón.

      Los tobas y los mocovíes, con algunas diferencias, atribuyen a la mujer un origen misterioso.

      Según ellos, hace muchos años la vida era muy linda y fácil. Los hombres eran pocos; vivían tranquilos, iban a l monte a buscar frutas y raíces o a cazar… pescaban en el río  y… todo lo repartían como hermanos. Se acostaban cuando veían acostarse el sol  y se levantaban cuando el sol empezaba a asomarse al nacer el nuevo día.

      Cierta vez… la cacería fue extraordinaria; los hombres volvían cansados… y con muchas presas para repartir. El sol ya se ponía dormilón cuando llegaron al paradero. Tan fatigados estaban, que dejaron las presas amontonadas y se echaron a dormir.

     A la mañana siguiente amanecieron hambrientos. Fueron a realizar el reparto, pero.. ¡Oh! Sorpresa.  No había nada; sólo encontraron rastros de unas pisadas que parecían de hombre. Era increíble: no había en los alrededores más hombres que ellos… y  estaban todos. El misterio los conmovió profundamente y resolvieron investigar acerca de la existencia de esos seres con pies de hombre, invisibles durante el día.

     Se internaron en el bosque; extrajeron miel, frutas, raíces en abundancia… y dejaron todo junto en un lugar estratégico: Mientras los demás se fueron a dormir,  quedaron algunos de centinela y,… ya bien entrada la noche,  vieron una cosa extraña, muy extraña. Del cielo comenzaron a descender unas sogas y… en la punta de cada una, venía un animalito muy parecido al hombre; pero que  no era hombre: ¡ Era muy lindo!

     Despertados oportunamente todos los demás, se ocultaron tras de los árboles, entre los matorrales y las enredaderas, y se pusieron a observar. Aquellos seres que parecían tan lindos, querían llevarse todo. Salieron ellos de su escondrijo… cortaron las sogas y tomaron prisioneros a los personajes que resultaron ser las mujeres  a quienes llamaron lamaggaik y allí vino lo grave. Primero eran de todos.  Les enseñaron a extraer raíces, a recoger frutas, a preparar la algarroba, a buscar el corazón de las palmeras… y también a limpiar y aderezar el pescado. Y… como resultaron útiles,  y todo lo hacían bien y… como además eran lindas, cada uno quiso tener una mujer para el solo. Y… en el reparto- como no alcanzaban – riñeron por primera vez y así se originó la primera guerra.

    El número de hombres descendió considerablemente a tal punto que alcanzaron una para cada uno. Después el Coptanoón  debe haberlas perdonado pues tras de muchas lunas, en cada toldo se oyeron vagidos de niños  y las notas del llanto infantil tenían acentos de esperanza..

    La mujer cobró jerarquía… pues si por ella habían muerto muchos varones en lucha fraterna… por ella se multiplicaron los hombres, como los cachorros de la selva y como los pichones de los nidos.

     Desde entonces la mujer… cuyo origen sigue siendo un misterio para los tobas, empieza a valer, como persona, con el comienzo de su maternidad  que es para ella algo así como una redención y… por eso tal vez, la mayor pobreza que se puede ostentar ante la mirada de una toba es no tener marido.

     La gratitud de la india para con quien la saca del oprobio es la esterilidad permitiéndole ser  alguien, no tiene límites.

     Es la servidora agradecida, atenta y leal de su lalamaggat al que se dedica por entero, cambiando así su nombre de lalamaggaik por el de lamogguá , que quiere decir : mujer con dueño.

     Cuando por alguna causa es abandonada, cosa que rara vez ocurre en las tolderías, la pobre india llora su desventura y, en una tentativa última,  canta  en las noches de luna llena; canta su congoja y su esperanza. Canta tratando de hacer de los vientos sus aliados, para que los ecos de su canción le digan al ausente cómo es su dolor, pero cuál es también  la alegría que espera entregarle si retorna al hogar.


Iooo sañoa  sañoa  sañoa

Iooo sañoa  sañoa  sañoa

Iooo  sañoa  sañoa  sañoa

Iooo  sañoa  sañoa  sañoa

Iooo  sañoa  sañoa  sañoa

Esañoa  esañoa  esañoa

Esañoa  esañoa   sañé

Iooo  sañoa

Eioooo  soooo

Iooo  sañoa

Eiooo  sañoa

Iooosooo  o  iooosañoa.


      

Al escuchar el canto no tardarán en asociarse a su intención  las mujeres vecinas, hasta que  – para ayudarla  y reforzar la súplica – intervienen también algunos hombres y… hasta los animalitos de los esteros  y de la selva; resultando así un concierto de inspiración primitiva con caracteres de ritual selvático.

       Si el ingrato no volviera  durante esa luna, es porque no ayudaron bastante a la hermana dolorida… o porque el ausente está poseído  de los malos espíritus  y  hay que recurrir a los hechiceros.

      Después de los exorcismos y el vigoroso jele jele  coreado por todos  con fieras contorsiones  en torno al toldo abandonado…, aseguran que siempre vuelve.

 

9.LEYENDA DEL SAPO

 

     Hasta ahora referí leyendas aborígenes vinculadas con el Gran Genio, autor de todo lo bueno, al decir de los tobas.

      Hoy me referiré a  Cagüen , el genio maligno autor de todas las desgracias.

      Su solo nombre repugna al espíritu toba, que es inocente… y noble… candoroso, como el de los niños.

      Así como el Coptanoón hizo del sol su habitat, pues sólo estaría a gusto viviendo en la luz… el Cagüen con su séquito de servidores maléficos,  habita en la sombra, en los lugares húmedos y oscuros… en la espesura del bosque, en la que no se filtran los rayos del sol… y muy especialmente en el nublado, al que Noón  logra vencer siempre barriéndolo con el viento o con la lluvia.

     Así como el Gran Genio tiene a su hijo dilecto el “Chimiggaichik”  o el picaflor, el Cagüen también tiene el suyo, tan oscuro y feo como él, es el Cologalogó al que nosotros llamamos sapo.

    Dicen nuestros hermanos, los tobas, que el sapo es producto de la envidia. Por eso es tan feo.

    Ocurrió así: Cuando el Cagüen  vio al Chimiggaichik, en quien pareciera gloriarse la luz del sol…, pensó hacer con él  otra criatura, a quien admirasen los vientos,… las plantas… y temieras todos los seres de la tierra.  Sería su hijo dilecto… su hijo de confianza… algo así como su secretario privado… y  tendría un nombre destinado a impresionar a los tobas, con su sonoridad. Lo llamaría “Cologalogó”.

    Dicen que puso Cagüen todo su arte, todo su espíritu,  todos sus afanes en esta obra trascendente.

    Amasó barro de una poza inmunda…,  tomó de su habitat, la sombra,  el color que le imprimiría el tono externo de su parentesco…, después quiso infundirle su espíritu para que en todo se pareciera a él; y al soplar con las fuerzas todas de su sentimiento de envidia, le estiró la boca alargándola hacia los costados …,  y al agrandarse la boca empujada hacia atrás. Le saltaron los ojos.

…. Después… el Cagüen  le dio un beso paterno que dejó manchas en el cuero rugoso… y, para terminar, lo consagró caballero de la fidelidad y custodia del honor de su estirpe… y levantándolo bien alto lo echó a volar.  La criatura cayó pesadamente al suelo y empezó a saltar rumbo a la sombra. El Cagüen  había creado el  sapo..

     Y… si la figura del cologalogó es opuesta en toda su torpeza a la grácil figura del chimiggaichik su misión no es menos opuesta.

     Mientras el chimiggaichik ama la luz y se lanza a los aires en cumplimiento de su nobilísima misión, el colagologó odia todo resplandor. Lo odia tanto, que durante el día se esconde bajo las tablas… tras los muros…, y busca preferentemente los sitios húmedos y putrefactos en los que toma íntimo contacto con su progenitor.

    Cuando en los días que preceden a las tormentas, el nublado se hace denso… tan  denso que oscurece el sol… ríe el  colagologó  complaciéndose en el triunfo de su padre…, ríe estirando la bocaza fea… y levanta su voz sonora como pregón de tinieblas… para anunciar el triunfo de Cagüen.

    Es entonces  cuando, ciertas personas que sólo conocen  las consecuencias por la observación de los hechos, dicen con indiferencia: “ lloverá  porque canta el sapo”, Los tobas frente al peligro de la oscuridad que amenaza en pleno día, inician sus imploraciones y terminan con insultos al estúpido secretario, que sólo sabe esconder su figura pesadamente ridícula y… desde su escondrijo levanta su ridícula voz.

    Carcajadas triunfales, destinadas a demostrar al genio que no se le tiene miedo… y escupidas de asco son la culminación  de los exorcismos que hechiceros y amigos realizan para conjurar la astucia de Cagüen  y la estúpida alegría de colagologó.

    Por eso… cuando  empieza a llover… y se apaga la voz del sapo… los exorcismos tobas parecieran quedar prendidos en el bosque como un desafío     Hera,  Hera… 

 

10. LEYENDA DEL PICAFLOR

 

    El picaflor, a quien los indios llaman  “schimigaichik”, es un pajarito sagrado que jamás se atreverían a herir.

    Esta graciosa avecilla, oriunda de América, es nada menos, que   la expresión de la libertad…, y nada menos que la libertad de los espíritus.

    Es el hijo dilecto del  Coptanoón, que tiene aquí abajo muchos servidores, pero cada uno con un destino diferente.

    Y el destino del picaflor no puede ser más bello: liberar a las almas de un castigo que las tiene errantes y alejadas de su morada final.

    El genio máximo, sostienen los tobas, no hizo las almas para la tierra, sino para la luz y para las alturas.

    Castigadas por una falta de misericordia, sus almas están condenadas a no subir hasta el Genio, por si mismas.

    Desde que ocurrió esa desgracia tremenda, hace mucho tiempo, cuando un toba se muere, sus hermanos lo entierran en un lugar florido del bosque, casi siempre en la orilla.

    Le dejan la cabeza afuera  durante varios días y,  para evitar que los hambrientos caranchos lo hagan presa de su apetito y voracidad…, lo cubren con ramas de espinillos.

    El alma del difunto se escapa por la nariz… o por los ojos…, o por la boca y busca refugio en alguna flor próxima; pero… como la vida de las flores es tan breve, tiene que buscar frecuente refugio,  y así anda errante recordando sus pasadas culpas…, de flor en flor.

    Después… los tobas cubren piadosamente la cabeza yerta; y así el cementerio aborigen parece un conjunto de hormigueros o tacurúes.

    El  Noón  contempló un día esos sitios  de aquí abajo… y vio también a las almas errantes buscando refugio entre lianas y yuqueríes.

   Conmovido, tomó haces de luz de su luminosa habitación y formó una nueva criatura, a la que infundió su espíritu con chispas aladas de amor a la libertad…, con un corazón dispuesto al sacrificio por la liberación de los espíritus esclavizados…,  y con un pico largo… largo… capaz de extraer de las entrañas  de las flores silvestres, las almas refugiadas en ellas.

 …Esa criatura es el schimigaichik  o picaflor, que en los días de sol cuando así lo dispone el Gran Genio, anda volando por los bosques y chacras,  inquieto y tembloroso por la emoción de su destino, se detiene de flor en flor. Busca almas para llevarlas al  Genio.

    Por eso los tobas aman y respetan al schimigaichik.

….Por eso no hieren a los picaflores…, y por eso,  cuando los días nublados se suceden insistentemente… y los schimigaichik  no se acercan a las costas floridas de los bosques de mi provincia, imploran los tobas:      iooo  sañoa   sañoa  sañoa  iooo  sañoa    sañoa   sañoa  iooo…   sañoa …      iooo  sañoa   sañoa    iooo  sañoa …sañoa…sañoa ………

 

11. LEYENDA DEL CARPINCHO

 

       Nuestros hermanos, los tobas, son generosos y solidarios.

       Entre las virtudes que cultivan las tribus, para asegurarse los beneficios de la luz y la protección del Noón , se cuenta en primer término la generosidad.

       Tal vez la tradicional hospitalidad gaucha de la que tanto hacemos gala los argentinos de ley… tiene su inspiración en las tolderías.

       Allí todo se comparte, todo, hasta los castigos. Los tobas tienen un sentido social invulnerable a toda costumbre extraña; de manera tal, que el egoísmo no puede sentar sus reales en la tribu.

       El sentido moral de los valores colectivos  no les permite expresarse en singular; en último caso el “yo” equivale al “nosotros”; no hay “mío” , sino “nuestro”.

       La hospitalidad es un deber. Hecho ley en la carne y en la mente de cada uno, y consideran que faltar a ella trae males tremendos

…….Todavía tienen presente un castigo aleccionador que recibieron por culpa de una hermana de sentimientos mezquinos.

        Cuenta la leyenda que, hace mucho tiempo, cuando todo era paz y alegría; caía la tarde las mujeres preparaban el magno alimento con raíces y pescados… los hombres en rueda fraterna, compartían sus pitadas mientras conversaban sobre los accidentes de la pesca.   De pronto… a la vuelta de un bosquecillo de espinillos, apareció una vieja. Venía cansada… se había perdido…, ya no podía volver a su toldería sin que la sorprendiese la noche… y pedía asilo a los hermanos.

       Un toba la escuchaba en silencio,… y… cosa rara; no quiso ayudarla. Saliéndose de la ley tribal, con gesto terminante de negación absoluta le contestó: caicá  ( no hay)…

    .. No había hospitalidad para la fatigada y triste peregrina… y la vieja al perderse tras el montecito de espinillos gimió dolorida y acongojada.

        El cielo empezó a cubrirse de nubes. Los truenos rompían el aire, amenazadores…, y  hasta el rayo apareció como dando latigazos, aquí y allá.

        Una lluvia persistente y furiosa cayó durante días y noches, castigando a los tobas, ya hambrientos.

        Al fin, pareció aplacarse la ira del Noón, el sol de un día nuevo brilló cual promesa de perdones dorados, con sonrisas de esperanzas jugueteando  sobre los pastos verdes y tiernos…

        Los hombres y las mujeres fueron juntos al bosque… y, oh!  dolorosa sorpresa: el castigo era más grande que los truenos  … mayor que los relámpagos; más terrible que el nublado mismo…  Allí, tumbado en el suelo estaba un árbol sagrado, el más alto del bosque,  cuyas ramas antes se confundían con las nubes.

      Por ese árbol las almas de los muertos, trepándose de rama en rama, subían a reunirse con el genio.

      Azorados observaron el tronco cortado por dientes menudos… y… allí, a poca distancia, vieron alejarse una figura extraña. Era la vieja que, transformada en carpincho había derribado el vínculo que los unía al Noón.

       Desde entonces, las almas de los tobas no tienen por donde subir  a la región luminosa donde habita el genio..

       No volvieron a crecer árboles de esa especie; porque los  carpinchos, multiplicados, siguen destruyéndolos en cumplimiento de la antigua maldición.

 

12. LEYENDA DEL PALO BORRACHO

 

      El Coptanoón, que había creado aquí abajo todo cuanto la Naturaleza ofrece se detuvo a contemplar a sus hijos – cuyos cuerpos habían animado con chispas de luz – y antes de retirarse a su luminoso habitat dejó servidores que los auxiliaran.

      Entre los seres que tenía a su servicio el Genio, poderoso y justiciero, había animales y plantas…, y entre éstas, un árbol cuyo oficio era procurar maternalmente que no faltase alimento a los tobas de las costas del Ipití ( río Bermejo).

      Este árbol tenía el tronco abultado, como si fuera un vientre grávido; y de sus entrañas, dicen que salía el germen de muchas vidas acuáticas, cuyo alimento cotidiano hacía  fácil la existencia de los hombres.

      Cuando disminuía la pesca y ellos encontraban amenazadas de esterilidad las aguas del Ipití, realizaban en torno al árbol ventrudo, a quien comenzaron a llamar “ la madre”, ceremonias y rituales destinados a peticionar abundancia de peces.

      Y, “ la madre” parecía escucharlos: su vientre se iba hinchando más y más, para luego agitar allá adentro sus entrañas,… y tras el misterio del abultamiento, la generosa respuesta se traducía en alimento abundante. Si los ruegos habían sido atendidos; las aguas – hasta entonces quietas – empezaban a moverse y a llenarse de peces que la madre gestara pródigamente en su  seno.

      Este acontecimiento era celebrado durante semanas enteras,  con danzas y canciones que ponían acentos de inspiración agradecida en amas márgenes del Ipití.

       Un día… ya había pasado el invierno,  las tribus habían reñido… las aguas estaban quietas… y los peces se movían en la costa. Ya iban quedando pocos.

        Los tobas se acercaron a “la madre” y entonaron sus peticiones.

         Durante muchas noches, apenas salía el lucero,  las notas angustiosas de un himno  suplicaban:  Era, era, era, gait…

         Pero el árbol parecía indiferente  ¿ es que estaba enojado?

         Y allá se perdían los ecos, tras el último ramaje: era, era, era, gait…

         La angustia iba en aumento… el hambre ya se sentía… ¿ Es que “la madre” estaba enojada?

         Y no faltó el ingrato que,  preparó su arco… eligió una flecha fibrosa… flecha de guerra, con el huesito en la punta para que lastime y penetre hondo… y apuntó al vientre de “la madre”  que ya empezaba a abultarse lentamente.

        Al traspasarlo, arrancó con el grito temeroso de la tribu, el trueno en que rugía la ira del Noón.

        Se enlutó el cielo,  y… a lo lejos, un ruido extraño se sintió venir como amenaza justiciera…

         Los tobas tuvieron miedo… vieron agitarse las aguas  que parecían teñirse en sangre… y,  el río empezó a crecer, a crecer,  de un modo alarmante,  como si persiguiera con su furia a los ingratos.

         Estos, ocultándose tras los bosques vecinos, se alejaban huyendo del castigo.

         Cuando el río pareció aplacarse y las aguas volvieron al cauce  fueron en busca del árbol herido para pedirle  que los perdonase. Lo encontraron si con el vientre cubierto de gruesas espinas  con las que parecía rechazarlos.

         Las suplicase repitieron una  y otra vez…   Iooo  sañoa   sañoa   sañoa  iooo   sañoa   sañoa   sañé  e  sañoa    e    sañoa    sañé

         “ La madre” debe haberlos perdonado, porque dicen que en el Bermejo siempre hay pesca. Pero… eso si, el ruido de la creciente que baja enfurecida todos los años, les recuerda ese episodio, mientras las aguas teñidas de rojo de ese río al que ahora llaman Inaté, les está mostrando el horrible castigo que trae  el revelarse contra “la madre”.

         ¿ Que ella los perdonó? ¡ No cabe duda! La prueba está en que las flores del palo borracho, como algunos dieron en llamarlo después, son cada vez más hermosas.

         ¿ Por qué entonces la coraza de espinas? Dirán algunos que “la madre” lo perdona todo; pero el justiciero no perdona  que se ultraje a una criatura tan digna de respeto y veneración.

         Un hombre arrojó la flecha… y el Genio  supo dónde poner las espinas.

         Todavía ahora, en las noches de luna llena, cuando la crecida arremete en salirse de madre… los tobas cantan  en la lejanía de los bosques:   eiooo  sañoa, eiooo  sañoa,  e   sañoa   e   sañoa   sañé

 

13. LEYENDA DEL TIMBÓ

 

En la vasta llanura chaqueña la vida era fatigosa y dura durante los meses de verano.

            Atravesando grandes distancias, a pie o a caballo,  se encontraban algunos modestos caseríos  visitados de vez en cuando por algún ciego y su lazarillo.

            La llegada del ciego con estampas y baratijas y algunos libros de viajes  o vida de santos, era  siempre un acontecimiento; y… al modo de los juglares, el viajero encontraba hospitalidad y afecto en los abnegados pobladores del Chaco legendario.

Un día Timbó, anciano ciego, atravesaba el campo chaqueño con la ayuda de su lazarillo..

             La saca enorme contenía los alimentos para el viaje y los libritos para la venta. La mano apoyada sobre el hombro de su lazarillo se hacía cada vez más pesada;  y los ojos sin luz sentían, a pesar de las sombras eternas  las fuerzas de las brillazones que castigaba la mirada dulce del lazarillo, a quien Timbó amaba como a un hijo.

            Iban atravesando una cañada. Era a la siesta.

            El niño miró hacia el cielo y vio a los pajaritos volar libremente;  miró hacia el bosque… y la agreste selva parecía entonar allá lejos, con la música del ramaje verde, himnos de libertad para invitarlo a disfrutar de un derecho común.

           Él, siempre había  tenido que vivir sujeto a Timbó, el amigo que lo trataba bien, pero cuya mano temblorosa  siempre sostenía sobre el hombro como un peso que lo esclavizaba.

           No había tenido amigos de su edad.

           Estas reflexiones hechas a campo traviesa, dieron al lazarillo una fuerza extraña…, tan extraña, que sin saber cómo, separó bruscamente la mano de Timbó y echó a correr en aras de la libertad.

          El ciego no pudo comprender lo que pasaba. Llamó al niño una y otra vez. Lo esperó confiado porque lo amaba y creía en su lealtad. Sus ojos en eterna noche  no pudieron contar las noches y los días; pero él esperaba… esperaba… echando el oído en tierra  con la esperanza de escuchar sus pasos.

         El viento de la cañada se mostró implacable;  la lluvia le caló los huesos, y un frío de muerte recorrió el cuerpo del anciano. De pronto creyó escuchar unos pasos; una tibieza amorosa recorrió su cuerpo, y derramando cálidas lagrimitas, se sintió transportado a una región muy hermosa.

        El corazón no le latía más.

        Llegó la primavera. En aquel mismo lugar creció una plantita, primero tímida y temblorosa como la mano de un anciano que se tiende pidiendo caridad…  después fuerte y vigorosa, como un corazón noble que confía y espera.

       Pronto fue esa planta más alta que la selva vecina. Tenía prisa por crecer y ya en lo alto se cubrió de flores, pequeñas como lágrimas, para mirar a la distancia. Quería ver… después multiplicó sus orejas y agachando las ramas hacia la tierra  pareciera que todavía confiara escuchar los pasos del ausente.    

     Esta es la leyenda del timbó, un árbol de la región, cuyo fruto, llamado vulgarmente “oreja de negro” cae al suelo siempre del mismo lado como una oreja en actitud de escuchar.

      Y dicen las gentes del campo, que los que viven en ranchos a la sombra de algún timbó jamás se traicionan porque el timbó es símbolo de lealtad.

 

14. LEYENDA DE LOS MONITOS Y DE LOS VIENTOS

 

       Hay en los bosques chaqueños  unos monitos muy graciosos a quienes la mayoría de las personas llaman “titis” y que nuestros hermanos, los tobas denominan “miriquinás”.

        Tienen la cara redonda, distinta de los otros simios,  los ojos también redondos que,  hasta cuando parecen  reír  encierran  tristeza… mucha tristeza.  De niña… recuerdo haber sufrido oyéndolos llorar al caer la tarde.

         Para la fantasía del indio todo en el bosque, y fuera de él tiene su historia. Los monitos también tienen su historia  y… los vientos la suya; ambos tienen un vínculo en común: la madre

         La leyenda… o historia dice  que había unos chicos traviesos que durante la siesta,, en alarde de desobediencia, se escaparon de la choza y se subieron a un pindó1  a comer coquitos.

       Pocos minutos después pasó por allí un niño huérfano; tenía hambre… y viéndolos comer, les pidió una frutita.

       Los muy pícaros comenzaron a burlarse; comían la pulpa de los cocos y le tiraban el carocito pelado

       El pequeño sufría mucho. Cuando siguió su camino, tenía los ojos húmedos; pero Coptanoón, que no deja de contemplar las acciones de aquí abajo, castigó a los egoístas  condenándolos a no ver más a sus madres.

       Fue así como, satisfecho su apetito… redondas las barriguitas de golosos desordenados, intentaron bajarse y no pudieron.

       Llamaron a la madre…, pero ya era tarde. Coptanoón  la había llevado lejos… muy lejos. Ellos no la vieron más.

       Por eso su mirada es siempre triste…, sus ojos parecieran querer escrutar las grandes distancias.

       Un día los traviesos, convertidos en monitos, sintieron tras angustioso remordimiento, algo así como un consuelo, traducido en caricias. Un aliento maternal  los besaba envolviéndolos en dulce manto de frescura y cariño.

       Era el viento. La madre no había podido olvidarlos.

        Allá lejos… muy lejos, había generado con suspiros nuevos hijos, son los vientos , con los que trasmite hasta ahora, sus caricias a los huérfanos que ya no la pueden ver.

       Por eso, cuando el calor se hace intenso, en los días de verano y “ no se mueve ni una hoja”, lloran los monitos en la selva. Lloran por la eterna ausencia de la mamá.

       Por eso también, cuando la primera brisa fresca conmueve el bosque, y se acerca a los “miriquinás”, éstos redoblan sus lloros, en un temblor esperanzado…, como el de los niños, que desde la cunita  sienten aproximarse los pasos de su madre.

       Después…, el beso del viento…, un poco más fuerte cada vez, y luego: lágrimas, muchas lágrimas. Lágrimas que todo lo fecundizan: la lluvia.

       Y… la selva toda; y el campo vecino, reciben los beneficios de la lluvia.

       ¡ Benditas lágrimas que mueven el mundo  y que sólo a los corazones impermeables dejan indiferentes!

       Nuestros hermanos, los tobas, que crearon esta leyenda, aman a los vientos; los aman y los consideran de buen augurio, aunque  a veces arrastren consigo sus chozas . con los vientos no se enojan nunca, porque sería rechazar a la madre que los besa, en suave caricia cuando la brisa es leve…, en desbordante amor  cuando el aire se mueve con fuerza…, en reprensión enérgica, cuando el remolino sacude la toldería  y arroja lejos los míseros enseres…

      Es la madre, piensan los tobas… y ante la madre, nadie se revela.

      ¡ Cuántas lecciones del corazón podrían aprenderse en las tolderías.!

 

 15. LEYENDA DE LA PASIONARIA

 

      Esta es una  leyenda de amor, que encierra una historia triste… muy triste. El sacrificio de las criaturas nobles, víctimas de los prejuicios, cuyo compromiso sellaron en el más profundo secreto y no quebrantaron jamás.

      Había llegado un día un capitán español… y con él, una hija cándida… delicado exponente de la belleza hispana.

      Y… como ocurre siempre, la doncella se enamoró; pero se enamoró de un amor imposible, de un cacique del lugar.

      Ambos jóvenes mantenían en secreto su cariño,  hasta que un día… el capitán buscó esposo para su hija; y lo buscó, naturalmente, entre los suyos.

      ¡ Cómo comprendió la niña blanca… cómo supo el varón de la tribu lo que son las heridas del corazón!

       Ella se tornaba triste… languidecía. –Él, rugía en angustia y desesperación.

       Cierta vez, cuando la tarde agonizaba y el sol pintaba en sangre el bosque vecino, ella acudió temblorosa a la cita…;  pero él, el arrojado, el valiente,  no pudo llegar. Había sido muerto por la navaja de un español.

       Cuando una india le relató el suceso, ¡ pobre española enamorada! … transida de dolor, corrió hacia el cuerpo del amado. Ella misma cavó la fosa, honda… bien honda, para que cupieran los dos.

       Después, mientras se atravesaba el corazón, se iba apretando más contra la fosa  y su muerto.

       Un manto de tierra cubrió los cuerpos de aquellos infortunados… y… un día, en aquel mismo lugar, donde la tribu y el español habían aprendido a pasar en silencio, con la cabeza baja; comenzó a crecer una planta desconocida, que se trepaba por los viejos troncos vecinos, como para brindar a sus rugosos y envejecidos cuerpos, la frescura de unos amores jóvenes y puros. Aquella planta misteriosa abrió por fin sus flores; y en ellas descubrió el misionero- que acompañó con la cruz la espada del hidalgo –  los signos de la Pasión.

       Por eso llamó a la planta Pasionaria[4] y entra esas comadres que andan siempre a la vera de los fogones criollos, no faltó una que dijera que, los atributos de la Pasión ostentados por la flor, son una señal de que Dios perdonó a la joven enamorada.

 

16. LEYENDA DE LA AZUCENA DEL BOSQUE O FLOR  DE LA AMISTAD

     

     ¡ Qué lindo es penetrar en el bosque chaqueño y aspirar hondo…  muy hondo, la suave fragancia de la “flor de la amistad”  o “azucena del bosque”!

Es una flor que nace azul, como la ilusión; para tornarse  blanca como pétalos de azucena, después de vivir un día entre sus hermanas…

       Cuando la fantasía del poeta visitó las entrañas de la selva  esta primavera, el bosque acogedor  habló desde el misterio de su fronda, para revelarle sus más caros secretos.

       Los largos yuqueríes[5]  vibraron como bordonas para cantar con acentos argentinos el simbolismo de la “azucena del bosque” o “flor de la amistad”.

      Hace mucho tiempo  el Coptanoón, genio máximo que sintetiza  belleza, poder y bondad, estaba en su hábitat, el sol, contemplando la acciones de los hombres.

      Acá abajo, dos caciques reñían… en la costa de los ríos torcidos que recorren el Gualamba.

      Eran dos tribus que se habían vuelto enemigas.

      El Coptanoón  envió a sus mensajeros y las tribus fueron convocadas.

      Las tribus reunidas escucharon la voz imperativa del genio… Pero  los caciques enemistados avanzaron hasta ponerse cara con cara, corazón con corazón.

      La arenga entonces fue: primero un reto,… después una exhortación… por último una orden: debían vivir siempre en paz unidos como hermanos.

      Un abrazo sellaría para siempre este compromiso ante la ley del Noón.

      Y los caciques obedientes  se abrazaron, tan estrechamente, que no pudieron separarse más. De los dos cuerpos resultó un solo tronco, que la savia unida alimentó en verde de esperanza, mientras florecían las almas en celeste de ilusión con blanca  fragancia de auténtica y perenne amistad.

 

 


[1] María. Silvia Leoni de Rosciani, Como se escribió la historia de la ciudad. (En: Nordeste, 2ª época, Nº 9, 1998. pp.157-158)

[2] Los que eran taguató porque se  habían convertido en otros seres, los gavilanes.

[3] Los que eran Carumé y después se convirtieron en tortugas

1  Palmera

[4] Flores solitarias, axilares con las lacinias del cáliz verdes por fuera, azuladas por dentro, y figura de hierro de lanza; corola de filamentos purpurinos y blancos, formando círculo como una corona de espinas También es conocida con el nombre autóctono de MBURUCUYA.

[5] Yuqueríes: planta mimosácea, especie de zarza con fruto semejante a la zarzamora.


 [T1] agregar

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Charly Garcia

 Biografía

Carlos Alberto García Moreno nació el 23 de octubre de 1951. Es una de las figuras fundamentales de la música contemporánea argentina. Su debut discográfico se produjo en el año 1972, cuando participó del primer disco de Raúl Porchetto, titulado “Cristo Rock”.

Mientras cursaba la escuela secundaria conoció a Carlos Alberto «Nito» Mestre. Junto a él y a Carlos Piegari, Beto Rodríguez y los hermanos Belia formó Sui Generis, que, tras sufrir varias deserciones, quedó convertido en un dúo. Al estilo folk norteamericano, muy de moda en aquella época, grabaron tres discos: “Vida” (1972), “Confesiones de Invierno” (1973) y “Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones”. Por diversas razones, el dúo se separa en 1975, no sin antes organizar un recital despedida, durante el cual se registró un álbum doble, “Adiós Sui Generis”.

En 1976 graba un disco con PorSuiGieco, junto a los líderes del rock acústico: Raúl Porchetto, León Gieco, Nito Mestre y María Rosa Yorio.

La Máquina de Hacer Pájaros es el nombre de su siguiente banda, un proyecto novedoso que orilla el rock sinfónico. En su corta vida tuvo dos discos editados: “La Máquina de Hacer Pájaros” (1976) y “Películas” (1977).

Entre 1978 y 1982, García lidera Serú Girán, una de las bandas claves en el Rock Nacional. Con esta agrupación editó cinco discos: “Serú Girán” (1978), “La Grasa de las Capitales” (1979), “Bicicleta” (1980), “Peperina” (1981) y “No llores por mí, Argentina” (1982).

En ese mismo año comenzó su carrera como solista. Raúl de la Torre le encargó la banda de sonido de su película “Pubis Angelical”. Simultáneamente, grabó “Yendo de la Cama al Living”. Ayudado por la difusión que se le daba en ese momento al Rock Nacional a través de los medios de comunicación (durante la Guerra de Malvinas estaba prohibido pasar música en inglés), el disco tuvo una gran recepción en el público. Canciones antológicas surgieron de él, como por ejemplo “No bombardeen Buenos Aires”, “Inconsciente colectivo” o “Yo no quiero volverme tan loco”. Para este trabajo, la banda estaba formada por Willy Iturri en batería, Gustavo Bazterrica en guitarra, Cachorro López en bajo y Andrés Calamaro en teclados. Este material fue presentado en un imponente recital – ante 25.000 personas – en el estadio de Ferrocarril Oeste, el 26 de diciembre de 1982. En la apertura del show, Charly llegó al escenario a borde de un Cadillac rosa y, en el cierre, una lluvia de proyectiles de utilería destruyó la ciudad que formaba el decorado, mientras sonaban los últimos acordes de “No bombardeen Buenos Aires”.

En su siguiente trabajo como solista (“Clics Modernos”, 1983), se inclinó más por el pop-rock, aunque la canción contestataria encuentra un lugar en, por ejemplo, “Los dinosaurios”. Este material fue presentado los días 15, 16, 17 y 18 de diciembre en el estadio Luna Park, acompañado por Pablo Guyot (guitarra), Alfredo Toth (bajo), Willy Iturri (batería), Daniel Melingo (saxo), Fabiana Cantilo (coros) y un joven rosarino en los teclados: Fito Páez. Este disco no fue bien entendido por el público, pues incluía – por primera vez en Argentina – temas «bailables», es decir: el ritmo tomaba otra dimensión, recortando las letras, hasta entonces concepto primordial del Rock Nacional.

 

La trilogía esencial de García se completa con “Piano Bar” (1984), un álbum rockero que tiene en “Demoliendo Hoteles” y en “Raros peinados nuevos” a sus máximos logros.

En 1985 no grabó ningún disco (fue editada una recopilación, “Grandes Exitos”). Quedó trunco un proyecto con Luis Alberto Spinetta, del cual sobrevivieron algunos recitales y el tema “Rezo por vos” (incluído en dicho disco). Ese mismo año fue protagonista del Festival Rock & Pop, organizado por Daniel Grinbank, donde compartió el escenario con Nina Hagen, INXS y Los Abuelos de la Nada, entre otros, que se llevó a cabo a principios de noviembre en Velez.

Junto a Pedro Aznar – y no sin levantar cierta nostalgia – grabó “Tango” (1986). Este material fue presentado en la discoteca Paladium el 26 de marzo. Su difusión fue muy escasa, pese a que dio la impresión que el proyecto daba para más. Paralelamente, renovó su banda, entonces integrada por Richard Coleman (guitarra), Fernando Samalea (batería), la vuelta de Calamaro y Melingo. Esta agrupación se denominaba “Las Ligas”.

En 1987 llegó “Parte de la Religión”, considerado por muchos como el mejor disco del García solista. Este material fue grabado e interpretado casi en su totalidad por él, y alterna un rock fuerte con estribillos melódicos. Es, seguramente, uno de sus discos más prolijos y compactos, desde la tapa hasta el contenido de las letras. Ya para los shows en vivo, en julio, la banda que lo acompañaba era nueva: Carlos García López en guitarra, Fernando Lupano en bajo, Fernando Samalea en batería, Fabián Quintiero y Alfi Martins en teclados y nuevamente Fabiana Cantilo en los coros.

El 15 de octubre de 1988, Buenos Aires tuvo el privilegio de ser la sede del cierre de la gira de Amnesty International, que deambuló por más de 50 ciudades de todo el mundo, clamando por los Derechos Humanos. Ese día, más de 80.000 personas asistieron a la cancha de River para aplaudir a grandes músicos internacionales, como Peter Gabriel, Sting y Bruce Springsteen, acompañados por Tracy Chapman y Youssou N’Dour. Como representantes locales, León Gieco cantó su eterna “Sólo le pido a Dios” y “Hombres de Hierro”, y Charly arremetió con “Demoliendo Hoteles”, “Nos Siguen Pegando Abajo”, “Los Dinosaurios” y “La Ruta del Tentempié”.

Tras componer en 1988 la banda de sonido de la película “Lo Que Vendrá”, de Gustavo Mosquera (en la cual también interpretó a un enfermero), trabajó en su siguiente álbum solista, “Cómo Conseguir Chicas” (1989), esencialmente un trabajo de recopilación de canciones sueltas, que García, por diversos motivos, nunca había grabado.

Para poder lanzar su siguiente disco “Filosofía Barata y Zapatos de Goma” (1990), García debió sortear un juicio por “ofensa a los símbolos patrios” ya que ese LP incluía una versión del Himno Nacional Argentino, que, finalmente, terminó siendo autorizada por los Tribunales.

“Mi Buenos Aires Rock” fue el nombre del festival organizado por la Municipalidad que convoca a cien mil personas en la 9 de Julio, para presenciar a García, Spinetta, Fabiana Cantilo y La Portuaria. Si bien estaba pautado que cada artista tocara media hora, García actuó por más de dos horas y terminó con su versión del Himno Nacional en un escenario iluminado con luces celestes y blancas.

Ese disco mostró claramente la influencia de Prince en el estilo de García, influencia que se vería más notoriamente en “Tango 4”, un disco compuesto e interpretado a dúo con Pedro Aznar. La idea era grabar un álbum con Gustavo Cerati, de Soda Stereo, que se llamaría “Tango 3”. El puntapié inicial fue “No te mueras en mi casa” (incluido en “Filosofía Barata…”) y continuó con “Vampiro”, de “Tango 4”. Sin embargo, por causas que siempre evadieron comentar, el proyecto quedó en la nada.

El 22 de diciembre de 1991, como hacía casi nueve años, García reunió a 26.000 personas en Ferro para el recital Despedida del Año. En esa oportunidad, ingresó al escenario dentro de una ambulancia: era la forma que había elegido para burlarse de su internación en una clínica, a mediados de ese año. Las versiones periodísticas indicaban que Charly había ingresado con una fuerte sobredosis, hecho que quedaría confirmado con una publicitada relación amistosa con el Pastor Carlos Novelli (director del Programa de rehabilitación Andrés), que terminó en escándalo de acusaciones recíprocas.

La banda de músicos para ese segundo Ferro fue la misma que lo estuvo acompañando desde hacía un tiempo, ahora bautizada “Los Enfermeros”. Entre los invitados, estuvieron Mercedes Sosa, Fito Páez y el dúo de rappers Illya Kuryaki & The Valderramas.

En 1992, García representó al rock argentino en Les Alumées, una muestra de la cultura porteña que se realizó en Nantes, Francia. Viajaron tangueros, obras de teatro, pintores y rockeros: Charly convocó a 6.000 personas y fue recibido por el Alcalde de la ciudad. En ese mismo año se dio lo que muchos esperaban: el reencuentro con Lebón, Aznar y Moro para revivir a Serú Girán. Con una placa en estudios (“Serú ’92”), recitales en Córdoba, Rosario y dos estadios de River colmados, durante los cuales se registró otro álbum doble, el reencuentro no dio para mucho más.

1993 fue un año de silencio discográfico, pero de mucha presencia en los medios. El veraneo en Punta del Este dejó varias páginas impresas sobre escándalos que siempre lo tuvieron como protagonista. Le siguieron varias internaciones en clínicas de desintoxicación. «¿No te da miedo vivir así?», le preguntaron. «No, me gusta. Es parte de la religión. Los que tienen miedo se van antes. Lo que pasa es lo de siempre: si me tiño el pelo o si me interno, soy tapa de todos los diarios. Si me dieran la mitad de ese espacio cada vez que saco un disco, vendería millones», contestó (Clarín, 16/02/93).

Hacia octubre comenzó la gira que terminaría nuevamente en Ferro, a fines de diciembre. La banda soporte, “Los indeseables”, sufrió la deserción de Carlos García López y de Hilda Lizarazu, ambos abocados a sus proyectos individuales (la García López Band y Man Ray, respectivamente). García convocó a María Gabriela Epumer (ex-Viuda e Hijas), para cumplir ambas funciones, guitarra y coros.

En julio de 1994 se lanza su muy publicitada ópera-rock “La Hija de la Lágrima”. Como tal, este trabajo incluye muchos pasajes instrumentales y de virtuosismo. “La sal no sala” (junto a Juanse) y “Fax U” son los hits que sobresalen. En septiembre, “La Hija…” se presenta en diez funciones colmadas del Gran Rex.

En febrero del ’95 se presentó en el Festival Internacional de la Canción, en el estadio Mundialista de Mar del Plata, junto a Paralamas, Antonio Birabent y Fabiana Cantilo. Repasó algunos de sus éxitos y adelantó material de su nuevo disco “Estaba en llamas cuando me acosté” (1995), al frente de la banda ahora bautizada “Casandra Lange”. Todos los temas fueron grabados en vivo, durante la gira por los balnearios de la costa. La placa tiene solamente dos canciones propias: “15 forever”, que había quedado afuera de “Tango 4”, y “Te recuerdo invierno”, una melodía que García compuso antes de Sui Generis. Por otra parte, incluye once covers, entre ellos: “There’s a Place” y “Ticket to Ride”, de Los Beatles; “Positevely 4th Street” (Bob Dylan) y “Simpathy for the Devil”, de los Rolling Stones. “Sweet Dreams”, de Eurythmics, es el único tema que no respeta la época: «Lo que pasa es que conocí a Annie Lennox en Nueva York cuando estaba por grabarlo y me lo cantó a capella. No podía dejarlo afuera», se justificó Charly.

Aprovechando el furor de los recitales acústicos, García se presentó en el ciclo “Unplugged” de la cadena televisiva norteamericana MTV, con un show que incluyó temas de todas sus etapas y que fue puesto en el aire para toda Latinoamérica en julio y editado en CD para fines de ese mismo año. El material fue tocado en vivo en el teatro Gran Rex, a fines del ’95.

En el verano del ’99 fue la gran atracción del ciclo gratuito Buenos Aires Vivo III, organizado por el gobierno porteño en Puerto Madero. Más de 150.000 personas aclamaron a García en un show dedicado a los desaparecidos y registrado en vivo para el disco “Demasiado Ego”. Ese mismo año volvió a la polémica, al organizar un recital privado para el presidente Carlos Menem. Ese show quedó registrado en “Charly & Charly” un disco de edición limitada que no salió a la venta.

Tres años debieron pasar para que García regresara al disco, y al formato de canción en sus creaciones. “Influencia” (2002) tuvo en “Tu vicio” el corte difusión, pero el resto del material es bastante más interesante que esa melodía pegadiza pero superflua.

 

Leyendas y Mitos Regionales

 Leyendas y Mitos Mendocinos

Leyendas y Creencias Populares

La palabra leyenda se usa para significar narraciones tradicionales que no son interpretadas como ficción, sino que se suponen verdaderas. Se trata de relatos de fenómenos o hechos históricos de origen anónimo, tradicional y popular, que han sido transmitidos por vía oral, aun cuando haya existido la recopilación escrita posterior. Narran sucesos que se tienen por ocurridos alguna vez en tiempos remotos e inciertos y que explican el origen de elementos de la naturaleza (generalmente a través de una metamorfosis o transformación) y que sustentan creencias y costumbres de una determinada cultura.

El Futre
 

Al parecer, este personaje tuvo su origen en Puente del Inca, Mendoza, y de ahí, con variantes, se extendió a otros puntos de esa provincia y a San Juan.

De Puente del Inca se conocen al menos dos versiones. Según la primera, contada con lujo de detalles por el ingeniero Fidel Roig, se trataría de un inglés muy bien vestido (de allí su nombre, pues se llama “futre” en la zona de Cuyo a toda persona que viste de forma elegante) que, tras haber perdido todo su dinero en la sala de juegos de un hotel cercano a Puente del Inca, salió vestido de frac en plena noche y se perdió entre los cerros nevados. Nunca se tuvieron noticias sobre la suerte corrida por este hombre, pero comenzaron a sucederse una serie de apariciones fantasmales en las que se lo veía caminar cabizbajo, como presa de una gran pena.

La segunda versión habla de un humilde trabajador ferroviario que fue asesinado y luego decapitado por el amante de su esposa en la estación de Puente del Inca. Algunos aseguran que vaga por la noche cargando su propia cabeza en una mano y un hacha en la otra, amenazando de muerte a quien se cruza con él, mientras que otros aseguran que se trata de un espectro inofensivo.

En ambas versiones hay ocasiones en que el Futre aparece a caballo.

El Cóndor

El cóndor no siempre usó la golilla que lleva tan elegantemente en el cuello. Se acostumbró a su uso después de haber sido derrotado, luego de una vergonzosa lucha contra un diminuto rival.
Cuenta la leyenda que don Cóndor había bajado al valle en ocasión de unas “chinganas” que se celebraban con motivo de Semana Santa. En uno de los tantos bodegones instalados cerca de una plaza, conoció a un compadrito charlatán y pendenciero, muy famoso en el pago por su apodo de “Chusclín”. Se trataba nada menos que de un vulgar chingolo.
Luego de una entretenida charla, en la que don Cóndor y Chusclín alardeaban de pendencieras hazañas y famosas “chupaderas” (en Cuyo “chupar” significa beber vino), como fin de la conversación, formularon entre sí una singular apuesta. Se desafiaron a beber vino: el que “chupara” más sin “curarse” (embriagarse), ganaría la apuesta y el perdedor pagaría el vino consumido y la “vuelta ” para todos.
Tanto don Cóndor como Chusclín empinaron sus respectivas damajuanas y así se inició la puja. Don Cóndor de buena fe trataba de agotar el líquido “de una sentada”, sin reparar que Chusclín arrojaba al suelo cada sorbo que bebía sin que su rival lo notara. Como don Cóndor no estaba tan acostumbrado al vino como Chusclín, pronto empezó a sentir dolor de cabeza y para atenuarlo se ató un pañuelo, a modo de vincha. Al advertir el juego de su contrincante, lo increpó y se le fue encima. Chusclín, veterano peleador, lo esperó sereno y confiado. Poco duró la pelea porque el chingolo con un certero golpe hizo sangrar la nariz de su antagonista, quien sólo atinó a defenderse. En el entrevero, el pañuelo que don Cóndor tenía atado a la cabeza se le cayó y desde entonces allí lo lleva.

El Zonda

En la región del noroeste argentino es conocida esta vieja leyenda, cuyo protagonista es Gilanco, un indio altivo y dominante, caudillo de su tribu y temido por su gran valor. Era considerado el mejor cazador y por ello despertó varias veces las iras de Llastay y de la Pachamama, quienes le recriminaron la matanza despiadada de aves y guanacos.
Cierto día la Pachamama le anunció el castigo. Para que escarmentara, envió al zonda, un viento cálido y seco, que incendió los campos y dejó yermas las tierras entonces fértiles.
A causa de la soberbia de Gilanco, dicen las consejas, el zonda arruina las tierras del Calchaquí, se cuela por entre las piedras de la pirca y las quinchas de los ranchos. Los nativos le temen y se santiguan creyendo que es el alma del cacique condenado a vagar en forma de viento. Así su espíritu llega a contarles su castigo e implorar perdón por sus pecados.

La Difunta Correa

En el transcurso del año 1835, un criollo de apellido Bustos fue reclutado en una leva para las montoneras de Facundo Quiroga y llevado por la fuerza a La Rioja. Su mujer, María Antonia Deolinda Correa, desesperada porque su esposo iba enfermo, tomó a su hijo y siguió las huellas de la montonera.
Cuenta la leyenda que luego de mucho andar y cuando estaba ya al borde de sus fuerzas, sedienta y agotada, se dejó caer en la cima de un pequeño cerro. Unos arrieros que pasaron luego por la zona, al ver animales de carroña que por allí revoloteaban, se acercaron al lugar y encontraron a la madre muerta y al niño aún con vida, amamantándose de sus pechos. Recogieron al pequeño y dieron sepultura a la madre en las proximidades del cementerio Vallecito, en la cuesta de la sierra Pie de Palo. Al conocerse la historia, comenzó la peregrinación de lugareños hasta la tumba de la “difunta Correa”. Con el tiempo se levantó un oratorio en el que la gente acercaba ofrendas, práctica que continúa hasta nuestros días. 
La bella laguna de Malargüe ha sido una inagotable fuente de inspiración para la imaginación popular de la zona. Se aconseja visitar el lugar conociendo o narrando estas historias que le darán un toque misterioso e inolvidable al paseo.
Una leyenda puelche dice que había una hermosísima princesa india llamada Elcha (en lengua aborigen significa Espejo), reconocida en su tribu por su belleza. Esa tribu estaba enfrentada a otra por la cual la bruja tenía simpatía.
Elcha había crecido con un compañero que no era de la nobleza pero a medida que pasaba el tiempo nació entre ellos un sólido amor. Enterada de ello, la bruja de la tribu convenció al padre de detener la actitud de enfrentamiento entre las tribus mediante el casamiento de los príncipes.
    La princesa Elcha fue informada la noche anterior Desesperada se lo comunicó a su amado y escaparon velozmente hacia el norte. Minutos más tarde enterados de la huida, ambas tribus partieron en persecución al mando de la bruja.
    En un momento los jóvenes entendieron que habían extraviado el camino y siguieron hasta que los detuvo un abrupto corte de la superficie que terminaba en la laguna. Miraron hacia atrás y la luz de los relámpagos iluminó a sus perseguidores, que estaban muy cerca. Elcha y el joven no lo pensaron y decidieron arrojarse al agua. La primera en llegar y asomarse a la laguna fue la bruja, en el instante en que lo hizo, un poderoso rayo se descargo sobre ella dejándola petrificada. El resto de los perseguidores también se acercaron temerosos y vieron reflejada en la superficie, cual espejo la imagen de Elcha. Desde entonces hasta hoy, tanto la bruja petrificada como la imagen de Elcha se pueden distinguir y es por eso que los lugareños bautizaron así la laguna.
    Existe otra versión de la leyenda. Trata de dos tribus cuyos caciques eran enemigos. La hija de uno de los jefes se enamoró de un indio de la otra tribu, por lo que ambos fueron separados. Al ver su amor frustrado, la india lloraba desconsoladamente en la laguna hasta que se convirtió en piedra.

    También se cuenta otra historia relacionada con sirenas. Dicen que al aproximarse a la laguna se oía el canto de mujeres rubias que estaban encantadas. Ellas eran mitad mujer, mitad pez. Estas sirenas, al escuchar los más leves sonidos de personas, se arrojaban al agua y desaparecían. Pero a una de estas criaturas, muy linda y orgullosa, Dios la castigó convirtiéndola en piedra, a orilla de la laguna.
    Además, hay una narración de origen criollo. Se solía contar que a este espejo de agua se lo denominaba “Laguna de las siete apuestas” ya que un chileno pícaro y jugador vendió su alma al diablo, por siete bolsitas con pepitas de oro. El pacto debía efectuarse de noche, a orillas de la laguna, por lo que reunidos allí el diablo y el chileno, convinieron realizar siete apuestas. Las seis primeras las ganó el chileno, porque así lo quiso el diablo. Pero la séptima, en la que se jugaba el alma, el cuerpo y el oro, el chileno astuto hizo que el demonio se distrajera y mientras miraba el agua de la laguna, extrajo una daga. Invocando el nombre de Jesús le enseño la cruz de la empuñadura y como por encanto, el diablo desapareció. El sagaz hombre se quedó con todo 

La Flor del Ceibo

Anahí era la india más fea de la tribu guaraní, pero su voz tenía la más bella de las sonoridades. Su humilde choza estaba a orillas del inquieto Paraná. Habiendo caído prisionera en una de las frecuentes incursiones de sus indios, fue condenada una noche a morir en la hoguera, por haber dado muerte al centinela que la vigilaba. 
La horrible sentencia se cumplió y cuando las llamas habían comenzado a quemar su cuerpo, algo extraño se notó en él. Los verdugos huyeron espantados, pues la delicada figura y el árbol al que había sido atada se agitaban como nunca antes habían visto. A la mañana siguiente, los indios no hallaron rastro alguno de la muchacha en la hoguera; sin embargo, notaron que en el lugar se erguía un inmenso árbol de flores purpurinas. Habían nacido el ceibo y su flor, que encarnaba a la india y a su tribu. Es la flor triste y solitaria de la veneración –ha dicho alguien– y en su forma viva palpita una oculta ternura. El alma de Anahí, la reina fea de la dulce voz, anida en la flor del ceibo. 

La Luz Mala 

Algunos investigadores del folklore nos hablan de fuegos fatuos a los que el indígena consideraba manifestaciones de ultratumba. Lo cierto es que cuando en el camino aparece uno de estos fuegos, el sendero deja de ser transitado por largo tiempo. Los criollos por lo general, los llaman luz mala. Son reales y obedecen a varios fenómenos naturales: pueden ser emanaciones de metano, comunes en terrenos pantanosos como la región de la Provincia de Buenos Aires, cerca de la Bahía de Samborombón. Otras veces son producidos por gases de la descomposición de sustancias orgánicas, sobre todo grasas, enterradas muy cerca de la superficie e incluso por la fosforescencia de las sales de calcio de esqueletos de animales esparcidos en el campo, comúnmente llamados osamentas. En los dos primeros casos, la luminosidad es tenue e intermitente, oscilando o trasladándose de un punto a otro, impulsada por la más leve brisa. En el último caso, concurren varios factores, como el agotamiento visual, el miedo, la falta de puntos de referencia en la oscuridad y la imaginación, que hacen que el observador la vea moverse. Estos desplazamientos, virtuales o reales, hacen que la "luz mala" sea atribuida a "almas en pena", que por ese medio manifiestan su deseo de vincularse a un ser vivo que les sirva de compañía. Según la tradición, tales almas vagan errantes porque sus pecados no les permiten entrar al cielo (aunque tampoco son tan graves como para merecer el infierno). Según la creencia, buscan esa compañía hasta que algún familiar realiza algún acto que las redime. 

La Leyenda del Ñandú 

Hace muchos, muchísimos años, habitaba en tierras mendocinas una tribu de indígenas muy buenos, hospitalarios y trabajadores. Vivían en paz hasta que un buen día se enteraron de que del otro lado de la cordillera y desde el norte de la región se les acercaban aborígenes guerreros muy bravíos. 
Pronto los invasores los rodearon y entonces los nativos decidieron pedir ayuda a un pueblo amigo que vivía en el este. Sin embargo, para llevar la noticia era necesario pasar a través del cerco de los enemigos y nadie se animaba a hacerlo. 
Finalmente un muchacho de veinte años, fuerte y ágil, que se había casado con una joven de su tribu hacía apenas un mes, se presentó ante su jefe, resuelto a todo. Se ofreció a intentar la aventura y después de recibir una cariñosa despedida de los suyos, partió muy de madrugada en compañía de su esposa. Marchando con el incansable trotecito indígena, marido y mujer no encontraron sino hasta el segundo día, las avanzadas enemigas. Sin separarse ni por un momento y confiados en sus ágiles piernas, corrieron, saltaron, evitaron los lazos y boleadoras que los invasores les lanzaban. Perseguidos cada vez más de cerca por los feroces guerreros, continuaron la carrera, hacia el naciente. Y cuando parecía que ya iban a ser atrapados, comenzaron a sentirse más livianos; de pronto se transformaron. Las piernas se hicieron más delgadas, los brazos se convirtieron en alas, el cuerpo se les cubrió de plumas. Los rasgos humanos de los dos jóvenes desaparecieron para dar lugar a las esbeltas formas de dos aves de gran tamaño: quedaron convertidos en lo que, con el tiempo, se llamó ñandú. 
A toda velocidad, dejando muy atrás a sus perseguidores, llegaron a la tribu de sus aliados. Éstos, alertados, tomaron sus armas y se pusieron en marcha rápidamente. Así sorprendieron a los invasores y los obligaron a regresar a sus tierras. 
De este modo cuenta la leyenda que fue como apareció el ñandú sobre la tierra. 


La Pacha Mama 




Para los quechuas es la Madre Tierra, deidad máxima de los cerreros peruanos, bolivianos, y del Noroeste Argentino. Pacha es universo, mundo, tiempo, lugar, mientras que Mama es madre. Se trata de una divinidad femenina que produce, que engendra. Su morada está en el Cerro Blanco (o Cerro Nevado de Cachi) y se cuenta que en la cumbre existe un lago que rodea a una isla habitada por un toro de astas doradas que al bramar emite por la boca nubes de tormenta. 
En la región del NOA, su fiesta se celebra el 1º de agosto. Ese día los pobladores que participan del ritual entierran cerca de sus viviendas una olla de barro con comida cocida. También colocan coca, alcohol, vino, cigarros y chicha para "carar" (alimentar) a la diosa. Ese mismo día –sostienen sus fieles – hay que ponerse unos cordones de hilo blanco y negro confeccionados con lana de llama, hilada hacia la izquierda. Tales cordeles se atan en cuello, tobillos y muñecas para evitar el castigo de la Pacha Mama. 


Los Ríos Pilcomayo y Bermejo 

Cuenta la leyenda que, una vez que terminó la creación, Tupá (Dios) confió a Guarán la administración del Gran Chaco, que se extendía más allá de la selva. Y Guarán comenzó la tarea. Cuidó de la fauna y de la flora, de la tierra, de los ríos y de los montes. Y también gobernó sabiamente a su pueblo, logrando una verdadera civilización. Guarán tuvo dos hijos: Tuvichavé, el mayor, que era impetuoso, nervioso y decidido, y Michivevá, el menor, más reposado, tranquilo y pacífico. 
Antes de morir Guarán entregó a sus vástagos el manejo de los asuntos del Gran Chaco. Fue entones cuando comenzaron las peleas entre los dos hermanos, ya que ambos tenían opiniones diferentes respecto de cómo administrar los bienes de la región. 
Un día se les apareció el genio del mal, Añá, quien les aconsejó que compitieran entre sí para resolver las cuestiones que los enfrentaban. Tuvichavé y Michivevá, cegados por sus diferencias, decidieron hacerle caso. Subieron a los cerros que lindaban con el Gran Chaco, y, para disputar su hegemonía sobre la región, acordaron realizar diversas pruebas de destreza, resistencia y habilidad, especialmente en el manejo de las flechas. 
En una de esas tentativas, Michivevá lanzó una flecha contra un árbol que servía de blanco. Pero Añá hizo de las suyas: la desvió, y logró que la saeta penetrara exactamente en el corazón de Tuvichavé. Al instante la sangre brotó a borbotones y comenzó a bajar por los cerros, llegó hasta el Chaco, se internó en su territorio y formó un río de color rojo: el "I–phytá" (Bermejo). 
Al darse cuenta de lo que había hecho como consecuencia de ese inútil enfrentamiento, Michivevá comenzó a deshacerse en lágrimas. Y lloró tanto, que sus lágrimas corrieron tras el río de sangre de su hermano. Así se formó el Pilcomayo, siempre a la par del Bermejo. 
Y el Gran Chaco quedó sin jefe. Pero siguió prosperando bajo el cuidado de la naturaleza; enmarañado, impenetrable, surcado por el río de aguas rojas, nacido de la sangre del corazón de Tuvichavé. 

Puente del Inca 

Cuenta la leyenda que hace muchísimos años, el heredero del trono del imperio inca se debatía entre la vida y la muerte, siendo víctima de una extraña y misteriosa enfermedad. Las plegarias, rezos y recursos de los hechiceros nada lograban y se desesperaban por no poder devolverle la salud. El pueblo amaba intensa y entrañablemente a su príncipe, invocaba a sus dioses y realizaba sacrificios en su honor. Fueron convocados los más grandes sabios del reino, quienes afirmaron que sólo podría sanarlo el maravilloso poder del agua de una vertiente, ubicada en una lejana comarca. 



Los habitantes partieron en numerosa caravana, vencieron infinidad de dificultades, marcharon durante meses en que veían agotadas sus fuerzas, y un día se detuvieron ante una profunda quebrada, en cuyo fondo corrían las aguas de un río tempestuoso. En el lado opuesto, estaba el codiciado manantial, pero... ¿cómo hacer para llegar a ese inaccesible lugar? 
Meditaron durante mucho tiempo, tratando de buscar una forma de arribar hasta las milagrosas aguas, pero todo fue en vano. Cuando ya la desesperación los dominaba, aconteció un hecho extraordinario: de pronto se oscureció el cielo, tembló el piso granítico y vieron caer, desde las altas cimas, enormes moles de piedra que producían un estrépito aterrador. 
Pasado el estruendo y más calmados los ánimos, los indígenas divisaron asombrados, un puente que les permitía llegar sin dificultades hasta la fuente maravillosa. Transportaron hacia ella al príncipe, quien bebió de sus aguas y muy pronto recuperó la salud. 
La omnipotencia del dios Inti, el sol, y de Mama–Quilla, la luna, habían realizado el milagro. 
Así surgió, según la leyenda, ese arco monumental de piedra que recibió el nombre de Puente del Inca, que se levanta custodiado por el Aconcagua, rodeado por la imponente belleza de los Andes. 

Fuente: http://www.argentina.gov.ar/argentina/portal/paginas.dhtml?pagina=224

La Cortina de Humo

LA CORTINA DE HUMO

Hoy les traigo el comentario de un peliculon, un film algo viejito (1997), pero muy muy bueno.

Dirigido por Barri Levinson (Buenos días Vietnam y Rain Man) y protagonizado por Dustin Hoffman (Rain man) y Robert De Niro (Hombres de Honor).

Sintesis de la película:

Una de las mejores películas sobre política y sobre la influencia que ejercen los medios de comunicación en la gente.

Muestra como la TV es utilizada para tapar acciones del gobierno y distraer a la población de los verdaderos temas importantes.

Algo que ocurre muy a menudo en nuestra sociedad. El tema se centra en la creación de una pelicula.

Un agente del gobierno (De Niro) contacta a un director de cine muy egocentrico (Hofman) para crear una ficticia noticia, sobre un soldado que muere heroicamente en Afganistan. Además se realiza todo un acto de teatro en las calles, se hacen festejos en honor del caido, se cuelgan borceguies de los árboles, se colocan carteles. En los medios circula la “peli-noticia” creada por estos dos socios, las noticias de último momento sobre el frente de batalla en Afganistan, y primeras páginas en los diarios más importantes hablan sobre la violenta guerra en medio oriente. Por supuesto que nada, o casi nada, de eso es cierto. La noticia es creada en un cuarto de 2 x 2 con efectos especiales, algo de maquillaje y actores desconocidos, la guerra se produce en un estudio de filmacion.

Y todo éste escenario, montados para que la gente concentre su atención en la historia del soldado y no escuche la verdad. Y es que el presidente de EEUU, es acusado de abuso sexual de una menor.
Cuando el film fue estrenado, muchos criticos observaron el parecido de la trama con la historia real de Clinton, La coincidencia de los bombardeos de Sudán y Afganistán con la declaración de Monica Lewinsky.

Además, de su humor acido, tiene un muy buen libreto y dos actores geniales como Dustin Hofman y Robert De Niro. Merece ser vista mas de una vez.